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Charles

Автор: Cassandra Hart

Vieja chismosa y cuentera, pensaba Elena. La gente murmuraba, todos le temían al nuevo visitante, razón de sobra para agradecerle al universo el haberla hecho bajar al pueblo. Además, lo único en lo que podía pensar era en el nombre que había escuchado, hablaban de un tal Charles, pero... ¿y si era él...?

Lo mejor era no adelantarse y entrar de una vez por todas, aquella muchedumbre estaba aglomerada frente al portón de la alcaldía, así que se vio forzada a usar los codos para abrirse paso.

— ¡No entres ahí, Elena!, es peligroso, ese bicho raro está reunido con mi esposo.

—Buenos días, Margaret, siempre inmiscuyéndose en los asuntos ajenos, ¿verdad? Por lo que veo no puede vivir sin los chismes.

— ¡Insolente!

Elliot miraba a Elena con admiración. Realmente le gustaba esa chiquilla. Era bastante mayor ya y casi no salía de casa, pero gracias a su amiga Margareth se enteraba de todo. Le hizo gracia ver a Elena inclinándose para oler a su amiga.

— ¿Qué crees que haces?

—Oliéndola para saber si ha bebido.

Para Elliot fue imposible no reír pero al ver la cara de Margareth guardó silencio y decidió intervenir, conocía a su amiga y esta nunca bebía.

—Margareth nunca ha bebido.

—Dígale eso a su esposo. Estaba tan bebida en mi fiesta que creyó ver como su cabeza giraba sobre sí misma en el espejo de mi baño.

Margareth estaba muy pálida y cuando Elena se alejó, la sujetó del brazo y susurrándole al oído le dijo:

—Nunca se lo mencioné a nadie. ¿Cómo lo supiste?

— ¿Usted qué cree?

Le dijo al tiempo que teatralmente y casi de forma fabulesca movía sus cejas de arriba hacia abajo rápidamente. Margareth parecía a punto de desmayarse pero Elena debía cerrar con broche de oro. Así que susurrando le dijo.

—Lo de los ojos negros fue todo un detalle, ¿verdad?

Margaret se abalanzó sobre Elena, tratando de ahorcarla. La gente a su alrededor se colocó en círculo. No sabían que hacer. Entonces Bruce apareció y sujetó a Margareth del hombro. Nadie se dio cuenta pero Elena sí. De las manos de Bruce salía energía. Margareth la dejó ir y se quedó de pie sin moverse, como en trance, luego Bruce se inclinó para ayudarla a levantarse.

—Elena, una pena que experimentes semejante ataque. Te necesitamos aquí.

— ¿Me necesitan?

—Bueno, como miembro de nuestra comunidad eres importante.

—Margareth está mal de la cabeza.

—La llevaremos a un lugar donde le darán la ayuda necesaria.

Un auto negro apareció para transportar a Margareth fuera de ahí. Se dirigía a la oficina cuando escuchó al alcalde hablando con el famoso e indeseable visitante, oyó un poco aquella conversación, sabiendo que estaba relacionada con ella. De ser el mismo Charles…su Charles, eso significaba que ya no estaría sola.

—Vaya, Charles. Es impresionante el parecido que tienes con tu tío. Todos ustedes son tan similares. ¡Hasta el mismo nombre! En fin. La casa ya ha sido vendida.

—Lo sé, Elena la compró.

— ¿Elena? ¿Cómo lo supo?

—Eso no importa. Bueno, debo irme, gracias por la información.

— ¿Información?

—Bueno, charlar con usted le ha dado la oportunidad perfecta a esos buitres para caerme encima y juzgarme. También me brindó una nueva perspectiva, aunque usted se mantiene sin inmiscuirse porque tiene sus reservas, los demás parecen listos para despellejarme.

—Bueno, Charles, no puedes culparlos.

—No, lastimosamente tiene usted razón.

Cuando abrió la puerta, ambos chocaron, y Elena cayó al suelo, de no haber llevado las manos vendadas quizás hubiese podido evitar semejante bochorno.

