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Tragedia y un misterio

Author: Cassandra Hart

Algunos días después cuando casi era navidad su papá tuvo que ir a comprar algunas cosas para cenar y le pidió a Elena que fuese con él. Aquello no le gustó a Charles pero no podía evitarlo, su papá tenía una clase de “poder” sobre ella. Nunca podía negarse a nada de lo que le pedía. Mientras su padre recogía la billetera, Elena avanzó al auto.

Sentía a Charles tras ella, pero no lograba escucharle. Este parecía temer por su vida, como si su papá estuviese por hacerle daño.

El auto estaba cerrado y hacía mucho frío. Su padre llegó a ella viéndose molesto, eso pasaba siempre que discutía con su madre. Sin ser amable o cariñoso le abrió la puerta y Elena supo que no debía hablar.

—Entra. Esta cena es tu culpa. Por mí me quedaba en casa mirando tv. Malditos humanos y sus costumbres.

Elena se sentía aterrada, no quería ser paranoica pues su papá era humano. ¿Cierto? Seguramente el problema con su mamá había sido muy importante. La otra voz apareció, estaba alterado y temía por su vida.

† Elena, trata de bajarte de ese auto. Alguien estaba bloqueando nuestra comunicación. Necesitaba evitar que subieras y ya es muy tarde. Inventa una excusa, dile que estás enferma y logra que te deje salir.

Pero antes de poder pensar en que hacer alguien se atravesó en la carretera, el papá de Elena intentó esquivarlo pero fue inútil. El auto giró varias veces antes de dirigirse a una especie de barranco. Elena se golpeó la cabeza y perdió el conocimiento, por eso no se dio cuenta que Charles la sacaba del auto y la colocaba a un lado del camino mucho antes que el carro se detuviera. Recuperó la consciencia algunos minutos después.

—La ayuda viene en camino, ya estás a salvo.

— ¿Charles?

—Debes mantenerte tranquila, la ambulancia tardará un poco, ignoro si tienes heridas internas, por eso no debes moverte. A tú cuerpo no puede pasarle nada.

Era tal la conmoción que tardó un poco en procesar el sentido de aquellas palabras o de comprender que Charles estaba a su lado y no en su mente. Las palabras de su atacante unas noches atrás llegaron a ella y comprendió que quizás las razones de Charles para cuidarla iban más allá de lo que comprendía. Supo que la cubría con una manta, que se preocupaba por ella. Atravesó esa línea entre luz y oscuridad varias veces y cuando lograba abrir los ojos lo veía sobre ella.

—Si te ayudo a sanar, alertaré a quienes te quieren muerta. Por eso debemos esperar por la ambulancia.

—Me duele…ayúdame...

—Si te sano quedarás débil y si nos atacan me será imposible cuidarte.

—No puedo quedar peor de lo que estoy ya.

Charles parpadeó como si despertara de un sueño. ¿Personalidades múltiples?

—Elena, te ayudaré a sanar.

—Pero acabas de decirme que no puedes.

—Seguro lo imaginaste. Las heridas serán solamente superficiales, el dolor más serio se irá.

Charles cerró los ojos y colocó sus manos sobre Elena, la cual empezó a sentir un calor que la recorría por el cuerpo. Al estar aliviada pudo pensar y recordó a su papá. Si Charles estaba con ella, ¿quién lo ayudaba a él?

—Mi padre... debo...

—Por ahora no puedes ni debes moverte. He reparado el daño general pero si no te quedas quieta las heridas se abrirán de nuevo.

—Está muerto, ¿verdad?

— ¡Maldición Elena! ¿Supondría alguna diferencia? Sí, está muerto. Lamento ser tan frío, debes entender que solo así lograré evitar que hagas una locura.

Charles se mostraba realmente hostil, su papá estaba muerto y no manifestaba ni gota de compasión. A decir verdad, lo que la afectaba más era la culpa, si ella no hubiese querido “una cena especial” no hubiesen salido por los ingredientes y nada habría sucedido. La noche avanzaba sobre ellos, la ayuda demoraba mucho, lo que era extraño ya que el hospital se encontraba a tan solo unas cuantas cuadras. Elena trataba de mantener los ojos abiertos pero era difícil.

