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Yellowknife Canadá

Author: Cassandra Hart

Una reunión se llevaba a cabo entre los ancianos del pueblo y el alcalde, justo antes de la llegada de Elena a la ciudad.

—Es ella, ya viene. Nuestra esperanza de paz.

— ¿Está seguro?

—Jenkins, no se atreva a cuestionar lo que sé. Ella está por llegar a la ciudad. La casa a dejado de estar activa….de parecer viva. Y si no me equivoco llegará a pedir información. En ese momento le llamaré para confirmar que no es una persona que llega por casualidad. Mantenga todo en orden pero dificúltele las cosas. Atrase la llegada de trabajadores para arreglar las cosas.

— ¿Cómo sabe que necesita arreglos?

—Toda casa vieja los necesita. No podemos entrar pero desde fuera es obvio el deterioro. Sé que está sin electricidad.

—Comprendo.

—Si la casa la deja entrar, si ella sobrevive a la primera noche entonces es ella.

—Deberíamos interrogarla.

—Jenkins, cada uno de sus comentarios me deja claro que ocupa este cargo no por su intelecto sino porque le puse en el.

Los presentes en aquella sala rieron con disimulo. Jenkins estaba apenado.

— ¿Señor?—dijo con voz estrangulada—

— ¡No sea idiota! Hay que asegurarse de que no sabe nada. Si ella es simplemente la reencarnación de ya sabemos quién y no lo sabe podemos crear caos. Si no lo sabe vivirá ahí sin saber sobre ellos, sin traerles de vuelta.

Ajena a todo lo que se tejía a su alrededor, Elena se sorprendió cuando al salir del avión fue llevada por una entrada privada, ahorrándole horas de fila.

Asumió que era parte de ese poder que tenía. Similar a que asumieran que había pagado. Tampoco fue consciente de la comunicación vía radio de los de aduanas con los ancianos.

Cuando salió de la terminal alquiló un auto y mapa en mano se aventuró a conocer la ciudad. La autopista Mackenzie conectaba algunos pueblos, pero sin saber por qué, no se detuvo. La bruma cubría el lago Jackfish, en el aeropuerto le habían dicho que ofrecía una vista magnífica y era cierto, pues de pronto el paisaje melancólico comenzó a mostrarse en todo su esplendor, ante ella aparecieron unas imponentes montañas rocosas que lo rodeaban casi por completo.

Luego pasó junto a una especie de planta eléctrica, poco después encontró una desviación hacia la izquierda que llevaba a Villa Aurora, el corazón de Elena latía desbocado, ese era el nombre de su mamá: ¡¡la primera señal!! Unos minutos después la vio, aquella casa en particular llamó su atención. Se asentaba sobre una pequeña colina con rocas en su base, parecía estar oculta para todos más no para ella, era como un sueño hecho realidad, una mezcla de madera y ladrillos, en color gris.

Estaba en bastantes ruinas, vidrios rotos, trozos de madera que faltaban, la casa realmente había sido vandalizada pero la amaba, sentía una conexión con ella. Cerca no se veían otras construcciones, lo que le sumaba más puntos. Notó en la puerta un rótulo de "SE VENDE", algo maltrecho, probablemente lo habían puesto ahí mucho tiempo atrás. Aunque lucía abandonada y lúgubre, su fachada estaba bastante entera, todo en ella era extraño.

Se acercó a la puerta pues quizás había alguien adentro, algún cuidador tal vez. Tocó varias veces pero nadie contestó. Aumentando ese nuevo espíritu aventurero fue a caminar un poco. En el jardín trasero encontró colgando en un inmenso sauce, tanto o más antiguo que aquella casa, una vieja hamaca.

¡Era el árbol que aparecía en sus sueños!, pero ¿cómo era eso posible? ¿Sería esa la segunda señal de Charles?

La brisa movía cada hoja seca, formando pequeños remolinos que parecían danzar por todo el lugar. El jardín estaba bastante abandonado, las plantas completamente secas.

Caminó un poco más hasta que llegó a un pequeño riachuelo, las ramas que con los años lo habían cubierto, ocultaban su belleza, pero aún corría el agua por su cauce.

La propiedad le gustaba muchísimo y estaba convencida de que con unos días de trabajo lograría restaurarla por completo. Resignada ante la ausencia de un encargado, decidió ir a visitar al alcalde para indagar un poco sobre aquella casa, así como averiguar su precio. Mientras ponía en orden sus pensamientos observó que a su lado se detenía un todoterreno, el conductor lucía como un hombre mayor pero le inspiraba bastante miedo…pánico.

Y la persona que se bajó del auto para abrirle la puerta al hombre, hizo una especie de reverencia en obvio respeto y aquello confirmó que ese sujeto era alguien de poder. No iba de acompañante sino que conducía él mismo…podía ser un obseso del control o un tipo de los que no confía en nadie más que en sí mismo.

Elena tomó su celular y simuló estar revisando sus emails, mientras le miraba de reojo. El sujeto se acercó al portón de la casa y miró todo con detenimiento. Inhaló bastante aire y sonrió satisfecho. Lo que Elena no sabía era que aquel sujeto era el mismo que se había reunido con el alcalde durante su arribo a la ciudad. El hombre se llamaba Bruce y era el fundador de la ciudad. Era un vampiro y aunque a sus 200 años era fuerte, mucho para ser un bebé en términos inmortales hasta él sabía que no podía atacar de frente a Charles y su familia.

Podía manejar al estúpido del alcalde y lograr que controlara a Charles y familia si ellos regresaban pues como él, trataban de vivir como humanos. Jenkins sabía que Bruce era un ser poderoso y le temía. Sabía que había criaturas sobrenaturales y se mantenía calmo. Su único objetivo era que Bruce los transformara tanto a él como a Margaret su esposa, cosa que nunca sucedería. Para Bruce, Elena era importante. Los seres inmortales sabían de la forma en que Charles la había cuidado y protegido. Solo que erróneamente creían que era debido a la pérdida de su gran amor veinticinco años atrás. Pensaban que Elena era un alma del que se había vuelto a enamorar pues desde que la cuidaba, los asesinatos de humanos por parte de Charles se habían detenido.

Bruce no atacaba directamente a Charles, no si quería la cabeza en su cabeza, tocar a Charles y a los suyos era meterse con los hermanos del Inframundo, nadie ni siquiera él se animaba a recibir una visita de Antón.

Mientras desde el auto observaba al sujeto, Elena pensó que vivir ahí no era quizás la mejor idea, entonces Charles estuvo de nuevo en su mente. Daba la sensación de que observaba a través de sus ojos y era una sensación rara.

† No dejaré que te dañe de ninguna forma. Esa criatura es inofensiva, solo actúa como si tuviera poder pero descuida, es solo eso. —le dijo con tal calma que Elena le creyó.

Aun así no podía evitar sentir pánico, especialmente porque lo había llamado criatura. Eso quería decir que era como los monstruos de sus pesadillas. Elena escuchaba su corazón como si este estuviese en sus oídos, era difícil de evitar.

† Tranquila Elena, confía en mí.

† De acuerdo.

Los sujetos se fueron sin prestarle atención y ella empezó a conducir hacia el pueblo. Trataría de averiguar quiénes eran. Mientras se alejaba observó más autos llegar a la casa pero esa vez vio personas con cámaras de fotos.

Raro, muy raro.