—Disculpe, no ha sido mi intención hacerla caer.

Charles la ayudó  a ponerse de pie, a pesar de ser tan alto, era bastante cuidadoso. La miraba de forma fría y ella comprendió que así debía ser. Nadie podía saber que se conocían.

—Así que... ¿a qué has venido, Elena? No es necesario añadir la inmensa casualidad de tu visita.

—Señor Jenkins, originalmente había venido a cancelar los impuestos, sin embargo preferiría que se encargue de otra cosa. Su esposa cruzó la línea hoy y en mi rostro y cuello están las pruebas. Si no quiere que tome acciones legales, póngala en su lugar….

—Iré a buscarla y le exigiré una disculpa.

—No sé si sea posible, ella ya no está cerca. Dudo incluso que siga en el pueblo.

— ¿Qué quieres decir?

—Mientras me atacaba cual loca, Bruce llegó, la subió a un auto negro y se fue.

El alcalde se puso pálido y abandonó la oficina a prisa. Ya sin él, Charles le dirigió una elocuente mirada. Elena parecía un pajarillo a punto de huir. Había escuchado a la esposa de Jenkins derramar su odio. Supo el momento exacto dónde la sujetó del cuello, sin dejar de lado las marcas evidentes de los dedos de la puta en el cuello de Elena. Imaginaba que la vida de Elena ahí no había sido sencilla. A veces se arrepentía, ella no merecía ser usada para obtener lo que buscaba. Aisló el lugar para evitar que curiosos pudiesen escucharlos. Pero él se daría cuenta si Jenkins volvía.

—Elena me miras con miedo, incluso como con pánico. Tú corazón late fuera de control. No es la primera vez que nos vemos.

—Me he sentido muy sola. Sé que tenía que dejar mi casa y venir, pero no imaginé que estaría sin compañía.

—Ya no vas a estar sola. Me enoja verte así, mirándome como si fuese a desaparecer. Me enoja Margaret y las cosas que te dice y hace. Me enojan los demonios que te quieren muerta.

—Ha sido difícil pero nuestro destino está escrito.

—No es así, pero sé que te quiero en el mío, como parte de mi futuro.

Elena apartó la mirada, sus mejillas enrojecieron y se sintió incómoda.

—Te ves agotada. ¿Qué has hecho para verte así?

Elena no pudo evitar un pequeño gesto de dolor. Charles puso la mano en su mejilla y mientras la forzaba a hacer contacto visual con él, alivió el dolor que sentía.

—Gracias por eso.

—Mantén la venda puesta para no llamar la atención. Las marcas en tu cuello tampoco desaparecerán. Huelo alguna especie de magia en ti. Imagino que es lo que causó que tus manos estén tan lastimadas.

—Una especie de mariposa me arrojó polvillos. En un punto empecé a huir y acabé en el suelo. Creí que acabaría volando como campanilla.

Al volver Jenkins este no hizo alusión al golpe que traía en su labio. Hablar con Bruce no había sido fácil.

—Siento curiosidad, Charles. Usted dijo saber que Elena había comprado la casa, podría explicarme cómo lo supo si es cierto que nunca se habían visto.

Aquella pregunta pilló desprevenido a Charles, Jenkins no tardaría en darse cuenta.

—Quizás yo pueda explicarle, alcalde.

—Te escucho.

—Durante los últimos meses mantuve comunicación con Isabelle, encontré su dirección en unas viejas cajas. Imagino que le ha hablado de mí a Charles, especialmente si sabía sobre su interés en visitar la casa y el pueblo.

La mirada de Charles indicaba que estaba orgulloso de su respuesta.

—Entiendo, entonces puedo pedirte un favor especial.

—Dígame, señor Jenkins.

—Charles necesita que alguien le muestre un poco el lugar y me preguntaba si serías tan amable de estar con él. Si has estado en contacto con Isabelle, imagino que lo tomaría como un favor especial.