— ¡Eres tan frágil!

—Gracias por estar conmigo.

Minutos después escucharon una ambulancia así que Charles desapareció. Los paramédicos no entendían cómo era posible que hubiese salido viva, incluso con buena temperatura corporal, pero sus voces sonaban distantes, en ese momento únicamente pensaba en su papá y el dolor causado por tal pérdida.

Al llegar al hospital había una gran cantidad de médicos listos para atenderla. Una enfermera, que cómo mucho tendría 25 años llegó a tomarle los datos. Lo más extraño fue cuando preguntó sobre algún familiar a quien pudiesen llamar. Elena le dijo que a su madre y la muchacha se puso muy pálida, luego salió de la habitación sin explicarle nada. Pocos minutos después llegó el médico.

— ¿Han llamado a mi madre?

—Mire, Elena, no sé cómo decirle esto, probablemente usted no recuerda mucho debido a la conmoción, su mamá estaba con ustedes en el auto, ella también ha fallecido. Asumimos que usted logró saltar el auto antes de que cayera por la colina y que golpeó alguna piedra. Porque las placas muestran que aparte de heridas superficiales no tiene usted más que raspones.

— ¡¿Qué?! No..., usted se equivoca, ella se quedó en casa, éramos solo papá y yo.

—Ella viajaba en la parte de atrás, tal vez usted es víctima de un shock por la impresión.

—No, mamá no está muerta, usted miente. ¡Déjeme ir! debo llegar a casa, les mostraré que se equivocan.

—Debe calmarse, nuestro psiquiatra vendrá a verla dentro de un rato.

— ¿De qué demonios habla? ¿Un psiquiatra? No, no necesito ver a un maldito psiquiatra, lárguense y déjenme sola.

—Usted necesita ayuda y...

— ¡Largo ya! ¡Déjenme!

—Mire, presumamos que su madre estaba en casa, ¿cómo la llevaron al lugar del accidente, la pusieron allí y arreglaron todo? Parece que iban de viaje, en el auto hay restos de varias valijas.

— ¿Y cuándo puedo salir de aquí?

—En unos cuantos días. Es increíble que no muriera congelada.

—Charles me sacó del auto.

— ¿Este supuesto Charles la sacó de un auto mientras daba vueltas, justo antes de que explotara? ¿Ve lo que le digo? Cuando la encontraron no había nadie junto a usted. Por ahora descanse, mañana veremos cómo evoluciona.

— ¿Por qué explotaría un auto que solo se salió de la calle para esquivar a alguien?

—No soy mecánico, joven. No tengo idea.

Cuando la voz de médico empezaba a sonar distante, empezó a pensar en cómo salir del hospital. Nada de aquello tenía lógica. Además algo en los medicamentos que estaban dándole la mantenía en una especie de letargo, trataba de pensar en Charles o en su “amigo imaginario” y no podía contactarles. Durante dos días más le administraron medicamento mediante inyecciones pues de acuerdo a las enfermeras ella hablaba de amigos en su mente, de un tal Charles y creían que todo lo había imaginado debido al golpe.

Una semana después Elena empezaba a desconectarse tanto que ni siquiera recordaba a Charles…ni a la voz. Cuando llevaba casi un mes no pensaba en nadie, hasta que recibió una visita inesperada. Era medianoche cuando un hombre se situó a los pies de su cama. Empezó a moverla para hacerla despertar. Elena apenas abrió los ojos y volvió a cerrarlos, estaba demasiado drogada.

Charles estaba ahí, había tratado de llegar a ella cuando estaba en el hospital pero le dijeron que se había ido a su casa. Al llegar no la encontró y tras varios días descubrió que había sido internada en una clínica psiquiátrica. La mantenían tan dopada que por eso no habían podido comunicarse. La prioridad era llevarla a casa y ayudarla a limpiar su sistema con ayuda de la magia de Agnes.

