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Home/ All /La profecia (Libro 2 Príncipes Inframundo)/Confusión, ira y desolación

Confusión, ira y desolación

Author: Cassandra Hart

Tras su repentina marcha se dijo que no debía perder la calma, quizás volvería pronto pues no sería capaz de abandonarla, especialmente si había criaturas demoniacas tras de ella. Pero el tiempo continuaba su lento avance, cada día parecía más largo que el anterior, era como una maldita pesadilla. Los primeros días dedicó sus energías a la autocompasión, casi no comía, dejó de dormir... en fin, estaba decidida a destruirse. De pronto algo en ella cambió, la ira se abrió paso dejando la tristeza atrás. Estaba dispuesta a tomar el control de su vida.

Tampoco podía hacer contacto con su amigo, con Pietro, Custos ni con Blu… Todo era absurdo.

Seis semanas después decidió  irse de la casa, abandonar todo. Teóricamente parecía sencillo pero cada vez que llegaba a la puerta con la maleta y sus documentos, daba un paso atrás. Si se iba, perdería toda posibilidad de entender por qué la cazaban, sentía también que la casa era lo único que la conectaba con Pietro. Así que estableció una especie de “rutina”, si mantenía su mente ocupada las cosas eran ligeramente más simples. 

El señor Jenkins por ejemplo, la visitaba esporádicamente y le era imposible ocultar su alegría ante la ausencia definitiva de Charles. Sus temas de conversación fluían casi que en una sola dirección... su amada esposa. Si Elena hubiese podido deshacerse de esa criatura molesta la historia sería distinta, casi que agradable... en teoría. En aquellos años no se consideraba un mal ser humano, pero esa mujer... esa mujer sacaba lo peor de ella.

Margareth era una espina en su trasero, la insidiosa mujer continuaba acechando sus pesadillas. Aunque había sido enviada lejos, regresó siendo igual de necia. Llegó un par de veces a la casa y cuando no acompañaba a su esposo, insistía en incorporarla en la vida del pueblo, invitaciones que rechazó tajante, aunque diplomáticamente.

La navidad fue un tormento absoluto, decoró la casa esperando que aquello le diera consuelo. Incluso tenía un regalo para él y su familia y lo puso bajo el árbol. Al inicio fue difícil pensar en qué darle a unas criaturas como ellos, que habían visto todo y probablemente tenido de todo.

La respuesta llegó a ella cuando se enteró de una nueva ley que estaba por entrar a regir. Así que le indicó al abogado del pueblo vecino, quien odiaba a Jenkins y a su gente,  que pusiera las escrituras de la casa a nombre de Charles. Éste con tal de hacer algo que molestara a Jenkins, hizo el trámite a prisa. El tiempo continuó sin mayores dramas hasta una mañana de febrero. Elena se encontraba desayunando cuando le escuchó fuera de la casa. No comprendía porque no entraba, pero lo único importante era llegar a él.

Lucía distinto pero antes de que pudiese preguntar lo que pasaba le dijo que su vida corría peligro, que estaba allí para ponerla a salvo. Todo sucedió muy rápido, aunque al principio intentó negarse pues en teoría la casa era segura, el profundo terror que vio en su mirada fue suficiente para ir con él. Estaba tan asustada que no le preguntó porque sus ojos se veían rojizos. Llegaron a unas cuevas a no más de una hora de la casa, justo antes de ingresar algo o "alguien" la golpeó en la cabeza. Al abrir los ojos notó una criatura frente a ella, Charles estaba quieto esperando a embestirles, o eso creía Elena.

— ¿Vas a atacarles?

—No, ellos trabajan para mí.

— ¿De qué hablas?

— Como lo oyes Elena, ustedes los mortales son muy básicos, sus emociones rigen sus vidas. Si lo piensas un poco, encontrarás la respuesta.

— ¡Déjame ir!

— ¡No!, finalmente te he mostrado cuales son mis intenciones, ya no puedo dar marcha atrás.

— ¡Te lo suplico!

— Sabías el riesgo que corrías. Pues bien, finalmente comprenderás mi verdadera naturaleza. No puedo dejarte ir porque correrás a decirles a los mortales.

— ¡Nooo!

De él salieron garras... ¡GARRAS! Y en aquel momento estaba tan asustada que no lo cuestionó.

Su ataque fue intenso, pero sin saber por qué de un momento a otro se marchó, quizás la creyó muerta, o tal vez dejarla agonizando era parte de su tortura. El dolor físico era agudo, parecía una horrible pesadilla incluso superior a las de su infancia. Personalmente Elena hubiese preferido morir más a prisa.

