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Cazadores
Author: Cassandra HartPor mutuo acuerdo se tomaron un descanso, Elena aprovechó para darse un baño y luego se reunió con él en la sala. Con un café en la mano y comiéndose una ensalada, se sintió más humana.
—Esta casa era de tu madre ¿verdad?
—Sí y se sentiría muy halagada de ver lo que hiciste con ella.
—Cuando llegué a vivir aquí todos me juzgaron, pero en esta casa me sentí a gusto, fue sencillo tomarle cariño. Si Isabelle quiere volver, puede hacerlo. Yo buscaré otro lugar...
— ¿Crees que yo te dejaría sin hogar? Al fin y al cabo este lugar fue heredado por mí, por eso te dije en sueños que vinieras aquí, para poder protegerte.
—Ahora que lo mencionas, Charles, me dices que heredaste esta casa, pero el alcalde me dijo que llevaba muchísimos años deshabitada. Si era tuya, ¿por qué la pusiste en venta y te arriesgaste a que alguien la comprara?
—Elena, a pesar de que te protegía desde tus cinco años, aunque te tomé un inmenso cariño, solamente cuando te viera entrar en esta casa y fueras aceptada por ella, iba a estar totalmente seguro. La casa tenía un encantamiento que la mantenía a salvo de cualquier posible comprador. Muchos humanos intentaron incendiarla para destruirla, pero nunca tuvieron éxito.
—Ya veo, a mí la gente me trató de forma hostil desde el primer día.
—Fueron injustos, jamás lo esperé.
— ¿A ustedes, cómo los recibieron?
—De forma similar. Siempre teníamos sus miradas curiosas analizando todo.
— ¿No exageras?
— ¿Lo haces tú con tu percepción sobre la forma en que te trataron? La mente humana es la más imaginativa que existe, ninguna otra criatura se asemeja a ustedes, algunas veces es una ventaja ya que les permite aislarse y olvidar sus propios problemas, pero en otras ocasiones los lleva directamente al peligro.
Al llegar descubrí que la gente de aquí era demasiado afable, eso nos hacía estar aún más alertas. Una de las cosas que no jugaba a nuestro favor eran los ojos, pues no es común que las personas los tengan amarillos. Aunque papá se encargaba de comentar nuestra extraña y anómala condición genética, los seres humanos seguían hablando. Él se encontraba preocupado por mi actitud, entonces un día antes de irnos a la ciudad, me dijo algunas cosas que en su momento me molestaron un poco.
— ¿Qué cosas?
—Insistía en que debía esforzarme, el asesinato no estaba permitido o al menos no por caprichos, según su opinión. Decía siempre que no éramos vampiros, que no debíamos estar sujetos a una especie de sed de almas. Éramos…somos una de las razas superiores y debíamos actuar en consecuencia.
—Pero no entiendo a tu papá. Claro que tenías que tener cierto cuidado, pero hablamos de criaturas no humanas, donde el instinto depredador es mayor.
—Estaba fuera de discusión siquiera y aquello hacía que sintiera…
—Más odio por los humanos.
—Si. Él quería que pudiésemos vivir entre humanos, como humanos. Mamá estaba cansada de mudarse y por ella, por ella no llegué a los puños con mi padre.
—Que difícil, no entiendo eso de tu papá. Si te costaba vivir como humano, ¿por qué hacerlo?
—A pesar de que éramos bastantes en nuestra especie, núcleos familiares había muy pocos. Éramos considerados una especie de familia real.
— ¿Debo inclinarme entonces, Alteza?
—Elena, no digas idioteces. Pero para mí padre mantenernos juntos, unidos y viviendo en paz era lo principal.
—Tu padre tenía muchas esperanzas puestas en ti.
—Pero era una carga difícil de llevar, veía esa confianza en los ojos de mamá y me presionaba mucho para no defraudarla. Continuaba molesto, era imposible ignorar el peligro que nos acechaba, pero me había jurado intentarlo, sobre todo por mi madre.
—Pero era complicado, me imagino que así sería difícil lograr que tolerases a los humanos. Sin saberlo te hacían odiarnos cada vez más.