La levantó en brazos y avanzó hasta la puerta principal.

— ¿Quién eres?

—Chales, tu protector…

—No eres real.

—Lo soy, te sacaré de aquí.

—Mi medicina, necesito mi medicina.

—Esa medicina es mala. Te daré medicina buena. Ya vas a ver.

Atravesó todo el lugar sin importarle los gritos de las enfermeras. Cuando los ayudantes se acercaban les derribaba sin siquiera tocarlos. Parecía tener una especie de campo de energía a su alrededor. Después de salir colocó a Elena en el suelo, esta no podía quedarse sentada y se acostó. Con horror y dentro de la burbuja de letargo observó las manos de Charles llenas de flamas. Poco después el lugar ardía en llamas.

Llegaron a la casa de Elena, ella seguía sintiéndose muy mal.

—Una amiga vendrá, su nombre es Agnes.

—Necesito que me ayudes, me siento rara.

—Ten calma, está por llegar.

—Quemaste todo. Había otros pacientes…

—No había nadie más. Los que te quieren muerta te mantenían ahí. Y aunque hubiese habido inocentes, no podía dejar tu rastro. No puede haber testigos de ninguna clase.

Agnes apareció para ayudar. Se acercó a Elena y la miró con preocupación.

—Cuando me convocaste Charles, estuve en contra. No se suponía que ella me conozca aún y tampoco puedo borrarle la mente pues en ella no va a funcionar. No solo fue drogada sino poseída. Siento a un demonio inferior, no sé cuál es su función.

— ¿Puedes revertirlo?

—Si. Necesito que vayamos al jardín, que pongas protecciones en el terreno para que ningún mortal vea lo que hacemos. Necesito llamar a la lluvia y después de lavar su cuerpo con esa agua pura haré el exorcismo.

— ¿Será peligroso para ella?

—Incómodo.

— ¿Sólo eso me vas a decir?

—No hay más que decir. Deberías ir a charlar con Lucifer.

— ¿Por qué meterlo en esto?

Agnes Waterhouse era una de las brujas más famosas que Inglaterra haya visto. En su momento fue acusada de crímenes realmente atroces, estaba ligada a Charles y los suyos debido a una larga historia. Por lo mismo sabía de la cercanía de la familia  Real a la que pertenecía Charles, con la familia Real del Inframundo.

Agnes sabía que si un demonio menor estaba causándoles problemas, Lucifer enviaría a Ramiel. Antón manejaba demasiadas cosas como ejecutor de la familia y tenían problemas con otros sobrenaturales que atacaban humanos, sin embargo nunca se harían de la vista gorda en caso de que Charles pidiese ayuda.

Trataría de indagar sobre lo que sucedía. Colocaron a Elena en el césped y empezaron. Charles levantó protecciones, ella

levantó los brazos y empezó su ritual.

Elementum recolligo

Huic commodo locus 

Mihi vestri vox.

Elementum ego unda dico vos.

Permissum

Pluit es est meus nos sic vadum is  exsisto

La lluvia caía con intensidad, Elena sentía mucho frio. Luego de algunos minutos la lluvia se detuvo y ella se encontró seca y sin frio. Luego se acercó ella y procedió a realizar el exorcismo.

Regna terrae, cantata Deo, psallite 

Cernunnos, Regna terrae, cantata Dea psallite

Exorcizamus yo omnis immundus spiritus

Omnis satanica potestas, omnis

Incursio,Infernalis adversarii, omnis legio,

Omnis and congregatio secta diabolica.

Terribilis Deus Sanctuario suo,

Cernunnos ipse truderit virtutem plebi Suae,

Aradia ipse fortitudinem plebi Suae.

Elena empezó a convulsionar. De su boca, nariz y oídos empezó a salir una sustancia negra y viscosa. Después cayó en un sueño profundo. La llevaron a la sala y tras colocarla en el sillón, Agnes le borró parcialmente la memoria.

—Sabrá que vine y que recité palabras en latín, pero no recordara nada sobre lo que pasó.