Sin parar, pasaban ante ellas imágenes de la mirada de Charles…de sus ojos llenos de sed contemplándola más allá de su cuerpo, vislumbrando su esencia.

¿Pero por qué matarla? ¿Acaso no sabía que su secreto estaba a salvo con ella?

Poco después alguien apareció. Se presentó a sí mismo como George. Elena lo recordaba porque era quién había transformado a los padres y hermano de Charles en Cazadores. Levantó las manos para mostrarle que no estaba armado y caminó lentamente hasta situarse frente a ella. En ese punto Elena creía que él podría querer herirla pero no tuvo más opción que dejarse ayudar. Pasó sus brazos bajo su axila y piernas, la acunó contra su pecho y comenzó a caminar llevándola lejos de aquel lugar. Su mente se sentía rota, cuando pensaba en Pietro o en su amigo  le dolía la cabeza. La pulsera tampoco parecía funcionar, la ayuda de Blu y Gray quedaba descartada.

— Mi intención no es maltratarte pequeña humana, he venido a ayudarte.

— ¿Por qué él?

— ¿Él?

—Charles fue quién me hizo esto.

—No sé lo que ha sucedido, pero te aseguro que estás equivocada. Déjame llevarte a casa, confía en mí.

— ¿Confiar en usted? ¿Cómo hacerlo si el mismo Charles trató de matarme?

—No nos conocemos, al menos tú a mí no. Charles se mantuvo en contacto con nosotros mientras te contaba su historia, de hecho me pidió que viniese a cuidarte durante su ausencia. Se suponía que iba a llegar hace meses, pero algunos multiformas me tuvieron en su poder. Cuando logré escapar ya era tarde, fue entonces que te hallé. Aún no le he podido avisar sobre tu ataque, debemos esperar a que nos contacte. Sé que te ama, aunque sea difícil de creer. Charles está intentando mantenerte a salvo.

—Pero se veía tan real... me es difícil creer que era un multiformas.

—Lo puedo imaginar, pero por ahora lo más importante es trabajar en tu recuperación. El daño físico es más de lo que había imaginado y debo curarte.

Tras colocarla en la cama y administrarle medicamento la dejó a solas. Durante esa noche soñó con Charles, le pedía que volviera pero este tan solo se limitaba a verla. Poco después la línea entre el sueño y la realidad se hacía más distante, al parecer estaba despertando.

Las siguientes dos semanas fueron especialmente difíciles pues se la pasaba en cama casi todo el tiempo. La herida en su espalda causada por las garras de quien la atacó  —suponiendo que aquella criatura no era Charles— se infectaba más y más, a George le preocupaba no ser capaz de detener el avance de las bacterias. En un momento llegó a pensar que George pertenecía a los enemigos, pues era extraño que alguien con tantos conocimientos sobre medicina no pudiese curarla, pero no tenía pruebas. Al finalizar la tercera semana aún eran un par de extraños.

— ¿Quieres hablar de lo que te sucede mi querida Elena? Casi no me has dirigido la palabra y no comes nada de lo que te doy, Charles te necesita fuerte.

Al principio negó con la cabeza, pero sin que pudiera evitarlo las lágrimas salían por miles, lo peor de aquella situación era que a pesar de desear que se mantuviera lejos de ella, George logró que le hablara sobre sus sentimientos, haciéndola sentir vulnerable.

— ¿Por qué me abandonó?

—Lo siento, no sé qué decir porque su ausencia es sorpresiva para todos

— ¿Cuánto tiempo más tardará en regresar?

—No lo sé, ahora debemos pensar únicamente en que descanses. Si no pones de tu parte será más difícil que logres recuperarte. La actitud es primordial y me preocupa que estás dejándote morir, sé que le extrañas y te aseguro que si él supiera sobre lo que sucedió estaría aquí. Sus padres y hermano le están buscando para avisarle, pero es difícil. Está tratando de encontrar a Augustus para matarle y así protegerte por eso debes tomarte este té, con el podrás sanar.

—Pero sabe horrible, ¿está seguro de que esto me ayudará?

—Claro que sí, debes tomarlo todo. A estas alturas no puedes desconfiar de mí.

Una hora había pasado desde se tomó el brebaje, pero se sentía desorientada. Después de eso las pesadillas nocturnas aparecieron de nuevo, eran bastante reales, la cueva... él atacándole. Era raro pues la casa normalmente la protegía, no entendía porque de repente aparecían. Quizás la casa solo la cuidaba de las pesadillas "tradicionales". Sin Charles a su lado nada tenía sentido alguno.