Pasó junto al monumento Bristol e incluso por un viejo aeropuerto, aquella zona tenía su magia, eso había que reconocerlo. Una vez en el centro de la ciudad decidió dejar el auto cerca del supermercado y caminar, la gente la miraba con recelo, "¡qué personas tan extrañas!", pensó Elena. Sin darse cuenta se vio atrapada por una pequeña multitud que se aglomeraba en la acera para observar una caravana de al menos veinticinco vehículos que avanzaban lentamente.Parecía como si estuviesen vigilando. Buscando y encabezando dicha situación estaba el hombre de la casa.  ¿Lo más aterrador? Encontró la mirada de Elena entre la multitud y le sonrió con complicidad. A los demás también los rodeaba cierto halo de misterio, infundían temor.

Todos aquellos que observaban la caravana murmuraban pero su misión era otra. Continuó su búsqueda, era prioritario encontrar al alcalde para manifestarle su interés por la casa. Una vez allí, fue sometida a una inmensa tortura, la oficina era bastante lúgubre, las paredes en tonos amarillos, algunos muebles de color café y las cortinas se encontraban cerradas, eso sin olvidar el olor a naftalina que la hacía sentir deprimida y mareada.

También pudo darse cuenta de que era bastante anticuada, tenía una vieja máquina de escribir y cientos de libros, ni rastros de una computadora. La secretaria quien no medía más de 1.55 m, usaba su cabello recogido en un moño y tenía unos inmensos anteojos. Caminaba dando diminutos pasos, al principio le inspiró cierta lástima, pues quizás estaba enferma, pero luego notó que todo era culpa de sus microscópicos zapatos, probablemente una o dos tallas menos que la suya, pues a simple vista se veía el esfuerzo que necesitaba hacer para mantener sus pies dentro de ellos.

Al darse cuenta de su excesivo interés por su vestimenta, se aclaró la garganta y luego le indicó que el alcalde estaría con ella en pocos minutos. Ya cuando la estaba atendiendo, le comentó sus intenciones. No entendía por qué aquel hombrecillo parecía feliz, pero sobre todo aliviado. Antes de hablar con ella recibió una llamada, atendió sin siquiera disculparse ante tal interrupción. Mantenía la cabeza baja y solo escuchaba. De pronto levantó la vista hacia ella y en sus ojos vio auténtica sorpresa.

Elena solo alcanzó a escuchar parte de la conversación pues quien llamaba hablaba muy fuerte.

Es ella, déjala vivir ahí sin cobrarle, la necesitamos.

Elena se movió incómoda y el alcalde terminó la llamada, luego siguió charlando como si nada.

—Mire..., ¿señorita?

—Smalls, Elena Smalls.

—Bien Elena, tal vez esta casa esperaba por usted, nunca se sabe. Puede quedarse el tiempo que desee y si al final le gusta puede comprarla. Es una estructura estilo victoriano, que data del periodo 1840—1900, de madera, se encuentra bien conservada a pesar de estar deshabitada desde hace más de veinticinco años, pero se le ha dado mantenimiento.

—Le han dado mantenimiento pero los jardines están resecos y las ramas cubren el rio.

—Bueno, quizás no tanto mantenimiento…claro que lleva algún tiempo sin limpiarse, casi seis meses, nadie dura ahí dentro más de un minuto o dos. Tiene una cocina amplia, un comedor cuyos muebles son tanto o más antiguos que el inmueble en sí.

— ¿Deshabitada hace más de veinticinco años? ¿Nadie se queda ahí dentro más de dos minutos?

Elena sentía que estaba rayando en la histeria lo que fue obvio para el alcalde, quien observó alrededor como buscando agua para darle, pero como no tenía, le sirvió café.

No está de más decir que el percolador estaba sucio y con algo ligeramente verdoso. Parecía que la última vez que lavaron el recipiente fue en el año que construyeron la casa. Y por supuesto, no bebió ni una gota.

—Alrededor de la casa giran historias fantasmales y tonterías así, es algo casi folclórico. Usted sabe que en cada lugar es común que la gente le tema a algo, pero no son más que absurdas ficciones.

—Algo ha de haberle sucedido a las personas, tanto tiempo sin habitarla y ese terror que los envuelve no es tan solo por leyendas, ¿verdad? Y ha sido bastante vandalizada, espero que el interior no esté tan mal.

La cara del alcalde era como para reírse, la miraba con una mezcla de sospecha ante su clara percepción de lo que sucedía y terror a que dejase de comprar la casa. Si tan solo supiese lo que vivía en sueños estaría más tranquilo, incluso escogería con calma sus palabras.

—Mire Elena, la mente humana es capaz de engañarnos, si entran con miedo a la casa dé por hecho que van a asustarse.

"¿Lo decía para ella o tal vez solo intentaba convencerse de sus propias palabras?", — pensaba Elena—

—Bien, eso es lo de menos, la casa me dio solo buenas impresiones, nada misterioso o fantasmal.

—Ahí lo tiene, usted no tiene prejuicios contra la casa, la mayor parte del pueblo creció con las leyendas del lugar.

—Intentaré pasar por alto el alivio que le brindan mis palabras, no quisiera pensar que me está mintiendo.

—Eso jamás, Elena.

—Sabe, aparentemente no soy la primera en llegar.

—No la entiendo.

—Cuando me disponía a venir a buscarlo observé dos cosas, un hombre que inspeccionaba todo y que además encabezaba el desfile de autos de hace un rato, también algunas personas con cámaras de fotos. Todos ellos frente a la casa.

— ¿Las personas viajaban en un jeep?

—Sí, pero... ¿Cómo lo supo?

—Son turistas, vinieron preguntando por la casa, ese lugar le ha dado a nuestra ciudad un aire más pintoresco, al escuchar sobre ella los visitantes no pueden evitar ir hasta allá.

—Interesante..., bueno gracias por todo.

El viaje de regreso estuvo tranquilo, al llegar descubrió que aquellos turistas se habían marchado, podría conocer su nuevo hogar con calma. Cualquiera diría que comprar un lugar tan antiguo y abandonado desde hacía tantos años era una locura, pero debía hacerlo, no tenía muchas opciones. El alcalde era un personaje curioso. Había evitado deliberadamente responder sobre el hombre misterioso al que Charles llamaba criatura. En cuanto a la casa miedo no sentía, esos fantasmas locales jamás la asustarían tanto como los demonios de sus sueños.

Para muchos podía parecer que estaba loca, cosa que ella misma sentía a veces pues creía que de verdad podría estar embrujada, pero después de tantas pesadillas y encuentros con criaturas demoníacas, aquellos posibles fantasmas no podían molestarla. El “problema” de lidiar con entes demoniacos era que nada le daba tanto miedo. Podían aparecerle mil tipos de fantasmas que nada podía sucederle.

Un portón bastante herrumbrado daba acceso a una explanada en la que podría estacionar el automóvil. Como nota mental tendría que pedir que lo arreglasen pues abrirlo fue un trabajo colosal, luego subió seis escalones de cemento y caminó unos veinte metros para detenerse frente a su nuevo hogar. La luz del sol estaba cada vez más cerca del horizonte, en el cielo abundaban los tonos naranja, acompañados de una suave pero helada brisa. ¡Estaba anocheciendo! Un ruido aterrador sacudió todo el lugar, la ventana del ático se abría y cerraba al compás del viento, azotándose una y otra vez.


Las sombras la envolvían arrastrándola inevitablemente hasta su interior. Avanzó tan solo un par de pasos cuando escuchó un crujido, su corazón iba a mil kilómetros por hora. Rápidamente se colocó contra la pared, quizás su invitado abandonaría la casa pronto. Extendió los brazos, tratando de protegerse y entonces vio a su huésped: una pequeña gatita blanca con manchas negras. La pobre se veía más asustada que Elena. Olvidando el momento terrorífico tomó en brazos a aquella diminuta mota peluda.

— ¿Estás sola, amiguita? Sabes, también yo, por lo que no me caería mal una compañera de casa. Pero he de ponerte un nombre, Hummm déjame ver... quizás... April.