—Papá mataba humanos pero lo hacía cuando la amenaza era inminente, aunque no lo disfrutaba. Yo no era malo, pero eso estaba en mi naturaleza. Quizás ser hijo de quienes una vez fueron mortales, haber crecido bajo sus reglas y su moral, causaba que no dejara a mi otro yo libre.
— ¿Puedo decirte algo?
—Lo que quieras, no temas.
— ¿Cómo puedes sentir aversión por algo que no escogiste ser? Es decir..., así naciste y a mí, en lo personal, no me causas repulsión.
—Quizás... su manera de defender a los seres humanos originaba mis sentimientos de aberración por ustedes los mortales. Y gracias, no imaginas lo que significa para mí saber que no te causo repulsión.
—Entiendo, pero ese lado que mantienes oculto está presente, ¿verdad?
—Pero ahora es más fácil que hace treinta años, lo controlo mejor.
—Me dijiste que sientes deseos de matarme, entonces no has logrado un dominio total.
—Elena, el desear matar seres humanos nunca va a disiparse, pero mi autocontrol ha mejorado de manera increíble, incluso papá piensa que tengo más dominio del que ellos mismos nunca han tenido. Y lo he logrado en pocos años.
— ¿Pocos años?
—Midiendo el tiempo según los Cazadores, no en años humanos.
— ¿Y puedo saber qué causó ese incremento de autocontrol?
—Estuve enamorado de una mortal, incluso nos casamos y el verme obligado a mantenerla a salvo hizo que desarrollara esa habilidad. Lamentablemente desde que murió he tenido que volver a vivir solo. Nuestra existencia es difícil, porque para mí ese fue el peor de los castigos por dedicarme a robar almas.
—Luci
—Sí. Existen Demonios, Duendes, Cazadores, Brujas, Vampiros, hombres lobo, hadas…ah y gonimbus, que son diminutos seres similares a duendes, con garras afiladas y dientes puntiagudos. Aterradores para los estándares humanos.
— ¿De qué se alimentan ustedes?
—Debemos alimentar tanto el cuerpo físico como el astral. Comemos lo mismo que ustedes y sí, necesitamos un mínimo de almas. Depende mucho de sí gastamos o no energía. Envejecemos a nuestro antojo, si debemos estar en un lugar durante muchísimos años, modificamos nuestra apariencia para adaptarnos a donde estamos.
— ¿Y a qué se dedicaban? Es decir...
— ¿Qué si aparte de tomar almas hacíamos algo provechoso?
—No pensaba usar esas palabras.
—Lo sé.
Charles estaba sonriendo y Elena se sentía incómoda pensando que lo había ofendido.
—Bruto, engreído...
—Vamos Elena, es imposible no disfrutar de tus expresiones cuando te enojas o te apenas.
—Creía que estábamos hablando en serio.
—Vamos que no es para tanto. ¿No me preguntaste no hace mucho si alguna vez bromeaba?
—Necesito otro café y usar el baño. Y me refería a cosas graciosas.
Claro que no era para tanto pensaba Elena, pero verlo disculpándose resultaba divertido.
—Pues bien, habíamos decidido que mi padre trabajaría como abogado, mi madre se dedicaría a vender sus cuadros, mi hermano sería el nuevo veterinario. En cuanto a mí, sabía que necesitaban un profesor de artes plásticas avanzadas. Habilidad que había aprendido al lado de mamá quien, por cierto, era bastante famosa en Europa.
— ¿Los cuadros que adornan esta casa son suyos?
—Si. Tan pronto inicié las lecciones noté que el aura de una alumna era negra, aquello no era nada bueno. Usualmente tienen distinta gama de colores, incluyendo violeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranja y rojo, pero cuando vemos una negra, debemos actuar pues indica ausencia de luz, algo como un agujero negro en ella.
Solo los espíritus malos han sido asociados con este color. En casos así existen dos opciones: la persona está poseída, esto es relativamente esperanzador. Tenemos un límite de tiempo, si transcurrido este el alma no ha sido salvada, pasará a manos de entes malignos; o ya es diabólica y no hay nada que hacer.