—Sí, claro que sí.

—Por mi esposa no te preocupes, estará fuera unos días. Ha ido a visitar a unos familiares.

Cuando salían del edificio, todas las miradas se posaban sobre ellos. Bruce tomó a Elena por el brazo sacudiéndola un poco.

—Elena, él no es de fiar, aléjate o te vas a arrepentir.

Charles intentó acercarse, pero varios de los vecinos le bloquearon el paso.

—Miren, ustedes son unos ridículos. ¿Qué tiene Charles? ¿Los ojos amarillos? ¡Por favor!

—Te hablo en serio.

— ¿Entonces cabe suponer por mi parte que después de lincharlo a él seré la próxima? Acaba de llegar a la ciudad y voy a atenderlo. Arréglese con Jenkins que me ha pedido que lo atienda.

Logró soltarse pero pronto la volvió a tomar por el brazo, pero esa vez Charles logró intervenir.

—Quítele sus sucias manos de encima.

—Bien, pero mi advertencia sigue en pie, Lena.

—Déjeme en paz. ¿Y quién se cree para llamarme de esa forma?

Inclinándose un poco, para hablarle al oído le dijo...:

—Ya estás advertida.

Charles hizo algo pues los que bloqueaban su paso se apartaron rápidamente. Bruce era realmente estúpido, no sabía detenerse.

—Hummm, ya veo que estás bien cuidada, pero no siempre vas a estar acompañada Lena, y entonces...

— ¿Percibo una amenaza hacia ella?

Bruce tomó posición como de ataque. Charles avanzó hasta situarse frente a él. Los demás humanos estaban inmóviles sin ver ni escuchar. Ambos eran altos, estaban de igual a igual. Elena además de miedo sentía curiosidad, sabía que Charles iba a ponerlo en su lugar.

—Huelo colmillos a kilómetros. Si te le acercas nuevamente Bruce, personalmente me encargaré de que no te olvides de mí. Tengo gente cerca, solo esperan mi llamado. Déjanos tranquilos o prepárate para ver arder el pueblo.

—No tienes derecho…

—No lideras esta zona, sabemos que has actuado a espaldas de Agnos. Y no solo eso, Lucifer quiere saber por qué estás metiéndote con mi familia, su hermano Asmodeus está por llegar.

Elena miró con asombro como un hombre muy apuesto aparecía ante ellos. Tenía un aura de poder y quiso alejarse. Pero este se acercó a ella, se inclinó y le besó la mano.

—Niña bonita, no me temas. Si eres parte del mundo de Charles, mis hermanos y yo te daremos protección.

— ¿Quién eres?

—El tercero de 4 hermanos, el tercero en la línea de sucesión de mi padre. Mi hermano es el actual príncipe del inframundo.

—Tú eres hermano de Lucifer… ¿del mismísimo Lucifer?

—A tus órdenes, niña bonita. Ahora déjame charlar con Charles y Bruce.

Bruce estaba realmente asustado y miraba con terror a Asmodeus.

— ¿Cómo…?

—Retrocede, lárgate de aquí o mi hermano tomará cartas en el asunto.

Después de que Bruce se fuera y que la gente siguiera congelada, ahora por el poder de Asmodeus, el Príncipe hizo una reverencia y se fue, la gente se movió de nuevo y buscaban a Bruce, extrañados de no mirarle. Elena sentía los brazos entumidos, y comenzaban a verse las marcas de los dedos de Bruce. Así que mientras se alejaban, Charles quiso saber cómo estaba.

— ¿Estás bien?

—No lo sé, eso creo. ¿Bruce es de verdad un vampiro?

—Un estúpido cachorro pero sí. Iremos a casa y te ayudaré a eliminar el dolor.

—Gracias. Hummm… ¿Asmodeus es el hermano de Lucifer?

—Sí, hay tantas criaturas ahí fuera que ni imaginas.