La pequeña gatita parecía sentirse a gusto en sus brazos, nunca había tenido mascotas, por lo que la idea la emocionaba. La puso en el piso y continuó su recorrido. Para lograr limpiar aquella casa debía armarse con paciencia y tal vez buscar algo de ayuda. Las telarañas lo invadían todo, los muebles estaban cubiertos con sábanas blancas, pero eso no había evitado que fuesen presas del tiempo. ¿Seis meses? ¡¡Ese viejo truculento le había mentido!!

A pesar de eso la casa la tenía fascinada, ya se las arreglaría después con él, quizás lograría reducir el precio original. Siguió analizando todo con ojos críticos, la madera se veía en buen estado, al menos en su mayoría la casa no parecía muy dañada.

Pocos minutos después, el lugar se encontró sumido en la penumbra, los interruptores no trabajaban, otra sorpresa esperable. Aquel hombrecillo le había mentido una vez más. Encontró una lámpara de canfín, ¡genial!, recorrería la casa del terror con aquella farola. Mientras subía al segundo piso, pudo ver una hermosa colección de arte —cuadros y algunas esculturas— Aunque el autor resultaba desconocido, su obra le parecía impecable y cautivadora. Los hermosos paisajes de la campiña inglesa la  entretuvieron en su recorrido.

Pudo contar dos habitaciones en cada lado y la principal al final del pasillo. Se sentía cansada como para seguir caminando, por lo que decidió acostarse a dormir. Con sumo cuidado movió las sábanas esperando ver algún animal, pero nada, estaba bastante limpia si se consideraba el tiempo que tenía la casa sin limpiarse.

La voz de su amigo estaba ahí.

† Puedo ayudar. No a arreglar las luces porque sería sospechoso en especial si algún vecino decide visitarte. Pero siempre sentirás calor aunque no tenga calefacción. Además considérame tu servicio de limpieza, por ahora descansa y al levantarte encontrarás todo limpio.

† Gracias.

† Hay gente que te está probando. Esperan que con tú llegada Charles y los suyos no aparezcan. No te diré quienes porque no se me es permitido pero te tratarán bien para que te quedes. Por eso no puedo hacer cosas demasiado evidentes.

† Entiendo.

† Por cierto, no hay plagas de ningún tipo. Duerme tranquila.

Esa noche tuvo otro sueño, estaba junto a Charles en la hamaca, esa vez parecía aliviado.

—Bien, al fin estás segura, por lo visto tus instintos funcionan a mi favor, ahora puedo estar tranquilo, descuida que pronto te buscaré.

— ¿Puedo preguntarte algo?

—Claro Elena.

—Cuando fui hospitalizaba mi collar no estaba conmigo o eso creo. Pero después de que la bruja me ayudara a sanar, lo tenía conmigo ¿Lo tomaste tú?

—Sí, los humanos no se sienten atraídos hacia él pero si lo tocan sentirán su energía, como si se electrocutaran. Para evitar sospechas lo tomé el día del accidente. Si lo hubieses llevado puesto las drogas que usaron contigo, no hubiesen surtido efecto y te hubiese encontrado más rápido, por eso me disculpo. Ahora descansa.

Se despertó de ese sueño sintiéndose bastante agitada y curiosa. ¿Su amigo habría ayudado con la casa? Nada más mirar su habitación quedó asombrada. Incluso estaba llena de muebles modernos, su cama la que había sido antigua al acostarse era distinta. Era como si un decorador hubiese gastado cientos de miles de dólares. El baño tenía una tina inmensa, una ducha moderna.

Conforme avanzaba miraba maravillada como todo era distinto.

† ¿Te gustó mi regalo?

† ¿Qué si me gustó? Es asombroso.

† Tus alacenas están repletas he puesto hasta una cocina de gas. Charles cree que Agnes, la bruja que te ayudó a sanar después de que te sacaran del hospital fue la responsable. Si alguien del pueblo entra verán la casa tal cual estaba antes. La refrigeradora no funciona, nada eléctrico lo hace. Por unos días quédate así. Nunca estarás a oscuras, la casa tiene velas mágicas, te darán luz sin encenderse realmente. Un capricho mío.

†

¿Tienes magia?

† Se manejarla pero no. Tengo brujas a mi servicio. Una de ellas una decoradora frustrada que ha encontrado encantador decorar la tuya. Quienes te vigilan esperan que llames a un electricista. Luego, llamarás a una empresa de decoraciones que pertenece a brujas.

†

¿Tienen empresas?

† Te sorprenderías. No todas las brujas han muerto y se desenvuelven entre humanos. Ellas realmente no harán nada pero te permitirá mostrar la casa tal cual.

† Gracias.

† Descuida. Por ahora actúa molesta y frustrada ante lo que hay que hacerle a la casa.

† De acuerdo.

† Piensa en lo que quieres comer.

† Ahora vas a decirme que aparecerá.

† Correcto. Si tuvieras más experiencia sentirías la magia. La casa es mágica, si quieres darte un baño con agua caliente, pídele a la casa agua en la tina, o comida.

† Es decir que si quiero huevos con tocino….

Huevos con tocino estaban en su mesa. Al inicio se emocionó tanto que pensó en varias cosas obteniéndolas todas. Después de un sustancioso desayuno se marchó al pueblo. Estaba molesta pues el alcalde le había mentido y de no ser por su amigo, estaría en verdaderos problemas.

—Señor Jenkins, me preguntaba si sabe sobre alguien que pueda revisar la parte eléctrica, no hay luz en lo absoluto.

— ¿Y a pesar de la ausencia de luz usted sobrevivió su primera noche?

—Sí, al parecer la casa me ha aceptado —rio un poco—.Pero usted me mintió descaradamente.

—Lo sé, de verdad lo siento y entendería si no desea quedarse ahí.

Durante el silencio de Elena el alcalde pedía a Dios que se quedara. Si ella supiera que muchas cosas, su vida incluso dependía de que ella fuese por quien esperaban…

—No es mi intención marcharme, pero necesito ayuda y un buen descuento en el precio de la casa. No creo poder subsistir con galletas y agua. En este momento esa casa no vale nada si tiene todo malo. Cobran 300 mil dólares pero le ofrezco 150 mil. Eso me permitirá invertir en arreglarla. Si le parece bien mañana mismo cerraremos el trato.

—Hecho. Prepararé las escrituras. La antigua dueña me pidió que quién la compre no la derribe. Sin embargo si desea hacerlo entenderé.

—Le guarda cariño a esa persona.

—Si.

—No se preocupe, la casa quedará tal cual.

—Yo me encargaré de todo. Una buena amiga regenta un restaurante, ella la llamará para que salga a recibir la comida.  No va a entrar pero al menos le ahorrará venir. En cuanto a la parte eléctrica, mañana a primera hora estará ahí quien la ayudará.

—Aparentemente esa casa es la que buscaba, en cuanto a su amiga, soy quisquillosa con mis alimentos. Prefiero comer galletas hasta que arreglen la electricidad.

Después de charlar con Jenkins y buscar algo de comida para aparentar que la necesitaba regresó a su nuevo hogar. Bajó al sótano e inspeccionó nuevamente los fusibles, pero no se había equivocado, solo quedaba esperar por el electricista. Para sorpresa suya, aquella zona había sido remodelada también. Cielorraso y pisos nuevos, un mueble lleno de jabones para ropa, una lavadora  una secadora.

De pronto no estuvo sola, aunque era solamente una voz, sintió miedo.

Elenaaaa

—¿Quién está ahí?

Elenaaaa

—Esta me parece una broma de mal gusto.