Durante el resto del día me mantuve vigilante, pero cauteloso, al tenerla cerca experimentaba mil cosas, me hacía sentir la presa, era como estar bajo hipnosis. Ese poder que ejercía sobre mí no era normal, visto hasta entonces solo en los más grandes hechiceros. Además, me gustaba, la quería para mí, como mi pareja.
—Tu esposa fue ella.
—Intenté ignorar aquella situación pero resultaba inútil. Durante los recesos estuve observándola, poseía algo que la hacía distinta, me mantuve casi toda la tarde siguiéndola, amparándome en las sombras. Al salir de clases decidí ir detrás de ella. Necesitaba hablarle, era prioritario conseguir información. Ella era hija única, había sido criada por su abuela. En la época que la conocí la anciana acababa de morir. Estaba triste e incluso tenía tendencias suicidas, pero la amé desde el primer día.
—Vaya con tus gustos.
—Lo sé pero en aquel momento ella tenía algo que la hacía llamativa.
—Ahora me dirás que era una bruja.
— ¿Por qué podrías suponer algo así?
—No lo sé…por alguna razón simplemente lo supe.
Charles sonreía tanto que para ella era confuso, no sabía cuánto significaba para él que ella recordara eso, porque eran recuerdos aunque Elena no lo supiera aún.
—Algunas semanas después de conocerla empecé a sentirme cansado, casi drenado. Y eso es peligroso porque si no queremos que la bestia que mora dentro de nuestra alma tome el control, debemos mantener nuestros niveles de energía bastante altos. Después de acompañarla a su casa tuve que detenerme y bajarme del automóvil pues me sentía tenso, el viento impactaba mi rostro ferozmente, el cielo estaba negro, con cientos de nubes grisáceas cubriéndolo completamente.
Aquel paisaje resultaba increíblemente familiar, casi como mirarme interiormente. Intenté descifrarlo, pero al final comprendí que mi otro yo batallaba por contenerse. Y sin duda alguna necesitaba esforzarme para evitar que ese lado brutal asesinara a Lucianna. Las horas pasaban pero no mejoraba, nunca había estado expuesto a una humana capaz de robar mí esencia ni mí energía, físicamente estaba cambiando. Entonces escuché una voz, más suave y sutil que el susurro del viento.
Incliné la cabeza intentando descifrar el origen de aquello. Inspeccioné la zona con sumo cuidado... ¿un enemigo? Una débil voz me decía que debía alejarme, por su bien y el mío. Lucianna había logrado cautivarme, parecía sentirse cómoda conmigo, definitivamente era distinta, no abrigaba miedo, un ser humano sin instintos. Al estar a su lado sentía una extraña necesidad de protegerla, mi cuerpo completo vibraba, mis huesos gritaban su nombre.
Charles se detuvo para darle tiempo a Elena. Había compartido demasiada información. El tiempo apremiaba pero por alguna razón quería estar a su lado. Tal como Luci lo drenaba Elena lo recargaba. Un solo segundo a su lado era más sustancioso que algunas almas y el peligro radicaba en que aquello era como la mejor ambrosia. Charles se dio cuenta que Elena estaba bastante silenciosa y creyó que estaba muy cansada. Pero aparentemente solo quería estar un rato a solas.
— ¿Te parece bien si seguimos mañana?, es un día difícil pues hoy sería el cumpleaños de mamá y quisiera estar sola.
— ¿Estás segura de que no quieres compañía?
—Eso creo. Además, necesitas cazar.
—Evita salir, los entes están cerca, no pueden entrar en la casa porque cuenta con protección especial.
—De acuerdo.
Mientras tomaba un café admiró el cielo azul. La temperatura era agradable y se imaginó el resto del día ahí, mirando todo sin hacer nada. Pero entonces un repentino viento helado la puso en alerta. Inmensas nubes grises avanzaban rápido, parecían dirigirse a ella. A prisa entró en la casa, trató de cerrar la puerta pero el viento parecía decidido a entrar con ella.