36 horas después, Elena estaba sentada en el porche de su casa. Habían sido horas terribles. Charles no le había explicado todo, omitió por ejemplo que las palabras extrañas que recitó la mujer en su sala, no solo iban a limpiarle el sistema, también la harían vomitar y tener una jaqueca comparable con beber sin parar una semana. Se habían puesto serios también y había prometido tratar de averiguar el asunto de su madre y su muerte. Estaba pensando en ellos cuando una vecina llegó a decirle que lamentaba su pérdida.

—Sigo sin entender nada, mamá estaba en casa.

—Pero yo los vi marcharse a los tres.

—No es posible.

—Sí Elena, no tengo por qué mentirte. Lo mejor es que vayas a descansar, ni siquiera sé cómo te dejaron salir del hospital.

—Debo irme... gracias por sus condolencias.

Nada tenía sentido, antes de estrellarse había visto a un hombre frente al automóvil y su papá había girado para evitar atropellarlo, iban solos en el auto... Aunque Charles encontrara respuestas, jamás conseguiría que ella aceptara que su mamá viajaba con ellos. No estaba loca y sabía que en el auto iban su padre y ella, nada más. Si aquello era obra de demonios, eso podría entenderlo y sería la única explicación posible. Sin pensarlo dos veces llamó a su amigo. Quizás él conocía a Blu o quizás a Gabriel.

† Elena, me tenías preocupado.

† Me tuvieron sedada en ese manicomio.

† Lamento la muerte de tus padres. Estás en lo correcto, iban solo tu padre y tú. Pero algo me impide ver lo que sucedió.

† Al menos sé que no estoy loca. Quería decirte algo.

†

Adelante.

† Conocí a alguien, un Druida. Antes de que todo sucediera.

† Criaturas interesantes, honestas y de gran sentido del humor. ¿A cuál conociste?

† Blu.

†

¿Te habló de su hermano?

† Solo mencionó su nombre, Gray.

† Son criaturas leales. Su madre es famosa por su poca originalidad a la hora de escoger nombres.

†

¿Sabes algo de una pulsera?

† Sí, son famosas. La entregan una sola vez. Esto sucede cuando ellos sienten una conexión con la otra criatura. Los que las reciben son afortunados pues les tienen como protectores.

† Blu me dio la suya.

† Eso es algo valioso. No debes mencionárselo a nadie.

† Eso me lo dijo Blu.

† Es peligroso. No solo viene a ti cuando la usas. Si esa información sobre que una humana tiene acceso al Valle cae en manos equivocadas, pueden retenerte para forzarlo a hacer un intercambio. El que estés atada a Blu hace que sea capaz de dar su vida por ti. No son guerreros, son un pueblo pacífico que vive siendo UNO con la naturaleza. Pero poseen armas poderosas que no existen en ningún otro sitio, capaces de aniquilar pueblos enteros.

† Si son pacíficos…

†

¿Por qué semejantes armas? Por siglos se les ha confiado un rol de custodios de armas que fueron responsables de grandes aniquilaciones. No armas humanas si eso ibas a preguntar. Armas que son destinadas a destruir y someter clanes enteros.

† Me dijo que un ser llamado Gabriel, ejecutor de la raza es el único que puede verla.

† Maldito bocón. No debe hablarte de Gabriel, no aún.

†

¿Lo conoces…? a Gabriel, digo.

† Sí, más de lo que puedas imaginar. Mantén esto de la pulsera en secreto. No se lo digas a Charles.

† De acuerdo.

† Me alegro de que podamos conversar nuevamente.

† Charles incendió el hospital.

† En esta ocasión estoy de su parte.

Después de charlar con su amigo Elena dedicó algunos minutos a pensar. No podía engañarse a sí misma. Charles la había salvado y entrenado en sueños, pero realmente no conocía los motivos que tenía.

La criatura que la atacó en compañía del lobo dijo que para Charles ella era solo un recipiente. La voz en su cabeza le pedía no mostrarle a Charles la pulsera, es decir…no debía confiar en él.