Muy a su pesar las cosas habían cambiado mucho, aquella aparente urgencia por contarle su historia se había visto opacada por su ausencia. George le recetaba ese mejunje tres veces al día, pero en lugar de mejorar se sentía peor, ni siquiera era capaz de caminar al baño sin caerse. Según él, su medicina no tenía nada que ver, más bien era debido a la infección de la espalda. Pero había otra cosa que resultaba aún más rara en todo aquello, cuándo Charles llegó a la casa, esta había asumido una calidez agradable, reconfortante. Con George estaba todo frio, parecía una casa común y corriente. Sabiendo sobre los antecedentes de su hogar resultaba extraño. Constantemente la buscaba para hablar, algunas veces era como si tratase de obtener información, si les conocía de tanto tiempo sus preguntas resultaban absurdas.

Elena estaba divagando cuando entró a la habitación, la sonrisa en sus labios no llegaba a sus ojos, estos estaban fríos, maliciosos. Ella le miraba con terror y se cuestionaba sobre si sufría un extremo caso de paranoia.

—Elena, esto no puede seguir así, por eso he tomado una difícil decisión. Piensa en la vida que tienes por delante, piensa en Charles.

— Por favor no me haga reír. Él tiene cosas más importantes en su vida. Tengo rabia y ni siquiera sé si esto es real, esta situación me hace sentir frágil, desamparada.

—Sé que se va a molestar conmigo, pero no soy capaz de mantenerte a salvo. Ya han llegado, ellos están aquí.

— ¿Ellos? ¿De qué habla?

— Lo siento. Muchachos, trátenla con cuidado.

— ¿A dónde me llevan? Suéltenme.

—Allá estarás mejor.

Intentó contactarle mentalmente, lanzar un último grito al universo. Ese no podía ser su final.

— ¡Pietro…Charles! Custos…

—Es inútil Elena, por ahora necesitas recuperarte.

—No George, sé que ellos me escucharán, no deje que me lleven, se lo suplico.

—Lo siento.

Custos apareció frente a los sujetos pero antes de tan siquiera lograr dar un paso, George le envió una especie de bola de energía. Su lobo cayó muerto.

Los tres tipos la amordazaron y le ataron las manos con cinta adhesiva, abrieron la cajuela del auto y luego la pusieron dentro. Todo eso confirmaba sus sospechas, George era uno de ellos, finalmente se deshacía de ella. No podía dejar de llorar por su lobo.

Estuvieron en movimiento durante mucho tiempo, Elena no podía precisar cuánto pero al ir dentro de la cajuela aquel viaje parecía llevar horas. Llegaron a una especie de casa abandonada y la dejaron dentro del sótano durante muchísimo tiempo. Pero al menos la desamarraron. Había una pequeña ventana donde veía al día mezclarse con la noche, al octavo ciclo de cambios dejó de contar. Tenía un pequeño baño y un tubo para beber agua, pero no le llevaron nada de comer.

No podía dejar de pensar en Custos, en que por tratar de salvarla había muerto. Poco después uno de ellos colocó una venda en sus ojos y la cargó en sus hombros. Subieron algunas escaleras y al llegar a la planta alta fue enviada al suelo de un golpe. Su cabeza impactó la pared dejándola algo aturdida ya que escuchaba a Charles, era como si estuviese luchando por ella, definitivamente estaba soñando. Indiscutiblemente era el golpe <<pensaba>>

Unas manos comenzaron a quitar la venda de sus ojos. La luz era increíblemente dolorosa, pero luego de unos minutos fue capaz de ver a quien la salvaba.

—Elena estoy aquí, te llevaré a casa.

— ¿Charles?

Justo antes de que pudiese contestarle, el falso George lo atacó por la espalda, pero Charles se defendió matándolo inmediatamente. ¡Multiformas! —Especulaba Elena— estaba aterrada, había vivido con uno de ellos. No era lo mismo sospecharlo a recibir una confirmación directa.

— ¡Has vuelto! Viniste a...

— ¿Que ha sucedido, Elena? No entiendo nada.

—Él era real, al menos lo parecía, luego de sacarme de la cueva me dijo que había tratado de encontrarte...

— ¿Cueva? ¿De qué hablas, pequeña?

—Custos está muerto…

— ¿Muerto? Necesito que me expliques...