Cuándo pudo cerrar fue a asomarse por la ventana y se dio cuenta que el cielo se había llenado totalmente de nubes, el viento soplaba intensamente. La luz empezó a fallar y se quedó a oscuras, la casa empezaba sentirse fría muy rápido y era curioso porque en teoría era mágica y no debía suceder.
Aquello parecía un ataque. Tomó una inmensa cobija y se acurrucó en el sillón. Como si las cosas aún pudiesen empeorar, un inmenso rayo cayó en uno de los árboles del jardín, llevándose todo el tendido eléctrico. ¡Maravilloso! Ahora no era una simple falla de sus transformadores, aquello sería más difícil de arreglar. Sin chimenea ni electricidad, acabaría congelada. Se abrigó nuevamente en espera de que su calor corporal fuese suficiente. Pensó en él, estaba asustada, ya no quería estar sola.
—Elena, he llegado ya.
Charles se sentó a su lado en el sillón y la arrastró a sus brazos.
—Gracias, es que las tormentas me asustan mucho. Y me preocupa April, no me la imagino allá afuera con esta lluvia y pienso también en Custos.
—Quizás esa traviesa está en el bosque, recuerda que la encontraste fuera, estaba acostumbrada a deambular por ahí. En cuanto a tu amigo, ha de estar en algún lugar seguro. No te angusties.
—Tengo demasiado frío.
Charles estaba frotándole los brazos una y otra vez, esperando que su cuerpo se calentara un poco más. De pronto escucharon un sonido que resultaba ensordecedor. Elena se levantó para ver lo que sucedía cuando otro árbol cayó, una de sus ramas rompió la ventana de la sala, por lo que sus gritos debieron escucharse a kilómetros.
— ¡ELENA!
Por desear apartarla de los vidrios la empujó lejos del desastre. Como no esperaba aquella fuerza ni velocidad, no pudo ni poner las manos. Su rostro impactó una mesa que estaba cerca de la pared. Al tocarse descubrió que sangraba cerca del pómulo derecho. Charles la llevó a su habitación y limpio la herida, la cual acabó siendo muy pequeña.
—Charles, no fue tu culpa.
—No lo veo igual. Bien, tu mejilla está lista. Debes quedarte aquí, iré a ordenar un poco el desastre.
—No te vayas...
Charles insistió en encargarse de ordenar la sala, pero cada diez minutos pasaba a revisarla, ella sabía que se sentía mal por haberla lastimado. Todo carecía de sentido, ¿cómo había terminado ahí? Tomó su almohada, la foto de sus padres y se acurrucó, la casa se estremecía aún. Cuando Charles llegó no preguntó nada, simplemente la abrazó.
—Si no hubiese sido tan impulsiva, quizás ellos...
—No puedes culparte por eso.
—Aquella noche salimos porque quise una cena especial, es mi culpa... Además sigo sin entender cómo ella llegó al auto. ¿Crees que me estoy volviendo loca?
—No Elena, no estás loca. Pienso averiguar si alguno de los demonios que te siguen es el responsable de eso. Por ahora sé fuerte y no llores que no ha sido tu culpa.
—En fin, mejor seguimos con tu historia.
—Esta noche he de mimarte, te cuidaré y haré que te sientas mejor. Mañana seguiremos, unas cuantas horas no harán una gran diferencia. Además estamos sin electricidad, puedo mantenernos calientes pero debemos estar así.
—Me preocupa que no lograste cazar.
—Descuida, estaré bien. Aunque...podría tomar un poco de tu alma...
—No, me asusta mucho....
—Sé que es peligroso pero sino deberé dejarte sola...
—Charles…no.
—Tu miedo te hace irresistible. Necesito probarte, probar tu alma. Tu deber es servirme.
Ignorando su pedido, le colocó la mano en la frente y la dejó inmóvil. Al ver su rostro Elena sintió pánico y esto hizo a Charles sentirse más ansioso. Sombras negras se arremolinaban en sus ojos. Sujetó con fuerza las manos de Elena mientras empezaba a tomar parte de su alma. Elena sentía un intenso hormigueo recorriendo todo su cuerpo. Este aumentó su intensidad, parecían descargas eléctricas. Aquello dolía mucho.