Elena subió al segundo piso, empacó cosas personales, tomó sus tarjetas de débito y dio gracias a Dios pues como era de ahorrar cuánto dinero le daban sus padres, tenía suficiente para subsistir unos días en caso de no lograr vender rápidamente sus propiedades. Era tentador comprar cosas y no pagar por ellas, pero era una línea que cruzaría solo si se empezaba a morir de hambre. Tenía un tío que siempre mostró interés por las propiedades que tenían en Carolina del Norte. Así que charló con él por teléfono y cuando este le confirmó que sí las quería, pidió un taxi y fue a su casa. Una vez ahí, este le sirvió una buena taza de café.

—Vamos Elena, esto por lo que has pasado es difícil, a tu edad ya estás sola, sin nadie más.

—Tío, quédate tranquilo.

—Soy un viejo viudo y sin hijos a quien no le importaría si su sobrina se quedase una temporada.

—Tío…

—No quiero imaginarte sola en algún lugar lejano, al menos no durante los primeros días.

—Gracias tío, pero necesito alejarme de todo lo que tenga sus recuerdos y este lugar está lleno de ellos. Además ya tengo 21 años, puedo cuidarme sola.

—Bueno, entonces vete a Australia, allá tendrás un séquito de empleados a tu disposición.

—Sabes...detesto que me sirvan como si fuese una reina, además necesito sanar a mi propio ritmo.

—Bueno, así será, pero apenas te establezcas me avisas.

— ¿Cómo haremos para que pueda firmarte los títulos de propiedad?

—Mañana iremos dónde el abogado de tu papá. Desapareciste muchos días y tuvimos que enterrarlos. Sé que fuiste su única heredera. Solo es asunto de que el licenciado redacte la carta de venta y ya.

Te daré una buena cantidad de dinero mañana para que puedas dejar el país y ya cuando las propiedades estén a mi nombre te deposito el resto. No quisiera que te marches a esa ciudad, es muy peligrosa. Yellowknife nunca ha sido conocida por ser una zona tranquila.

—Pero nunca mencioné esa ciudad. ¿Cómo sabes de ella?

En aquel momento el tío de Elena supo que había hablado de más, por eso era prioritario desviar la atención de su sobrina.

—Lo mencionaste hace un rato, ¿sino cómo podría saberlo?

Elena estaba tan confundida que prefirió ignorar aquello pues en ese momento no le pareció realmente importante. De haber prestado atención hubiese notado que su tío también poseía un collar con sangre de demonio. Tras verse con el abogado regresó a su casa y le pidió a su vecina Simona que fuese un momento.

—Hola Elena. Entonces te vas.

—Si. ¿Aún buscas trabajo?

—Sí, pero nadie emplea a una mujer que tenga un bebé. La cosa está difícil y como mi esposo murió no he podido equiparme con cosas para ayudarme con el bebé.

—Mañana vamos a ir a la tienda. Considera esto parte del pago que te daré para que me ayudes.

—Elena…

—Acepta esto porque no confío en nadie más.

Para sorpresa de Simona, Elena le compró no solo lo que parecían ser toneladas de ropa, pañales y juguetes. Compró un coche, una cuna y tres corralitos para jugar.

—Deja la cuna y un corral en tu casa, armaremos los otros en mi casa. Necesito que vengas diario a limpiar. Airear la casa. Que trabaje la calefacción por ratos para asegurarnos que no se averíe. Has compras completas una vez al mes y las cosas que creas van a vencer, te las llevas y las repones con mi dinero.

— ¿Pero para que dos corralitos?

—La casa es grande, pondremos un corralito arriba y otro abajo. Si te cansas o si debes alimentarlo, hazlo con tranquilidad. Nadie va a fiscalizar que hagas mil cosas al día. Tienes que tener tu tiempo con él y si mientras estás arriba ordenando se duerme lo puedes poner en el corralito y ya.

Luego si estás limpiando abajo, pues igual. Usa la tv a tu gusto y calcula en las compras buscar cosas que te gusten. Te daré un depósito mensual para gastos y también tu salario. He dejado la lista de cosas que me gusta comer para que las compres siempre.