La cabeza le dolía como los mil demonios, podía verle o a parte de él, de pronto tenía varios ojos y bocas. Sus palabras no eran más que un simple bla bla bla. Su voz se alejaba cada vez más, poco a poco las sombras se apoderaban de ella arrastrándola irremediablemente a la inconsciencia.

¡Por Dios, no me quiero desmayar! —Pensaba Elena— ¡No ahora que ha vuelto a mi lado!

Charles la movía con cuidado tratando de despertarla.De alguna forma fue consciente de un segundo hombre que se arrodillaba a su lado, sin saber cómo supo que era él.

— ¿Qué le sucedió?

— Ayúdame a llevarla al auto, hay que volver a casa.

— ¿Pero no se suponía que George iba a vigilarla? ¿Y por qué la dejaste sola en primer lugar? Nos mantuviste a todos lejos de ella porque supuestamente nuestro enemigo estaba cerca y debías aislar su energía.

—Te pido no cuestiones mis decisiones. Pensé que estaba segura Si Augustus detectaba nuestro nexo mental le atacaría en sueños.

—Serias una especie de túnel hasta su mente.

—Sí. Pero los multiformas atraparon y aislaron a George. Él acababa de liberarse cuando Elena llamó pidiéndome ayuda, llegamos casi al mismo tiempo pero ya se la habían llevado y seguirles el rastro me tomó días.

— Estamos cerca de la casa. Pronto te dirá todo lo que necesitas saber.

—Lo sé. Me aterra verla tan herida.

—Las heridas físicas no me preocupan tanto.

— ¿Y tú punto es...? Porque no creas que no sé qué la amas. Cuando todo esto acabe ella podrá conocerte y decidir. Mi parte egoísta te exigiría alejarte, pero sobre su corazón no tengo poder.

—Lo que vi en sus ojos hoy Charles, no se asemeja a nada que haya visto antes. Ella realmente estaba sorprendida de verte. Parece ser según mis instintos, que pensaba que la habías abandonado.

—No creo...

—Piénsalo bien, te levantaste y saliste de la casa de forma abrupta.

—Debía cazarlo, era mi única oportunidad.

— ¿Pero a qué costo? Para ella simplemente te fuiste, le insististe mil veces que estabas allí para protegerla y de pronto la abandonaste. No sé porque, pero pienso que tienes un largo camino por recorrer. Y en cuanto a mis sentimientos estás en lo correcto, si tengo una oportunidad la tomaré, hermanito.

Tras el vaivén del viaje pronto hubo quietud, estaba sobre una superficie blanda y cálida pero el dolor era tan intenso que se dejó ir. Elena no soñó durante aquellas horas, parecía estar aislada de todo, incluidos sus demonios. De pronto estaba de regreso, abrió un poco los ojos y le vio yendo de un lado al otro, en su mirada había una mezcla de rabia y dolor que Elena difícilmente llegaría a olvidar. Se sentía nerviosa, casi le temía, pero ¿cómo culparla?

Tal cual había dicho Pietro, él la había abandonado y ahora que estaba de vuelta no sabía que esperar, no le había visto en mucho tiempo y él podía haber cambiado. Digamos que al no estar presente, solo le quedaba especular.

— ¿Qué hora es?

— Hola pequeña, son casi las tres, has dormido unas doce horas.

— ¡Los multiformas, y los de la cueva...!

— ¡Shhh! Nadie va a venir, pero necesito que me expliques...

—George se veía tan real, ahora que lo pienso ni siquiera intentó curarme. Además asesinó  a Custos.

Las lágrimas caían sin control, en tan solo unos segundos Charles las limpiaba con sumo cuidado.

— Elena, necesito que me hables. No entiendo nada.

—Unos meses después de tu marcha regresaste para trasladarme a un lugar en el que estaría a salvo. Llegamos a las cuevas y alguien me golpeó la cabeza. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente. Cuando pensé que nada peor podría pasar, te vi.

— ¿Nada peor?

— Después de estar fuera muchos meses llegaste por mí y me pediste que nos marcháramos. Después de salir juntos nos atacaron. Te perdí de vista e incluso creí...

—No sigas, no es necesario que sufras así...

—Necesito que comprendas... creí que estabas muerto, que finalmente habían ganado... entonces... entonces llegaste y pensé que en definitiva estábamos a salvo. Pero en lugar de ayudarme me clavaste unas garras en la espalda, dijiste que deseabas alimentarte de mí, tomar mi alma. Te marchaste al creerme agonizando, luego apareció George y dijo que había sido un multiformas. A pesar de su empeño en asegurármelo ni siquiera intenté luchar, no deseaba seguir viviendo. El resto lo conoces.