Trató de alejarse pero no tenía fuerzas. En algún instante Charles perdió el control e iba a asesinarla.Una figura alta emergió de entre las sombras, llegó a ellos y apartó a Charles. Le hablaba a Elena tratando de apaciguar los latidos de su aterrorizado corazón.
—Descansa pequeña, Charles robó gran parte de tu energía vital, debes recuperarte.
—Ayúdeme a escapar.
—No puedo, estarías en más peligro. Somos muchos vigilando sus conversaciones, nos confiamos y fuiste atacada, pero no volverá a suceder
Observando todo desde las sombras, los cuatro príncipes ponían especial atención en Charles. Elena no sabía cuán importante era que lograra cumplir con la profecía de los Cazadores, porque el enemigo que tenían Charles y los suyos, representaba un peligro potencial para todas las especies.
—Lucifer, tal cual te dijo la bruja, algo raro hay en Charles.
—Lo sé Ramiel, nos mantendremos vigilantes. Tal cual ha dicho la bruja, Charles está extraño. De momento solo queda esperar, esta no es nuestra batalla, si ellos fallan nosotros intervendremos.
Tras dormir unas diez horas fue a buscarlo y lo encontró en la sala, su mirada se hallaba lejos.
—Charles...
—Nada hacían aquí. Tenía todo bajo control.
—El que me llevó a mi habitación fue...
—Papá. Está furioso conmigo pero no debe ser así.
Aunque quizás el peligro no iba a ser mayor y el papá de Charles hubiese exagerado, Elena esperó un poco de interés en saber cómo se sentía pues a ella si la había afectado. Charles le daba miedo y era una sensación agridulce. Después de considerarlo un salvador, en aquel momento le quería lejos.
—Necesitas que escuche tu historia. Me necesitas.
—Correcto.
—Pero nada me ata ni me obliga a hacerlo. Te dije que no quería y lo hiciste, me sometiste, me generaste dolor. Si repites eso me iré.
—Elena, nunca te dejaré marchar y va más allá de mis deseos. El monstruo en mí ya probó tu esencia, te ha marcado como suya y te seguirá donde vayas. Escúchame sin alterarme con discusiones o cuestionamientos y él no aparecerá.
—De acuerdo. No me gusta pero no tengo más opción.
Luego del desayuno reanudaron la charla.
—Mi familia me notaba distinto pero preferían callar, en lo último que pensaba era en eso, no sabía qué hacer para acercarme más a ella. Lucianna me hacía sentir distinto, era imposible negarlo por mucho tiempo más. Razón por la cual decidí presentársela a mis padres y hermano. Para asombro de todos entró en esta casa como si nada y era raro porque las personas comunes y corrientes…
—Le temen a esta casa y lo místico que la envuelve.
—Exacto, pero ella no era como los demás. Así que al llevarla a casa estaba aún más ansioso. Mi madre estaba eufórica, vivir con tantos hombres la tenía algo aburrida. Todos fueron amables con ella y al final de la tarde yo sobraba en la casa, Luci los cautivaba hablando de cualquier cosa, habían caído presos de su encanto. Se veía triste sin embargo y eso desató mis instintos protectores. Ella me necesitaba.
— ¿Pensabas protegerla, o cuánto necesitaría ella de tu compañía? ¿No te parecía algo incorrecto, aprovecharte de su dolor?
—Hummm... Es interesante cómo funciona la mente humana. Cuando amamos, seamos mortales o inmortales, nuestras mentes funcionan parecido. Hacemos lo necesario, no existe espacio para dudas, ni fallos. No sentía arrepentimiento, sabía que nadie la cuidaría como yo. Podríamos envejecer juntos, ella estaba en mi futuro.No todos los días un miembro de una familia como la nuestra le iba a ofrecer la posibilidad de formar parte de su núcleo.