Miró alrededor esperando ver a su visitante, pero se encontraba sola. Salió tratando de no darle importancia a lo sucedido, quizás era presa del agotamiento.  Al día siguiente descubrió que lejos de mejorar, las cosas empeoraban más y más. El famoso electricista del señor Jenkins no llegó, ni lo hizo los siguientes tres días, insistían en que nadie deseaba trabajar en la casa, razón por la cual se vio forzada a ir al pueblo vecino a contratar a alguien.

Por supuesto, el hombre conocía las historias de terror y prometió llegar en la mañana porque siempre había deseado trabajar ahí, ¡menudo loco!  Aprovechó la visita y se abasteció de ropa, enseres de cuidado íntimo y algunas otras cosas que llamaron su atención. Ahí estaba a gusto, quizás si hubiese pasado por ese lugar primero, hubiese conseguido una casa en buenas condiciones, pero no podía negar que ya empezaba a sentir cariño por aquel viejo inmueble.

Se dirigió a entregar el automóvil que había rentado en el aeropuerto, la empresa contaba con una sucursal local, luego compró un hermoso 4x4.

Mientras ordenaba el comedor con algunas cosas que consiguió en el pueblo, las vecinas se acercaron temerosas, eso le daba mayor credibilidad a la historia del alcalde. Le llevaron productos de limpieza e incluso la cena y, como llegaron sin previo aviso, no tuvo otra opción que dejarlas entrar. Casi se asustó porque verían la transformación, pero recordó que nadie vería los cambios.

Por lo visto ese lugar resultaba más pintoresco de lo que había imaginado. Cuando llevaba algunas cosas a la cocina pudo escuchar a las señoras chismosas hablando sobre sus ojos amarillos.

Cosas así como oír conversaciones que se daban lejos y en voz baja era normal para ella. Quizás le preguntaría sobre ello a Charles.

—Ella es como los otros.

— ¡Shhhh! Que te va a oír.

—Aunque ella es amable, ellos eran...

—Raros... odiosos.

—Exactamente.

—Tantos años después y aún están bien presentes.

—Pero no son solo los ojos...

—Yo también lo noté, ¿vieron sus mejillas?

—Demasiado pálidas... verdosas.

— ¿Serán familia?

—Y el físico... es hermosa. No parece de este mundo.

— ¿Recuerdan a Charles?

—Cómo olvidarlo, ella debe ser parte de esa familia.

— ¿No exageras, Margareth?

—Quizás, Eloise, pero por si acaso me mantendré alerta. Sabes que tengo buen olfato y no me parece de fiar.

—Para mí dramatizas. Lo que sí debes tener presente Marggie querida, es que es muy atractiva y todas sabemos sobre los gustos de tu esposo.

—Esos son solo rumores.

—Eso no es lo que piensa Tabita Meyer, quien tuvo que dejar este pueblo debido al interés, nada sucinto de tu esposo en su hija de veinte años.

— ¿Cómo te atreves a mencionar tan desagradable tema?

—No te hagas la ofendida. Pero por si acaso deberíamos advertirle a la nueva dueña. No va a querer encontrar a Jenkins dentro de su habitación.

—Basta ya, señoras. —Intervino otra de las damas—estamos aquí por otra cosa. Nunca me había atrevido a entrar, es tan lúgubre como la imaginaba.

—Ven, ella es rara, no entiendo cómo le gusta este lugar.

¿Qué era eso de decir que era como ellos? También la preocupaba el asunto sobre Jenkins, intentaría no estar a solas con él.

Para su "buena suerte", todo empezó a sentirse más tétrico, era algo en el ambiente, no lo podía explicar con exactitud pero era como una mezcla de elementos paranormales. El aire se sentía denso y la piel se ponía de gallina, las paredes crujían como si se abriera una puerta antigua, razón por la cual sus "maravillosas" visitas decidieron irse inmediatamente. Era capaz de entender cuánto deseaban que alguien ocupara la vieja residencia de los temibles Everwood, los dueños originales. Claro que después de semejante muestra de “poder” por parte de la casa se sentía segura pues parecía como si la casa la hubiese protegido, quizás por eso Charles la quería en ella.

Cuando terminó la visita de las chismosas, se dedicó a analizar lo sucedido durante los últimos meses. En ese momento sus temores aumentaron, porque todo parecía más real. Previamente a su llegada a Yellowknife, tanto Charles como los demonios aparecían la mayor parte del tiempo en sus sueños, por eso sus miedos eran "manejables" hasta cierto punto.

Pero sabía que si las cosas paranormales empezaban a manifestarse "como reales" con mayor frecuencia la posibilidad de que no pudiera ganarles se elevaba pues les tenía demasiado miedo. Después de una noche perfecta, de un desayuno magistral y un baño relajante fue al pueblo. Quería caminar un poco pues amaba hacerlo y los paisajes eran hermosos. Al llegar se dedicó a pasear un poco, compró un café y empezó su caminata de regreso. Empezaba a alejarse cuando se encontró con el alcalde que la miraba sorprendido, llevaba poco más de una semana en aquel lugar y lucía muy tranquila.

Lo que había escuchado el día anterior sobre su gusto por las mujeres jóvenes la preocupaba. Su amigo apareció en su mente, asegurándole que estaría segura.

† Tranquila Elena, si te pone aunque sea un dedo encima, me encargaré de él.

† ¿Encargarte tipo…eliminarlo?

† Nada tan radical. Quédate tranquila.

Jenkins la miraba de forma extraña, aparentemente esperaba su respuesta a una pregunta que obviamente no había escuchado.

—Lo lamento alcalde. A veces me quedo perdida en mis pensamientos. Dígame en que puedo ayudarlo.

— ¿Puedo acompañarla a su casa? Quisiera conversar sobre algunos detalles de la casa.

—Bien, pero sabe que he venido caminando.

—Lo sé, Elena. Te miraba desde mi oficina.

                   Raro…raro e incómodo….

Mientras caminaban intentó obtener algo más de información. Necesitaba distraer al hombre. Elena debía recordar mantener una actitud despreocupada pero al estar junto a Jenkins se sentía sombría. Llena de ira. Quizás debido a las mentiras sobre la casa, o su miedo ante un posible acoso.

Él la observaba de reojo, tratando de descifrar a la joven mujer. Tenía miedo pero jamás lo admitiría. Los fundadores estaban ansiosos. Ellos tenían poder, de la clase de poder capaz de paralizar a una persona. Esas cosas como demonios eran reales, las había visto y la joven que caminaba a su lado sin saberlo, era quien estaba manteniéndoles a raya.

Margaret su esposa la quería fuera. Pero debía lograr que dejara a Elena en paz, porque si ella se marchaba del pueblo acabaría muerto. Su vida y la de los suyos estaban en manos de Elena. Además le gustaba, era una mujer guapa, de esas que no podía sacarse de la cabeza.

—Me gustaría conocer un poco más sobre los antiguos dueños, los originales, quiero decir.

La pregunta le dejó confundido. Lo último que necesitaban era que los que les habían conocido escucharan a Elena hablar de ellos.

— ¿Y por qué ese interés repentino, si se puede saber?

—Repentino no. Las vecinas y su esposa en especial, han estado hablando sobre mi parecido con ellos, entre otras cosas. Llegaron sin aviso a mi casa y hablaron de ellos. Fueron molestas e impertinentes.

—Al principio también pensé que pertenecía a la famosísima familia Everwood, pero resultó ser una mera coincidencia. La gente del pueblo es especial, ellos no creen en las casualidades y todo lo relacionado con los Everwood les mantiene alerta. Le pido que no las juzgue, al fin y al cabo han vivido con miedo. Y hablando de los ojos de los Everwood, los suyos son impresionantes...