—Muchas gracias Elena.

Le entregó un cheque y se fue. Pasar aquella mañana con su amigo, el vendedor de Café fue una buena forma de despedirse. Necesitaba ver el puerto deportivo una vez más. Para su mala suerte cuando fue hora de ir al aeropuerto le tocó un taxista conversador.

— ¿Va de viaje, señorita?

—Sí señor, a uno muy largo.

— ¿Y no lleva más equipaje?

—No, es todo lo que necesito.

Fue difícil luchar contra el impulso de ahorcarlo, durante media hora se mantuvo hablando compulsivamente.

—Bien, ya llegamos, que tenga un buen viaje.

—Gracias, buenas noches.

Ya dentro del aeropuerto fue a tomar un café. No sabía qué hacer con su vida, necesitaba alguna señal divina. Sabía que debía ir a Canadá, pero en aquel momento deseaba ignorar todo y ser libre.

—Bienvenida, señorita, mi nombre es Tamika y estoy para atenderla.

—Necesito un boleto para Texas.

—Claro que sí, deme un minuto.

Mientras buscaba la tarjeta para pagar pues no pensaba robar nada, apareció Charles. Trató de tocarlo, pero su mano atravesó su cuerpo... ¿un fantasma?

— ¿Es que acaso me olvidaste?

— ¿Olvidarte?

—Debes ir a Canadá, de otra forma me será imposible cuidarte.

—No lo sé, eso me parece una locura.

—Ve a Yellowknife.

— ¿Y luego qué? ¿Dónde te encontraré?

—No me busques, yo lo haré en el momento justo. Las señales te llevarán al lugar correcto.

— ¿Qué haré si no logro encontrar tus señales?

—Cuando ellas te encuentren lo sabrás.  No dudes más Elena y ve a Canadá.

Y eso fue todo, desapareció sin decirle nada más. Elena no pudo evitar estremecerse. Aquella situación la tenía tan tensa como la cuerda de un violín. Su palidez fue obvia para la joven que la atendía.

— ¿Está usted bien, señorita?

La mujer la miraba con gesto de preocupación pues la había escuchado hablando sola.

—Sí, estoy bien, solo deme un boleto para Yellowknife.

— ¿Canadá? Mire joven, tengo demasiado trabajo como para estar aguantando bromitas.

Sin saber cómo, Elena pudo percibir sus pensamientos; según ella era una joven indecisa a quien seguramente sus padres le daban todo el dinero que quería, pero sus pensamientos no fueron los que la irritaron sino su risita bobalicona. De acuerdo a la vieja esa, Elena debía estar drogada ya que hablaba sola.

— ¿Quién se cree para tratarme así?¡¡¡Solo quiero mi maldito boleto...!!!

Varias personas que estaban cerca se volvieron hacia ambas, la empleada de la línea aérea palideció, pero Elena no se arrepentía, al fin y al cabo su trabajo era darle el boleto. Molesta consigo misma, pero sobre todo con la estúpida del mostrador, se inclinó sobre ella y le dijo:

—No soy una consentida a quien sus padres le dan dinero para gastar. Ambos acaban de morir. Ah y tampoco me drogo, soy una bruja que lee mentes y voy a visitarte mientras duermes.

Pronto apareció el gerente de la aerolínea quien reprendió a la mujer. Tamika —de forma increíble— se puso más pálida. Pero terminó de atenderla. Durante el vuelo logró dormir mejor, en esa ocasión sus sueños eran calmos. Estaba en una casa de madera, se encontraba sentada junto a un sauce llorón. Después de eso ya no pudo dormir y mientras observaba por la ventana, esa voz llegó a ella de nuevo.

† Lo siento mucho Elena, quisiera poder evitarte este sufrimiento. Pero pronto estaremos juntos y ya nadie podrá separarnos.

† ¿Quién eres?

† Pronto lo sabrás. No digas a nadie que conoces, ni a Charles, debes mantener el secreto.

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