— ¿Es decir que ella debía aceptarte y a tu estilo de vida solo porque era un honor?
—Pues claro.
—Sonabas más como un niño encaprichado con un juguete.
— ¿Y qué? Tenía derecho solo por ser quien era. Si sientes hambre por ejm, vas a la cocina por algo de comer, porque es tu derecho.
— ¿Ustedes descienden de familias nobles o cómo es que se les consideraba de la realeza?
—Mi familia y yo fuimos los pioneros en el asunto de tomar las almas que vagan por el mundo, los demás Cazadores las toman directamente de los cuerpos. Es más sencillo con las personas mayores, son más vulnerables.
—Comprendo. Pero de sangre noble no tienen nada, es decir que ninguno es un rey, duque o algo similar.
—No pero…
—Pero nada, sigue con tu historia porque de verdad nunca entenderé tu forma de pensar. Explícame sobre la toma de almas.
—Las almas se dividen en tres tipos. Dos de esos tipos de almas están prohibidos y son aquellas que van al cielo o al infierno. Nosotros tomamos las terceras, esas pertenecen a gente que murió antes de tiempo, no tienen campo en el cielo aun y tampoco en el infierno porque no hicieron nada malo.
Esas almas que están en el limbo son las que son nuestras. Muchas veces visitamos ancianos que están por morir, pero son ancianos que no ganaron su pase porque no completaron su misión, entonces son también nuestros así que simplemente les hacemos dormir, es esa muerte que es anhelada por los humanos.
—Pero cuanto tomaste de mi alma, no me hiciste dormir. ¿No merezco al menos esa misma cortesía?
—Contigo fue distinto porque recuerda, tomamos almas cada cierto tiempo para evitar que ese lado que está en control se vuelva peligroso. Cuando tomé parte de la tuya estaba más allá del control.
—Una disculpa hubiese estado bien,
— ¿Porqué? Soy un noble entre los míos y es tu deber proveerme.
—Cuando quieres puedes ser un total bastardo.
—Elena, no me estés provocando. Para mí fue difícil luchar contra esa sensación tan intensa. Pero eso nos hace únicos, nos da pase a pertenecer a ese grupo selecto.
—Pero hoy hiciste algo que debería dejarte fuera de tu querido Club. No fuiste nada distinto a un plebeyo entre los tuyos. Dijiste que ustedes tenían control y no es cierto.
La cachetada fue fuerte, los ojos de Charles estaban negros. Se fue sobre ella y la dejó igual, paralizada. Puso la mano sobre su cabeza y empezó a absorber su esencia.El hermano de Charles tomó a Elena mientras otros lo contenían. Era cada vez más el riesgo de dejarlos solos.
Pietro caminaba de un lado al otro preocupado por ella. Maldito Charles, no permitiría que siguiera agrediéndola.
—Papá han pasado tres días, ella sigue igual.
—Tranquilo Pietro. Charles está listo para seguir. Cuando Elena despierte solo recordará que fue a dormir y no que estuvo a segundos de morir.
Cuando Elena despertó una semana después, sentía que estaba realmente descansada. Lista para seguir. Charles estaba en la cocina alimentando a Custos.
—Hola Charles.
— ¿Dormiste bien?
—Si. Desayuno algo y seguimos.
—Debo disculparme. Mis relatos te drenaron y no sé porque pero has dormido una semana. Sin embargo lo difícil fue explicarle a Jenkins que estabas dormida y no que te había asesinado. La electricidad fue reestablecida.
Elena no le creía pero al encender su celular vio que era correcto.
—Es de locos.
—Cuando te sientas cansada nos detendremos. En fin, cuidar a Luci era difícil.
—Imagino que su alma te resultaba más llamativa con cada día que pasabas a su lado.
—Sí, al ver sus sueños tuve la oportunidad de absorber una parte de su esencia y fue peor. Una severa fiebre de apareamiento.
—Cuando los cazadores están en contacto con las almas, el humano resulta afectado como me pasó a mí.
—Tal como un vampiro ata a su pareja con una mordida, nosotros vinculamos parcialmente a los seres humanos mediante las almas.