—Bueno, la gente siempre me ha preguntado si uso lentes de contacto. Los médicos de Carolina del Sur me diagnosticaron una malformación genética. Con el paso de los años el amarillo se hace más intenso. Ahora, dígame algo, a los antiguos dueños... ¿Los querían aquí? Porque me parece que les temían.

—Ellos eran especiales, al menos lo eran para mí, los demás no pensaban ni piensan igual.

— ¿Por qué?

—Quizás los Everwood eran culpables en cierto modo, no tenían gran relación con la comunidad, se dedicaban a convivir en el día a día obligatorio, pero nunca iban a las actividades sociales. Al poco tiempo de instalarse aquí una de las jóvenes de nuestro pueblo se acercó a ellos. Se llamaba Lucianna. Charles, el más joven, se enamoró y se casaron. Se fueron a vivir lejos de Yellowknife. Meses después de marcharse, Joseph, el padre, volvió aquí.

Me dijo que podía vender la casa y usar el dinero para ayudar a obras sociales. Se quedó en el hotel unos cuantos días, cada mañana iba a recorrer la ciudad, entraba y salía de cada tienda, al final del día suspiraba resignado. Seis meses después dejó de hacerlo, su único pedido fue que no demoliéramos la casa, pues era un lugar especial y por el cariño hacia Isabelle su esposa, la conservé tal cual estaba.

En fin, mi idea no es aburrirla con viejas historias, me voy para que continúe instalándose, si necesita algo no dude en llamarme, a cualquier hora.

Elena estaba tan absorta en lo que le decía que ni siquiera se dio cuenta de que habían llegado.

— ¿Cómo va a regresar? Está usted todo agitado, no vaya a darle un infarto.

— ¿Tan anciano cree que soy? He hecho este recorrido muchas veces, y ahora que todo se siente más en paz será agradable. Lo de agitado es por mis nervios. Es usted demasiado guapa, me siento como un quinceañero. Por cierto, espero que mi esposa no haya sido una molestia, es alguien "especial", ¿me comprende? Y puede ser algo incómodo lidiar con ella...

—Es una persona metiche e impertinente. Así que le ruego la instruya sobre lo maleducada que es al aparecer en una casa sin invitación.

—Siempre podría dejarla y pedirle que considere salir conmigo. ¿No aspira a un cargo de alcaldesa?

—Con todo respeto alcalde, está usted cruzando la línea. Lo veo cuando mucho, como a un abuelo. Nada más que eso. Le pido que se marche.

—De acuerdo y perdón. Desde que llegó las cosas se ven mejor. Por eso los descendientes de los fundadores del pueblo, aquellos que llegaron primero han decidido regresar para alejar el mal. La situación lo amerita.

— ¿Qué situación...?

—Gracias a su presencia aquí, el mal no reinará de nuevo en nuestro pueblo.

— ¿El mal? Ya veo, bueno... eh... gracias por la compañía.

—Espere un momento... ese medallón que tiene en el cuello... parece antiguo.

—Algo así, me lo regalaron en uno de mis cumpleaños cuando era más joven.

— ¿Podría tomarlo... para verlo mejor?

"Le dijo el lobo a caperucita...", pensaba Elena.

—No es nada personal, pero nunca me lo quito. Sobre todo ahora que han muerto mis padres.

— ¿Sabe usted algo sobre magia negra?

—No, pero si piensa que mi medallón está asociado a ella se equivoca.

—Jamás insinuaría algo así.

Ella pensó que se iba a marchar, pero Jenkins hizo su movida.  Colocó una mano en el codo de Elena y la atrajo a su lado, con la otra acarició su mejilla. Elena trató de alejarse pero el agarre del alcalde se intensificó. De pronto un inmenso lobo blanco apareció frente a ellos. Avanzó hasta situarse junto a Elena. Miraba fijamente a Jenkins mientras le rugía causando que este diera un paso atrás soltándola.

El lobo era su amigo. Lo tenía claro y no sabía cómo podía manifestarse de esa forma pero la prueba estaba ante ella.

† Hola Elena, lamento haber llegado tarde. Si necesito protegerte tomaré posesión de la mente de este lobo. Llámale Custos.

† .El Guardián en latín. Me gusta. Es un lobo hermoso e imponente.

† Lo es, era el alfa de una pequeña manada que fue asesinada por cazadores. Ahora es un lobo solitario que ha accedido no solo a quedarse en tus tierras sino a prestarme su mente en caso de que lo necesite.

Jenkins observaba al lobo con temor.

—Elena, ese animal es…es…

—Un lobo. Desde que llegué a vivir aquí se acercó a la casa y parece sentirse cómodo protegiéndome.

—Me haces sentir como si fuese una amenaza.

—Escuché rumores de una joven y su familia, que debieron abandonar la ciudad por su interés en la muchacha.

—Chismes, habladurías.

—No sé, quizás. Pero en un futuro le agradecería no vuelva a ponerme la mano encima. De lo contrario mi amigo no va solamente a gruñirle.

En aquel momento Bruce llegó. Elena sentía deseos de alejarse pero Custos se pegó a su pierna evitando que se moviera. Debía recordar que ella no sabía nada de magia, criaturas demoniacas etc. etc. Si se alejaba el visitante lo notaría.

—Hola Elena. Aunque no nos han presentado formalmente, siento que te conozco. Mi nombre es Bruce. Uno de los fundadores de la ciudad.

—Querrá decir descendiente de.

—Tienes razón. Me parece que nuestro buen alcalde está poniendo las manos dónde no debe. Incluso diciendo cosas tan absurdas como que tu collar está ligado a la magia negra.

— ¿Cómo pudo escuchar eso o ver siquiera lo que pasaba?

—Casualmente estaba estacionado cerca, pues esperaba a que regresaras para presentarme formalmente. En cuanto a lo otro, mi audición es muy buena.

Elena vio como Jenkins perdía todo rastro de color en su rostro. La mano de Bruce en el hombro del alcalde pretendía ser casual, pero ella sabía que no era así.

—Aprovecho que estoy por aquí para llevarme a Jenkins y evitarle la caminata. Hermoso tu lobo.

—Se acercó a casa apenas llegué. Como lo alimento con algo de carne cruda parece haberme adoptado. Pero me va a llevar a la quiebra. —Dijo tratando de mantener la conversación en un plano jocoso y superficial—

—Bueno, debo irme. Mantén a ese animal cerca. Parece tener un radar contra lo que te representa peligro. En algunas horas enviaré, cortesía de nuestro alcalde, provisiones de carne para que no debas preocuparte por eso.

—No quisiera que el alcalde pague por eso. Solo estaba bromeando…Además aún no tengo electricidad, se pondría en mal estado.

—Créeme Elena, comprarte la carne será nada, con eso le va a salir barata semejante falta de respeto.

Bruce no mentía. Dos horas después llegaba el dueño de la carnicería en persona para asegurarle que una vez que la electricidad estuviese instalada se mantendría abasteciéndole de carne y no solo para el lobo.

Aquel pueblo era raro, meditaba Elena unas horas después mientras observaba a Custos alejarse de la casa. No era tonta y sabía que Charles y su familia habían vivido ahí, entonces de alguna manera en el pueblo sabían que poseían dones y eso los asustaba. Pero debido a que sabían eso, el pueblo tenía dos caras. La que mostraban a los turistas, esa de pueblo elegante, de calles limpias y gente amable.

La otra cara era la que percibía Elena, una de pueblo sombrío, oscuro. De gente temerosa y hasta vengativa, si no se equivocaba. No es que no disfrutara de vivir allí, claro estaba, en especial porque su casa era perfecta pero no dejaba de ser incómodo que siempre la estuvieran mirando y aunque las pesadillas se habían detenido al llegar, el miedo vivía en ella.