Después de instalarlo en una habitación de huéspedes, se retiró a dormir. Una de sus pesadillas la visitó aquella noche, tras huir de la criatura comenzó a caer por un precipicio. Fue extraño, pues antes de la llegada de Charles las pesadillas habían cesado. Unos minutos después Charles estaba sentado en el borde de la cama.

—Lo siento, ¿te desperté?

—No podía dormir y entonces te escuché.

—Perdona, es que estas pesadillas han vuelto y me vuelven loca.

—Duérmete de nuevo, te voy a cuidar.

—No quisiera ser una molestia. Además no es prudente que te quedes conmigo.

—Duerme que solo te cuidaré, no voy a atacarte ni a tomarte por la fuerza.

—No es lo que quise decir...

—Lo sé, ahora duerme.

Pensó que iba a ser más difícil, pero después de unos cuantos segundos, se durmió profundamente.

A la mañana siguiente salió al jardín a sembrar algunas plantas, algunas personas con túnicas blancas comenzaron a tirar piedras logrando herirla en parte de la cara y una pierna.

Cuando cayó al suelo uno de los tipos se abalanzó sobre ella, por más que se movía para quitárselo de encima, era más grande y más fuerte que ella. El puño impactó la mandíbula de Elena, luego le dio otro golpe cerca del ojo. Mientras sucedía el ataque, Charles brilló por su ausencia.

De pronto el aullido del lobo blanco sonó junto a ellos y el agresor liberó a Elena. Custos estaba ahí, desgarrando la garganta de los sujetos. Elena estaba demasiado asustada para siquiera emitir un sonido. No temía a su amigo, le agradecía el haberla salvado pero era una situación aterradora. Ni en mil años olvidaría el gorgoreo de la sangre al salir por las gargantas. Charles apareció entonces y al mirar a los jóvenes muertos por el ataque del lobo, se acercó a Custos y le acarició el lomo. Elena quiso hablarle pero empezó a perder el sentido.

—Elena, ¿puedes oírme? Vamos, pequeña, despierta.

Lograr aclarar la nube que flotaba en su cabeza fue difícil y hablar, aún más. Le dolía demasiado la boca. Charles maldijo durante algunos segundos, Elena se encogió aunque fue doloroso.

No imaginó que pudiera sentir miedo de él, incluso más que lo que podría sentir por Custos. En ese momento Charles estaba fuera de sí. Su agitación lo calmó, luego se dirigió a ella luciendo más en control.

—Escúchame, debes descansar, yo me haré cargo. Tenemos que llevar los cuerpos lejos de aquí.

—Sus familiares vendrán por Custos...—Elena sentía pánico—

—No se acercarán, de eso me encargo yo, te lo prometo. Estuve rastreando la zona y Custos es el único lobo. Si los dejo cerca lo van a cazar. Debo implantar en la mente de sus familias que ellos tenían tiempo de organizar una salida a cazar lejos de aquí.

— ¿Podrás protegerlo?

—Si. Voy a ayudarte con el dolor, si alguien nos espía y no se te ven las marcas levantaremos sospechas.

Unas horas después, mientras esperaba que Charles viniese de su misión, pensaba en él. Era poderoso y no le importaba hacer alardes de eso. Para ella, tal poder debería llevar cierta responsabilidad. En sus sueños él lucia poderoso pero contenido, nunca le dejó ver su verdadera esencia.

Custos dormía a los pies de su cama. Su amigo no había hecho contacto con ella aún, así que no tenía con quien charlar. Se arrodilló frente al lobo y le acarició el rostro con gentileza.  El lobo la miró fijamente y luego le lamió el rostro. Mientras reía recordó de pronto que April su gatita no había aparecido durante el día. Ya sabía que Custos no la lastimaría así que era raro no oírla maullar pidiendo comida.

Sabía que aquel ataque tendría graves repercusiones en la dinámica de vida que llevaba allí, pues mal que bien nada de eso había sucedido mientras Charles estuvo fuera. Entonces su presencia ahí no parecía ser lo mejor. Estaba por llegar a la sala cuando fue consciente de que Charles estaba en una esquina de aquel salón, su respiración era casi imperceptible a tal punto que llegó a pensar que no respiraba.