— ¿Por eso me sentí atraída hacia ti durante mi adolescencia?
—No, pues aunque yo reconocí tu alma, jamás me acerqué lo suficiente como para ligarte a mí. Han de ser mis encantos naturales...
—O tu arrogancia.
—Vamos a tener que fijar límites, aunque resulta fascinante y estimulante que me trates como un igual, frente a otros de mi raza necesitas guardar cierta compostura.
—Nunca me verás comportarme como si te temiera, crecí contigo a mi lado, te tengo demasiada confianza.
—Lo sé, pequeña, pero es que esto resulta nuevo para mí. Lucianna siempre me desafió, pero nunca me afectó tanto.
— ¿Tienes idea de lo incomodo que es el que me estés comparando con ella cada segundo? detente o esto acabará mal.
—Lo siento Luci...
Aquello fue como un balde de agua para Elena. Le dolió bastante. Charles se veía realmente apenado...Elena sintió a alguien en su mente.Alguien nuevo y a diferencia de las veces en que su amigo se manifestaba y Charles no lo sentía, esa vez lo hizo y Elena lo supo.
† ¿Quién eres?
† Un protector.
† Dime tu nombre…
† Aun no es tiempo. No comas ansias, pequeña Elena.
Resuelta a averiguar lo que no había obtenido mentalmente, decidió preguntarle a Charles.
— ¿Sientes eso?
—Mi hermano Pietro. Está cuidándote. Me sorprende que le hayas descubierto.
De pronto esa voz en su cabeza reía ante su astucia.
† Bien hecho mi niña. Quería dar más misticismo a mi identidad. No me sorprende que pudieses averiguar quién soy. Ahora podrás llamarme por mi nombre.
† Me das a entender que vas a seguir cerca.
† Así es. Acostúmbrate a mi presencia.
Elena se encontró sonriendo y Charles estaba furioso, no quería a Pietro cerca de su mujer. Necesitaba seguir con la historia, estaban contra reloj. Tener a Pietro cerca solo confundiría a Elena.
— ¿Seguimos?
—De acuerdo.
—Luci estaba afectada pues sus padres seguían sin aparecer en su vida.
—Pero al menos estaban vivos, yo daría lo que tuviera por tener a los míos.
—Sí, pero el caso es distinto, los tuyos estaban preocupados por atenderte. Es injusto que compares, Luci nunca contó con ellos realmente.
— ¿Cómo sabes lo que es injusto? A mí no me importaría tener unos padres así.
—Niña mimada, crees eso porque nunca pasaste dificultades.
— ¿¡Niña mimada!? ¿Cómo te atreves...? Siempre viví bajo la sombra de esas horribles pesadillas, mi existencia ha sido un infierno, perdí a las personas que más amaba, una de ellas misteriosamente, me siguen demonios, hablo con una criatura de 300 años...
—Elena…
— ¡Estoy harta de no tener control de mi vida! ¡De que siempre haya estado dominada por el miedo... la soledad...!
—Elena realmente lo siento, no fue mi intención...
— ¡Sí que lo fue! ¡Al menos ten los pantalones para mantener lo que dices!, a mí no me importa si ella sufría o no, esperas que sienta empatía por Luci, cuando solo siento coraje, todo es tan extraño...
—Cálmate que estás muy alterada.
— ¡Déjame en paz!
Elena se levantó molesta con él y le metió un buen empujón, pero lo único que logró fue caer sentada a causa del rebote de ambos cuerpos. Se dirigió a la puerta del jardín, decidida a irse de allí.
Entonces Charles la tomó por los hombros, subía y bajaba las manos, frotándola para hacerla entrar en calor.Rodeó su cintura apretándola contra su pecho, con fuerza. No tanta como para lastimarla, pero sí la suficiente como para que no pudiera moverse.
— Si no entiendes que nada de eso fue tu culpa seguirás amargándote más y más cada día.
—Los perdí, no puedo evitar sentirme molesta. Maldigo lo que sucedió, aunque sé que todo tiene una razón de ser, no logro entender cuál es el propósito de que me sucediera a mí, por eso reacciono así, ella es una...