Cansada de estar dentro pero con la noche cerca, decidió sentarse en la hamaca que colgaba del Sauce. Contemplaba algunos pajarillos que descendían a beber agua del río. Ese era su sitio para pensar sin embargo parecía no funcionar. Jenkins aparentemente tenía cariño hacia Isabelle, pero no le daba buena espina. Aquel lugar se suponía que la relajaría pero no fue así.

Se sentía como un paquete, la habían dejado ahí “tirada” pero no había ninguna explicación, o en su defecto para comparar…nadie para recibirla. Su amigo había sido el único interesado en convertir aquella casa en un hogar, pero Charles o su gente brillaban por su ausencia.

† ¿Estás ahí?

Durante algunos minutos nada sucedió. Elena triste y decepcionada, emprendió su regreso a casa. Tenía trabajo por hacer en el ático. Pero entonces él apareció.

† Elena no estés triste. Me acerqué para alejar a Jenkins pero no puedo estar muy cerca.

† Me siento abandonada, dejada aquí para no estorbar en otro sitio.

† Lo lamento. De verdad que no quería que te sintieras así. No podía permitir que Jenkins siguiera con lo que tenía en mente y espero que después de hoy, se lo piense dos veces antes de ponerte una mano encima. Estoy a un pensamiento de distancia, si estás en problemas podré ayudarte.

† Gracias por eso. Imagino que tienes deberes y obligaciones. De alguna forma sé que eres poderoso…

† Lo soy entre los de mi gente. Me temen y obedecen pero gracias a Dios, tú no lo haces.

† Tienes razón, te tengo una especie de afecto. Sin embargo no del tipo amoroso… no sé si esperabas que te quisiera de esa forma.

† ¡No!

Su “amigo” dijo esto escuchándose entre divertido y aliviado. Elena encontró aquello divertido también y le siguió el tono jocoso a la conversación.

† No suenes tan feliz que me ofendes.

† Elena, mi cariño va más allá de un sentimiento de pareja. Nos une algo fuerte pero no es tiempo aún. Debo irme…

Una vez a solas decidió fisgonear un poco por el ático. Mientras acomodaba algunas cosas encontró un libro sobre Agnes y como en su vida nada se daba por casualidad, debía ser la bruja que la había sanado. Apenas lo tomó en sus manos comenzó a sentirse extraña, como débil y mareada. Miles de imágenes sobre guerras y muerte llegaban a ella así que asustada cerró el libro y se dispuso a salir de aquel lugar. Pero se sentía tan cansada que simplemente todo se desvaneció. No fue consciente de que su “amigo” rompía toda regla, casualmente impuesta por él mismo y se materializaba justo a tiempo para sujetarla y evitar que se golpeara al caer.

Ambos estaban unidos por un lazo bastante fuerte y era capaz de sentir lo que ella. Por eso antes de que siquiera pudiese controlar su impulso, estaba literalmente materializado junto a Elena. La llevó a su cama y desapareció el libro. Quien lo había dejado ahí sabía que la afectaría de esa forma y no iba a permitirlo. Nadie iba a joderla más. Había cosas…situaciones por venir  que serían confusas y difíciles de manejar. Pero había otras, como lo que hacía el libro, que estaban de más y eran innecesarias.

Elena despertó sintiéndose realmente mal, no había bebido una gota de alcohol pero sentía como si viviera la peor de las resacas.

Decidió salir a dar una vuelta, quería despejarse un poco. El electricista estaba por llegar y eso la emocionaba pues quedaría todo listo. Según él, el daño no era grande, algunos fusibles quemados, remplazar algunos cables y ya. Estaba llegando al pueblo cuando una camioneta negra empezó a seguirla. Pensó que quizás aquello era casualidad, no solo su casa estaba por esos lados. Sin embargo cuando esta golpeó su guardabarros y el auto se salió de la calle, supo que era algo más. La bolsa de aire se accionó y aunque salvó su vida, la golpeó fuerte. Le dolían las costillas.

Fue sacada del auto y puesta dentro de la camioneta. No tenía fuerza para quedarse despierta por lo que pedir ayuda a Charles quedó descartado. Antes de perder el conocimiento escuchó el aullido de un lobo. Al abrir los ojos notó que estaba amarrada a una mesa de metal. Las correas, cuatro en total; estaban en cada una de sus extremidades. Un hombre vestido como cirujano, se acercó  a ella. No llevaba nada en sus manos sin embargo cuando su palma tocó el muslo de Elena, la piel empezó a quemarse.

Sus gritos de dolor parecieron no incomodar a su captor, más bien parecía disfrutarlo.

—Llama a Charles. Pide su ayuda.

—No lo entiendo…

La mano entró en contacto con su piel nuevamente pero en el estómago. Elena no pudo evitar su grito agónico.

— ¡Llámalo!

—No sé de quién habla, si se refiere al dueño de la casa, no lo conozco. Sé de su existencia y asumo que habla de él pues no conozco a nadie más con ese nombre. La casa la adquirí gracias al alcalde y de Charles sé lo que decían las vecinas. Solo eso.

Durante una hora las torturas continuaron. De pronto perdió el conocimiento y al despertar se encontró en medio del bosque. Solo pudo balbucear una palabra antes de quedar inconsciente.

—Auxilio…

Charles apareció segundos después. Estuvo preocupado cuando la energía de Elena simplemente desapareció, incluso pensó que había muerto. Lo primero que notó fue que tenía quemaduras en varias partes de su piel. Después al acercarse a ella recogió algo de la esencia del responsable y se juró hacerlo pagar de la misma forma.

Cuando Elena despertó observó a Charles a los pies de su cama. Se veía molesto. Tenía en su rostro una expresión tan fiera que quiso alejarse.

— ¿Viste quien fue?

—No. Seguía pidiéndome que te convocara, pero no quise.

—Elena, debes entender que las decisiones sobre tu seguridad y sobre tu protección…no son tu trabajo, ¿de acuerdo?  No hubiese llegado solo, por eso es absurdo el dolor que sufriste.

—No tenía forma de saberlo. En todo lo que podía pensar era en ese maníaco atacándote.

—De haberme convocado no te hubiesen quemado más de 25 veces. Te he ayudado a sanar y no deberías tener problemas.

De pronto se quedó en silencio, luego sonrió viéndose aterrador. Supo de qué se trataba antes de que sucediera.

—Lo tienen, ¿verdad?

—Sí, mi informante ya lo ha interrogado. Nadie más sabía sobre su plan. Por lo que técnicamente puedes ir al pueblo. No será raro verte por ahí cuando se supone que deberías estar muerta pues nadie giró la orden de apresarte. Incluso creen que deben mantenerte feliz pues si ocupas nuestra casa no podemos venir.

— ¿No estás molesto conmigo?

—Estoy furioso pues no me llamaste. Pero también comprendo que al enseñarte a luchar, te preparaba para eso. Fuiste valiente… estúpida pero valiente.

—Ayudó bastante el que no fuese una criatura cubierta de baba o algo parecido. ¿Pero cómo saben que no mintió?

—Mi informante tiene métodos y uno de ellos es meterse dentro de la mente de quien quiera. Ha revisado cada uno de sus pensamientos y ha encontrado las respuestas.

— ¿Y ahora?

Charles se sentó a su lado y le acarició con gentileza el rostro.

—Morirá por lo que te hizo.

En su voz no había ira, sonaba tan casual como si estuviese decidiendo si quería una o dos cucharadas de azúcar en su café. Elena se sentía conmocionada. Nunca podría acostumbrarse a esos niveles de violencia.

— ¿No hay otra opción? —Preguntó Elena—Por favor, Charles, trata de lavarle el cerebro o algo pero no lo asesines y si no hay otro remedio pues al menos cuando estés conmigo no te veas tan hambriento de sangre.