— ¡Por mil demonios, Charles!

—Lo siento, acabo de llegar y simplemente miraba el paisaje. Deberías estar descansando.

—Quisiera... tomar un baño. Necesito relajarme.

—Bien, lo prepararé todo. Te doy quince minutos pequeña, luego entraré a buscarte.

— ¿Estás loco? Necesito tiempo sin estrés. No es como si me voy a suicidar hundiéndome en el agua.

Quince minutos después Charles la ayudaba...corrección, sacaba del agua. Le preparó ropa limpia y salió a revisar todo mientras se vestía. Luego de una deliciosa cena se quedaron en la sala tomando una copa de vino.

—Me siento responsable, te han atacado por mi culpa.

—Nada justifica su actitud, Charles.

—Lo sé, sin embargo no lo hace más fácil.

—Me tiene preocupada que tampoco puedo encontrar a mi gatita April. Siempre me espera en la cocina para que le sirva su cena. Quizás suene absurdo pues es solo una gata, pero es mi única familia.

—Estaré atento, no me parece absurdo que te preocupes por ella. En cuanto a lo de la familia, sé que han sido momentos difíciles, pero ya estoy aquí, nunca más estarás sola.

—Gracias por todo, Charles, ha sido un día difícil.

—No es justo lo que te han hecho, por eso he decidido adelantar mis planes. Es hora de que escuches mi historia, de que conozcas sobre nosotros, sobre mi especie.

—No vas a negarme que es extraño escucharte decir “tu especie”. Pero imagino que vas a darme respuestas a las interrogantes que he tenido por años. Pero no entiendo tu prisa, estoy realmente cansada.

—Escúchame, hay demonios detrás de ti por eso el tiempo se agota. Ya hemos estado juntos, te he protegido en tus sueños, debes confiar en mí.

—Dudo ser capaz de esto ahora, es extraño no lo tomes a mal pero preferiría ir a descansar.

—Bien, pero mañana insistiré y lo haré hasta que decidas escucharme.

Mientras estaba acostada algunas horas después, Elena se sentía ansiosa. Por años había querido comprender todo, tanto a Charles y sus misterios, como las cosas que le sucedían. Pero en aquel momento, casi estando cara a cara con las respuestas, no se sentía muy valiente. Su inquietud atrajo a Charles, quien la observaba con preocupación desde el marco de la puerta.

— ¿Qué está mal? —preguntó Charles. El corazón de Elena iba demasiado rápido. Y eso en un humano que está acostado no es otra cosa que pánico—

—Desde que tengo memoria, he deseado conocer la verdad. Pero me aterra lo que voy a escuchar.

—Trata de descansar. Iremos poco a poco.

Cerca de las 3 am, Elena despertó debido a un ruido, algo la obligaba a ir a revisar. Al acercarse a la ventaba escuchó una voz. Le reconoció de inmediato. Iba a verlo cuando encontró una nota de Charles.

"Elena, salí de cacería, espero que las pesadillas se mantengan a raya, pero si lees la nota es porque te despertaron y lamento no estar allí para acompañarte. ¡Por nada del mundo salgas de la casa!   Volveré antes del amanecer".

Charles, siempre tan mandón. Aquella actitud la cansaba un poco. Pero aprovecharía que no se encontraba en la casa para salir a charlar con su visitante. Algo no se sentía correcto pues debía estar muerto, pero el amor que sentía por él eclipsaba cualquier voz de advertencia en su cabeza.

—Elena mi niña... ¿dónde estás? Ven cariño...debemos regresar a casa. Estos demonios te tienen confundida. No he muerto, lo hicieron solo para que accedieras ir con ellos.