—Elena... ¿dejarías que el verdadero George te revise?

—Sí.

Fue difícil, Elena sabía que el otro era un impostor, sin embargo era exacto al verdadero George y era difícil de manejar. Mientras el galeno retiraba su blusa, escuchó a Charles maldecir un poco. La revisión fue dolorosa, pero se quedó en silencio. Lo único que delataba el suplicio causado por el toque del médico eran sus lágrimas, llegó a apretar tan fuerte que se mordió el labio haciéndolo sangrar.

—Tranquila...

—Duele...

—Falta poco...

—Voy a vomitar...

Charles colocó la mano en su estómago. Un calor bastante agradable la recorría por completo calmando sus nauseas.

—Gracias.

—Lamento todo esto, pequeña. Tendría que haber delegado responsabilidades.

—Solo quiero que esto acabe.

—Tu lobo ya fue enterrado. Pagarán por eso también.

George interrumpió la conversación, debido a lo que veía en ella. Las heridas eran muy profundas.

—Charles mira cuantas marcas, ese multiformas le dio fuerte. No sé por qué, pero no veo avance alguno. Elena... ¿Dices que el impostor te curaba la espalda?

— O al menos decía que lo hacía, luego comenzó a darme un espantoso té, de color amarillo intenso y horriblemente amargo. Aún deben quedar restos en la taza.

George levantó la taza y la olió, tras unos segundos supo lo que tenía.

—Ese brebaje es hecho a base de Digitalis purpúrea, aunque me parece que la dosificación es leve. Imagina su poder que tantos días después aún le puedo identificar. Entre sus efectos más fuertes está la sensación de somnolencia además de causar alucinaciones.

George aplicó algunas compresas y le dio medicamento.

—No hay más que hacer por el momento, ya en un par de días deberíamos ver cambios. Sanas más rápido de lo normal y eso nos ayudará.

—No entiendo...

—Charles te lo explicará más adelante.

—Así que más misterios.

—Todo en su justo momento, por ahora descansa.

—Me gustaría hablar con Charles unos momentos nada más.

—Pero solo un momento, debes reposar.

Tras quedarse a solas tomó algunos segundos para calmarse. A pesar de que estaba allí con ella necesitaba sacar de si toda aquella rabia ocasionada por su ausencia.

—No entiendo... ¿por qué te fuiste? Es decir... me dejaste sola.

—Lo lamento pero debía tratar de atrapar a Augustus. Le pedí a George que te cuidara pero fue atrapado, acababa de rescatarlo y ya nos dirigíamos a buscarte cuando escuché tu llamado. Sé que partí repentinamente causándote dolor, miedo, sentimientos de abandono, pero era la única forma. De haberte dicho la verdad hubieses insistido en acompañarme y lo único que habría conseguido era ponerte en peligro.

—Pietro dice que me ama... pero no está acá.

—Te ama y no puedo impedir que trate de ganarse tu corazón, pero va a mantenerse lejos mientras acabo con mi relato.

— ¿Te vas a ir nuevamente?

—No. Por ahora saldré de la habitación para que duermas.

—Bien.

Aunque George dijo que debía descansar era imposible. Le resultaba difícil no pensar en sus palabras o revivir lo sucedido durante los últimos meses. Tras una hora de intentos, decidió ir a la cocina en busca de un vaso de leche y algunas galletas. Era asombroso ser tratada por el verdadero George, pues podía caminar sin dolor.

Otra cosa nueva era su apetito, había regresado por completo. Para su sorpresa Charles se encontraba en la sala, aparentemente no era la única con problemas para dormir.

—Hola preciosa.

— ¿Tampoco puedes dormir?

— No. Es que he estado tan cerca de perderte, creyéndote a salvo...

—Temo esto sea un sueño y ellos vuelvan por mí o quizás que te vayas de nuevo.

—Verás que ahora todo va a mejorar amor, ya no me iré, al menos no solo.

Sin poder contestarle giró hacia la ventana de la cocina, intentó mantenerme serena, pero tenía que estar escuchando los latidos desenfrenados de su corazón.

— ¿Sucede algo más?

—Ese multiformas volverá por mí. Mataste a uno, pero los otros dos se marcharon.