—La única…única razón por la que me puedes hablar así es porque te quiero. Te he cuidado desde niña y te he tomado cariño.

—Me das miedo.

—Elena, mi naturaleza es así. También sé que todo esto es difícil y que para los humanos es difícil aceptar y procesar toda la violencia de mi gente.

—Hablas usando la palabra humano con desprecio. Si no eres humano… ¿Qué eres?

—Aún es pronto. Espera solo un poco más y conocerás mi historia.

—Seas lo que seas, no me gusta la forma en que das caza a personas como…

— ¿Quién golpeó tu auto, te llevó a una cabaña, te ató a una mesa y te infligió dolor? Ese era un monstruo Elena, no tenemos otra opción.

—Lo entiendo.

—Agnes hizo un trabajo excelente en la casa.

—Sí, así fue. Me imagino que te irás.

—Aunque aún no es mi tiempo aquí y hay muchas cosas que preparar, vendré tanto como pueda.

En aquel momento, Agnes que había pedido audiencia con Lucifer narraba lo sucedido a los 4 hermanos.

— ¿Dices que un demonio menor ataca a la que cumplirá la profecía de Charles y los suyos pero que ha decidido no pedirnos ayuda?

—Correcto, Alteza. Charles está raro, no me da buena espina.

—No podemos intervenir, no si no piden ayuda. Solo nos queda esperar a ver qué sucede.

Los siguientes tres meses pasaron rápidamente. Los camiones de decoración estuvieron ese tiempo estacionados fuera, los curiosos tenían imágenes de cosas entrando y obreros trabajando.

Para celebrar la navidad y la renovación iba a dar una fiesta, Charles la visitaba ocasionalmente, era común verlo en el taburete de la cocina mientras ella cocinaba.

Elena estaba bien abastecida de carne. Los hombres de Bruce habían llevado dos congeladores y estaban siempre llena de carne y cortes caros. Y como para descubrimiento de Elena, Charles comía bastante, la carne era como caída del cielo.

Pero no podía vivir de comida mágica, tenía que aparentar una vida normal, comprar para dos no era lo mismo que para uno, no cuando ese dos era Charles quien comía sin parecer nunca llenarse. Y como vivía en un pueblo pequeño, rápidamente tuvo la visita de la esposa del alcalde.

Aquella mañana parecían haberse cronometrado ella y su esposo. Jenkins había llegado una hora antes con ganas de fisgonear, eso lo sabía Elena.

Pero él le aseguró que quería ayudarla con una pequeña filtración en el lavamanos del baño pues la había escuchado mencionárselo al de la ferretería. Crear daños menores era lo lógico, aunque hubiese sido remodelada, seguía siendo vieja. Esa era la forma de mantener un perfil bajo.

Casi al mismo tiempo, Custos entraba a la cocina y se sentaba junto a Elena. Eso no disuadió a Jenkins de subir al segundo piso, pero le mantuvo aparte de Elena. 

Margaret, a diferencia de Jenkins se sintió atraída por el lobo, pero Custos  le mostró los dientes y  fue a subirse al sillón de la sala. Margaret hablaba y hablaba y como estaba perdida en sus pensamientos, no escuchó lo primero que le dijo la mujer.

Cuando le puso atención le dio tanto coraje que quiso aprovechar lo que la vida le daba. Si Margaret acababa malinterpretando las cosas, pues no sería su culpa.

—Querida, espero que no te estés citando con hombres. Una mujer joven y guapa debe darse su lugar. Y además dejar a semejante perro entrar a la casa es vulgar y ordinario. Los animales deben estar fuera. Otra cosa son los cambios, demasiado dinero… ¿será que te paga alguien por alguna especie de servicio?

— Que dicha que no vivimos juntas, así mi forma de ser…vulgar y ordinaria no le va a afectar. Además debería instruirse, no es un perro sino un lobo. ¿Y asume que me veo con hombres porque…?

—Aumentaste tu compra a más del doble de productos y ahí en tu desayunador hay dos platos y dos tazas. Además hay una camisa de hombre en tu sillón… y es peor el que sea un lobo. Son peligrosos.

—Hasta el momento me cuida de visitantes no deseados.

—Espero que no hables de mí.

—Curioso que lo mencione pues sí me desconcierta esta costumbre suya de llegar sin avisar. Ningún hombre me paga, la fortuna heredada de mis padres sobrepasa los siete millones de dólares, eso me permite darme el lujo de vivir sin trabajar y arreglar mi casa como quiera.

—Tanto dinero…que suerte tienen algunas. Y me imagino que interrumpo tu cita con… ¿cómo me dijiste que se llama quien está contigo?

—Nunca le dije con quién estoy y lo sabe.

Ya había escuchado que el alcalde venia bajando las gradas. Parte de esa fantástica audición que tenía. Así que empezó a comportarse nerviosa, tartamudeaba y fingía haber sido atrapada infraganti. Y como cronometrado a la perfección, Jenkins bajaba sudado y sin camisa diciendo…

— ¡Cuando entramos a tu habitación no me imaginé que sudaríamos tanto!

¡Y la cara de la vieja metiche!!! Eso valía soportar cada necedad de la mujer.

— ¿Qué significa esto, Percival Andrew Jenkins? ¿Qué hacías en su cuarto?

¿Percival Andrew Jenkins? Ni en mil años hubiese averiguado tal nombre.

—Hacíamos, Elena y yo. ¿Cómo podría hacerlo solo? ¿Verdad Elena?

El rostro de Margaret era de no creer. La mujer estaba totalmente roja, Elena tenía tiempo de no divertirse tanto. Aquello enojaba aún más a la odiosa Margaret. En especial cuando Elena miró a Margareth a los ojos y sonrió de forma maliciosa. Divirtiéndose, siguió alentando los dobles sentidos. Jenkins no parecía comprender lo que pasaba.

—Su esposo y yo estuvimos juntos cerca de media hora. Luego vine a preparar café, bebimos una taza y luego subimos un rato más. Me atrapó usted toda agitada y sudorosa pues venía del segundo piso. Cuando su esposo me dijo que quería ir al cuarto conmigo, nada me preparó para lo que vi. Pareciera que se ejercita mucho porque lo que es capaz de hacer es impresionante.

La chismosa dejó la casa y Elena siguió actuando como si no entendiera nada.

—Disculpa a mi mujer. Quizás olvidé que debíamos ir a hacer compras.

—Gracias por venir. Si no le molesta quisiera descansar un rato. Discúlpeme con su mujer, aunque no sé porque se veía tan molesta.

—Descuida.

Unos minutos después de que se fue, Charles apareció en la cocina. Se veía algo intrigado. ¿Alguna vez le había visto reír?

—No te imaginé capaz de semejante broma.

—La cosa es saber si tú las haces.

—No entiendo el humor humano. Nunca quise hacerlo. Los humanos bromean y actúan de forma despreocupada sin ser conscientes que deberían aprovechar cada segundo de sus vidas. Mueren con facilidad, se les elimina con facilidad….

Elena se estremeció, Charles era amable pero realmente peligroso y cuando empezó a servirse de comer comprendió que era el fin de la charla.

Era una criatura compleja. No era humano así que no era capaz de sentir culpa o remordimiento. Custos apareció en ese instante y Elena comprendió que iba a protegerla de quien fuera, incluido Charles.

Este al ver al lobo empezó a escanearlo, tratando de ver si era alguien de quien tuviera que ocuparse sin embargo en la mente del lobo no encontró nada fuera de lo común.

—Preséntame a tu amigo. Los lobos son territoriales y si me presentas no debería tener problemas para regresar.