Elena entró en una euforia total, su papá estaba vivo. Se alejaba de la casa y sin cuestionar todo aquello empezó a seguirlo. En algún lado de su cerebro registraba dolor pues estaba descalza, pero llegar a su papá era su cometido. La noche estaba helada, el bosque normalmente ruidoso estaba sumido en el más absoluto silencio. Caminó tratando de alcanzarlo, se movía rápido, tan rápido que parecía un ser etéreo, pero en aquel momento no le prestó atención a eso.

Pasaron algunos minutos desde que lo vio, pensaba que quizás había alucinado aquello. Estaba tan absorta en esos pensamientos, que no se dio cuenta que se le hundió el pie en un pequeño agujero. Caer al suelo fue lo que la despertó de ese extraño letargo, era como estar poseída por alguien que controlaba su cuerpo. Sentía como si se reventara una burbuja, el pie comenzó a doler, el frío empezó a afectarla y todo aquello dejó de ser lógico.

Se puso de pie y mientras trataba de regresar, Charles apareció frente a ella evitando que se acercara a su padre, o al menos a quien parecía serlo.

— ¿Qué haces? Es mi padre.

—No lo es, tu papá está muerto. Además no te buscaría a estas horas ni te expondría a tantos peligros, piénsalo un poco, esta criatura desea matarte para evitar que me escuches.

— ¡Es él!

— ¡Maldita sea Elena, reacciona!

Charles la sacudía enérgicamente, quería hacerle entrar en razón pero resultaba impactante ver a su papá de nuevo. Elena solo quería charlar con él, pedirle disculpas por lo sucedido porque aunque fue un accidente sentía que era su culpa.

— ¡Suéltame ya, déjame tranquila! No imaginas la alegría que me da poder ver a mi padre de nuevo.

— ¡Que no es tu padre!

Elena trataba de pensar, algo le decía que Charles estaba en lo correcto. Pero aquello era más fuerte que ella.

—Papá, perdóname, no quise hacerte daño.

—No te lo mereces, me asesinaste, ¿recuerdas?, por tu culpa estoy muerto, lo menos que puedes hacer es obedecerme. Fui demasiado blando contigo toda la vida.

—Necesito que me perdones.

— ¡Jamás! De no haber llevado el collar las criaturas no nos hubiesen atacado. Es como la luz de un faro que atrae a los demonios.

—Lo siento tanto papá, no hay día que no me reproche tu ausencia.

Elena  extendió la mano hacia su papá, pero antes de lograr tocarlo se asustó y dio un paso atrás.

—¡¡¡Tonta mortal!!!

Aquel "ser" levantó la mano mientras ella lo miraba llena de confusión, ahora que había asumido su verdadera forma sentía miedo. Un poco aturdida empezó a correr. El sol comenzaba a salir y eso le daba algo de claridad al bosque.

— ¡No te atrevas a moverte de nuevo! —Dijo aquella voz—si lo haces morirás.

Su cuerpo se quedó petrificado, era presa de un miedo incomparable. De pronto fijó la vista en el que la había engañado ¿Cómo le había creído? Por otro lado Charles permanecía ahí, dispuesto a luchar con esa "cosa" para defenderla, como en sus sueños y ella... estaba pagándole tantos años de ayuda con deslealtad.

De pronto tenía a Mikael, el lobo negro, gruñéndole para evitar que se moviera. Charles corrió a ellos y se arrojó sobre el animal.

En cuanto Charles logró detenerlo un poco se alejó, no la necesitaba allí, pues entorpecía su trabajo. Fue entonces que se preguntó si para él ella era una carga y nada más. El frío del amanecer estaba acompañado por unas cuantas ráfagas de viento, los árboles se movían intensamente y las hojas se agitaban a su alrededor, no debía dejar que el gélido ambiente lograra derrotarla. Mientras sus pensamientos divagaban tropezó con una raíz.