Su angustia reflejaba sus dudas respecto a su capacidad de mantenerla a salvo. Pero él jamás podría recriminárselo, gracias a su ausencia resultaba difícil sentirse segura.Le vio tomar aire, incluso buscó algo de tiempo para responder sin dejarla ver la furia que residía en sus ojos. Pero la vio y eso la hizo estremecer.  Era una criatura letal.

— No van a hacerte daño, no lo permitiré.

— ¿Y qué sucederá si Augustus decide acercarse? Te irás tras él, dejándome a merced de esas criaturas.

—Esta vez será distinto, si él aparece Agnes se hará cargo. Ella se encuentra cerca de aquí, esperando por él.

— No entiendo... ¿Por qué Augustus desea matarme? Según lo que recuerdo, era quien estaba a cargo de las transformaciones. Tampoco entiendo cómo es que Agnes está afuera ayudando aunque la consideraban su enemiga.

—Aún ignoras mucho de la historia, en su momento lo entenderás.

—Pero todo fue tan real...

Charles tomó su cuerpo entre sus brazos, haciéndola sentir a salvo. La llevó al sillón y la colocó allí con sumo cuidado. Tomó una manta y se la colocó encima. Luego fue por algunas cosas a la cocina y comieron en silencio. Al terminar recogió todo y regresó a su lado.

—Descansa que cuidaré tus sueños.

Tras unos momentos de silencio, en los que parecía estar tomando una gran decisión, se dirigió a ella de nuevo.

— ¿No has pensado en que lo mejor sería marcharnos de aquí, buscar un nuevo lugar para vivir?

—Quizás, pero creo que puedo manejar esta situación, no me iré sin dar la pelea.

—Mi familia se prepara para trasladarse nuevamente a esta casa, eso sí les invitas.

—Pero es su casa.

—Fue su casa, al comprarla eres su dueña.

—Yo... hice algo durante tu ausencia.

—Cuéntame.

Y así lo hizo, habló de aquellos meses, incluido el regalo de navidad.

—Elena, tu generosidad me abruma, pero debemos traspasarla de nuevo.

—Escúchame, debe estar a tu nombre sino los del pueblo les echarán. En aquel momento pusieron una ley en la que los que no poseen tierras a su nombre deben abandonar la ciudad.

—Maldito Jenkins, todo por si regresábamos.

—Sí, claro que se puso furioso cuando supo que hice el cambio, pero tuvo que admitirlo.

—Bien, aceptaré esos documentos, pero solo de nombre, este lugar es tuyo.

— ¿Y la gente del pueblo? ¿No crees que empezarán a molestar?

—Creo que Jenkins guarda especial afecto por mi madre, ahora claro, ella lucirá algunos años más vieja.

— ¿Por qué luces más joven? Los demás vendrán más viejos.

—Porque soy tu pareja, por eso. Con los demás aquí, te protegeré mejor.

Cuando comprendió todo, no pudo evitar unas cuantas risitas.

—Temo preguntar qué te sucede.

—Bueno, aparentas ser un veinteañero, tus padres se situarán alrededor de los setenta, George estará parecido y Pietro tendrá unos cincuenta.

— ¿Y qué es lo que te resulta gracioso?

—Que dijimos a Jenkins que eras el sobrino de Charles, eso convierte a Pietro en….

—Maldición...

—Imagino que vamos a disfrutar muchísimo.

Ajenos a lo que sucedía en el inframundo, ignoraban que Pietro había sido convocado por los cuatro hermanos.

—Altezas—dijo con tono burlón mientras se inclinaba ante ellos—

—En otro momento te dejaría claro cuan idiota me pareces.

Pietro miraba a Lucifer, había algo malo en lo que le dirían.

—Los ataques a Elena son mi culpa—decía el monarca— porque traje a Charles. Él no lo recuerda pero eso le mantuvo lejos de Elena. Teníamos que verlo, analizar lo que está mal. Charles es casi un oscuro y si ustedes no logran revertir eso deberemos tomar cartas en el asunto. El nivel de oscuridad en él es intenso. Nada que no pueda resolver en caso de necesitarse pero te lo aviso por cortesía hacia los tuyos, hacia tu mamá.

—Lo hemos notado también. Le hemos atribuido a la falta de vínculo con su compañera.

—Al inicio lo pensé también, pero Luciana fue convertida solamente. Ellos nunca se unieron como compañeros.

— ¿Nunca? Él nos hizo creer que sí.

—Vigila bien a Elena, ustedes dos son compañeros auténticos y eso se resolverá, sin embargo el proceso no debe adelantarse. Me parece que Charles…que su lado oscuro la anhela porque es poderosa, solo por eso.

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