Charles se puso de cuclillas y Elena se arrodilló junto a él, palmeó su muslo y Custos se acercó tranquilo. Charles lo acarició y el Lobo pareció amistoso con él. 

—Le llamo Custos.

—El guardián. Un nombre apropiado.

Pocos minutos después, Custos estaba sentado a los pies de Elena, mientras esta le contaba a Charles sobre el incidente con Jenkins.

—No sabía sobre las inclinaciones pervertidas de Jenkins. Me alegra ver a Custos a tu lado. No sé qué tan bueno sea cuidándote de entes demoniacos, pero me quedo más tranquilo si sé que te cuida de humanos como Jenkins.

—Lo hace.

La organización de la fiesta de navidad iba viento en popa. Decoró todo con ayuda de Charles y luego este se marchó. Nadie podía verlo, no aún. A las 8:00 p. m. sonó el timbre, poco a poco empezaban a llegar, el miedo era palpable, se desbordaba a más no poder.

Estaban aterrados, lo examinaban todo buscando algo paranormal. Sin embargo recibió miradas apreciativas ante los cambios en todo el lugar. Verlo todo decorado de forma moderna les quitaba un poco el miedo que les daba entrar a una casa vieja y descuidada.

También fue un éxito el decirles que llevaran niños. No todos lo hicieron pero los que confirmaron con antelación se encontraron sorprendidos con regalos para sus hijos y botas llenas de chocolates. Pensó en mesas llenas de dulces y postres para los pequeños. Los rostros de emoción al comer algodones de azúcar fue lo mejor de la noche.

Las cosas transcurrieron de manera normal. Los niños corrían y jugaban, comían helados y hamburguesas. Un éxito. Sin embargo cuando las parejas con niños abandonaron la fiesta tres horas después la luz falló, las paredes crujieron y el ambiente se puso denso pero al ver a varios saloneros sirviendo canapés y un amplio número de bebidas alcohólicas, se quedaron tranquilos. Sin embargo una persona enturbiaba el ambiente.

Margaret era todo un personaje. A Elena le había divertido recibir una llamada de la mujer disculpándose por haber malinterpretado todo. Pero sin lugar a dudas era una vieja petulante. De constitución robusta, con su cabello gris acomodado en bucles bajo un espantoso sombrero lleno de plumas, se pavoneaba como si aquella fuera su casa.  Al igual que la secretaria de su esposo, usaba una enagua ajustada a más no poder y unos diminutos zapatos.

Vaya moda —pensaba Elena—, el tiempo no pasaba. Después de husmear y criticar... corrección... alabar su trabajo para organizar la fiesta y arreglar la casa, se metió en el baño.

Minutos después escucharon sus gritos. Jenkins se apresuró a tratar de entrar pero la puerta no abría. Movió la perilla y mágicamente la puerta se abrió. Margaret señalaba el espejo y gritaba histérica.

Pero revisaron todo y se veía normal. Jenkins se inclinó sobre su esposa y arrugó la nariz al percibir el olor tan fuerte a licor. Se disculpó con Elena y se fue con Margaret. Aunque era una vieja bastante chismosa, a Elena le dio un poco de lástima. De forma inmediata la gente abandonó su casa. Con curiosidad se fue al baño y antes de entrar su amigo habló con ella.

† Lamento lo que le hice a la mujer…

Elena detectaba una risa en su voz y su amigo se supo descubierto.

† Bueno, no. Esa mujer es realmente mala y cruel.

† ¿Qué le hiciste?

† Cuando se miraba en el espejo desaparecí su imagen y cuando se inclinó para revisar de cerca el vidrio, aparecí su imagen de nuevo, pero sus ojos eran negros y su cabeza daba vueltas.

Sin poder evitarlo empezó a reír, aquella había sido una forma perfecta de espantar a Margaret y hacer que no regresara a la casa. Los meses seguían pasando, la perversa Margaret, luego de la fiesta se había propuesto echarla del pueblo, al parecer creía que era más peligrosa que la casa en sí. —Menuda cretina—

Cuando llegó Halloween el pueblo mostró que ya la consideraban parte de la comunidad, prueba de eso fue que le preguntaron si iba a repartir dulces. Como era una casa que estaba lejos del pueblo, los niños subieron en coche con sus padres. Y aunque al inicio pensó que eran demasiados dulces, al acabar la noche los había repartido todos. Elena se iba acostumbrando a la soledad, lo de sus padres estaba aún muy presente, especialmente en fechas como su cumpleaños.

La noche que cumplió veintidós años fue dolorosa, luego de cenar tomó una botella de vino y fue a su habitación. La mezcla de nostalgia y licor la ayudó a dormirse rápidamente. Esa noche tuvo un sueño, distinto a los que tenía normalmente, Blu estaba cerca.

—Hola Elena.

—Hola, creí que debía decir tu nombre tres veces para verte.

—Lo hiciste. Probablemente mientras dormías. No me molesta, me sentía algo aburrido.

— ¡Es todo tan difícil!

— ¿Qué te sucede Elena?

—Me siento abrumada con el peso de esta responsabilidad. Solo quiero irme.

—Viaja conmigo al Valle. Mamá y Gray quieren verte.

—Vamos entonces.

—Por acá no podemos. Debes despertar y decir mí nombre tres veces, justo como te dije.

Elena abrió los ojos y supo que no estaba sola. Su amigo estaba ahí en su mente.

† No vayas, ese no era Blu.

† ¿Cómo lo sabes?

† Nunca podrías llamar a Blu desde tus sueños, solamente desde el mundo terrenal. Alguno de los que te quieren fuera te hizo creer que charlabas con Blu.

†

¿Pude llevarlos al Valle de los Druidas y poner en peligro a Blu y su gente?

† No, ahí solo entran los que llevan pulseras. Sin embargo si la llegabas a usar, confirmarías que la tienes en tu poder.

Algunas horas después y decidida a despejarse, salió a su jardín. El paisaje estaba hermoso, el clima agradable. Una hermosa mariposa se posó en su mejilla. Luego agitó sus alas, llenando la nariz de Elena de polvo. Sin saber qué hacer, sin tener control de su cuerpo y mente, empezó a correr. Tropezó con una raíz, golpeándose fuertemente las manos y rodillas. Ese golpe fue el que la hizo salir de ese estado. No comprendía nada. Regresó a casa, aún no tenía auto pues seguía en el taller por lo que pidió un taxi para ir al pueblo.

Necesitaba que el médico le revisara las manos y se las vendara. No pidió ayuda a su amigo porque si quien la había atacado vivía en el pueblo y ella aparecía sin marcas, confirmaría que algo no era normal. El médico le vendó las manos y le dio algunas pomadas que tenía dentro de las muestras médicas que recibía.

En el pueblo todo amaneció distinto, las personas hablaban del sobrino de aquella familia. La curiosidad era mayor cada vez, las voces se escuchaban con más intensidad.

— ¡Han vuelto y sin envejecer! ¡Son ellos!

—Calma, Margaret, es el sobrino. Los monstruos, como los llamas..., no existen. Pobre chico, no tiene la culpa de ser la viva imagen de su tío Charles.

— ¿Viva imagen? Sí, como no, hasta se llama igual. ¿Y los ojos?

—Por Dios, mujer, ¿te fijaste que también tiene dedos?

—Basta de sarcasmos, Elliot.

—No son sarcasmos, no puedes satanizar al pobre chico, además Elena también tiene los ojos amarillos y no es nada de ellos, así que deja las tonterías y desiste de juzgar al chico.

—Para mí ella es rara también, si no es así, cómo justificas su fascinación por esa maldita casa, debíamos haberla destruido hace tiempo, me parece que vamos a arrepentirnos. Y no puede ser casualidad que ella llegara a vivir aquí tan solo unos meses antes de su regreso.

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