Cayó por unos segundos, hasta que el tronco de un árbol detuvo su viaje. Elena quería rendirse, dejarse ir. Pero recordó que Charles estaba luchando para salvarla y aquello le dio nuevas energías. Al levantarse pudo ver su casa. El haber salido de prisa tenía sus ventajas, la puerta continuaba abierta. Pensando que no daba más, descartó el subir a su habitación y simplemente se dejó caer sobre el sillón. Tan solo unos segundos después Charles estaba con ella. Pero entonces sintió miedo. Si su atacante había logrado tomar la forma de su padre, ¿Qué garantía tenia de que aquel era realmente Charles?

—Creí que te había perdido. ¿Cómo te sientes?, estás algo pálida.

—Solamente cansada, no creo tener más que raspones.

—Eso está bien fuiste bastante afortunada, la criatura pudo herirte de gravedad Elena.

— ¿Cómo supiste que no estaba en casa?

—Dos cosas sucedieron al mismo tiempo. Estaba llegando cuando encontré a Custos peleando contra algo que no se veía. Daba la impresión de estar siendo retenido. Agnes me dijo que algo te sucedía y Custos quería ir.

Pero ambos sabíamos que Custos no tiene poder, enfrentar criaturas como la que atacó, luchar contra Mikael es una batalla perdida, por eso le retenía. También sentí tu collar, este me dejó saber tu ubicación.

—Le creí, se veía real.

—Adoptó la forma de tu padre y te engañó pero a mí no. Ni que decir del maldito Mikael, que ambos estén juntos es realmente preocupante.

— ¿Cómo supiste que no era mi padre?

—Cómo te dije antes, tu papá jamás te hubiese hecho salir de noche al bosque. Añádele que mi poder me permite verlo en su verdadera forma  Además sabía sobre el medallón y no solo eso, primero te dijo que estaba vivo y después te dijo que lo habías asesinado.

— ¿Cómo sabes lo que me dijo al inicio, eso de que estaba vivo si no estabas ahí?

—Estaba cerca, tu collar me llevó a ti antes del primer golpe. Quise ver si eras capaz de recordar mis enseñanzas y no fue así. Debemos trabajar la parte emocional que es la que te llevará a la muerte. Pero todo eso lo hablaremos más tarde. Tratemos de que duermas algo.

Custos ya libre del poder de Agnes subió con ella

y durmió a su lado. Abrazar a su lobo de daba paz y tranquilidad. Horas más tarde tras haber descansado un poco, Charles inició su relato. Su argumento básico era que al parecer, el haber escogido esa casa en particular la hacía merecedora de su historia. La situación estaba clara, todo había sucedido muchos años atrás.

—Los monstruos de tus pesadillas reafirmaron que eras a quien buscábamos, luego estaba el asunto de esta casa, te ha aceptado y permitido vivir en ella, esa es mi señal definitiva, Elena.

—Tengo claro que eres el mismo Charles de aquella época aunque es difícil imaginarlo. Pienso en años humanos, como mortal y por eso mi primer instinto es pensar que mientes. Pero sé que no eres mortal, no comprendo aún qué eres.  ¿Cómo estás tan seguro de que soy yo a quien buscas?

—Dediqué todo mí tiempo a buscarte, me invocaste cuando tenías cinco años, ¿recuerdas?, pediste un ángel de la guarda. Desde entonces te he seguido, cuidado y entrenado. Debía asegurarme de que había escogido bien. En un principio pensé que nuestros enemigos me hacían creer que eras a quien buscaba y que mientras atacaban en sueños a una niña inocente, ellos eliminaban a la verdadera.

Tú aura completamente blanca, la madurez excesiva, tú aroma, tus ojos, el color de tus mejillas, todo jugaba a mi favor. Luego compraste mi casa a pesar de que te habían advertido sobre la brujería y demás cuentos. Y no solo eso, la consideraste tu hogar, la sentías cálida a pesar de que el resto de los mortales la creían lúgubre, tétrica. Para terminar de corroborar mis sospechas este lugar te protegió de las vecinas. Necesito que me escuches con calma para poder mantenerte a salvo. Si luego decides seguir tu camino y alejarte de mí, lo entenderé.

—De acuerdo, trataré de escuchar sin perder la cabeza.

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