—Bueno, mejor no seguimos, porque me parece que no vamos a llegar a ningún lugar.
Elena se dio un baño y reanudaron la charla.
—Recuerdo que me sentía ansioso por volver a casa. Al llegar papá me dijo que se había encontrado con una bruja muy poderosa llamada Harthas, acababa de llegar junto a otras dos hechiceras bastante peligrosas.
La casa se puso en tinieblas y Harthas —creía yo— se había colocado frente a nosotros, estaba acompañada por las otras dos brujas. Me sentía tenso, ansioso. Yo no estaba al tanto de sus jerarquías, pero hasta a mí me inspiraban respeto. Eran imponentes, su sola presencia lo llenaba todo por completo. Buscaban a una joven que reunía ciertas características pues de acuerdo a sus profecías, Agnes su líder reencarnaría en dicha muchacha.
—Agnes…la misma Agnes que me ayudó.
—Correcto. La persona a la que buscaban se veía como una simple mortal pero su aura debía ser totalmente negra, sería capaz de drenar los poderes de los Cazadores. Le aseguré que no la había visto y se marcharon prometiendo regresar si así lo ameritaba la situación.
— ¿Todas las brujas son peligrosas?
—Harthas y sus acompañantes sí. Trianna, era quizás una de las brujas más poderosas, incluso más letal que la misma Harthas, mitad bruja mitad vampiro.
Y Krianna compartía los dones de Trianna, pero solo se había dedicado a cazar como vampiro. Ambas eran las últimas en línea de sucesión, podrían matarse entre ellas para lograr subir de posición, pero trabajaban bajo un estricto código de lealtad, por lo que ni siquiera pensaban en algo así.
Toda esa situación estaba complicándose, Agnes debía estar tomando consciencia física, revelando su verdadero ser, y aún no la encontraban. Los Gonimbus estaban desesperados, la buscaban pues deseaban eliminarla antes de que despertara por completo. Y sabía muy en el fondo que Luci era a quien buscaban. Nunca le había mentido y me sentía mal por ocultarle algo tan serio.
—Hummm. ¿Nunca le habías mentido...?
—Bueno, no creo que el sarcasmo sea necesario, Elena.
—No es sarcasmo, ocultarle tu realidad era mentirle.
Elena lo escuchó respirar varias veces, ¿intentando tranquilizarse? ¿Charles podría atacarla?
—Por lo que veo no te gusta que te lleven la contraria.
—No es eso, tengo hambre y mi otro yo está enviándome a ti. Últimamente he tenido que cazar almas que no logran satisfacerme. Pero me alimentaré de ti nuevamente. Solo que esta vez pondré protecciones en la casa. Nadie de mi familia debe interferir.
Asustada se puso de pie y empezó a retroceder pero Charles caminaba hacia ella. Llegó un momento en que pegó su espalda a la pared.Charles puso las manos una a cada lado de su cabeza. Se inclinó un poco y empezó a frotar su nariz por el cuello de Elena. Ella necesitaba alejarse, distraerlo lo suficiente.
— ¿De qué rayos estás hablando?
—Puedo tomar algo de tu esencia, eso me llenará lo suficiente. Ya lo hice una vez y sigues viva.
—No por favor...
—Tendría que irme a cazar, o aguantar y contener a mi otro yo, ambos sabemos que tengo razón.
— ¿Tienes idea de lo que estás haciendo? ¿No me asustaste lo suficiente?
Sujetó el brazo de Elena de forma intensa. Pietro susurraba en su mente que se quedara tranquila, que oponerse era inútil. Charles tenía aislada la casa y no podía entrar. Trabajaban en conseguirlo y mientras tanto necesitaba calmarse.
—Sí, ya pasamos por esto, con algo de descanso recuperarías lo perdido.
Charles la llevó a su habitación, colocó una mano sobre su rostro induciendo el sueño. Durante aquella experiencia la contactaron.
—Hola, Elena.
— ¿Quién eres... dónde estoy?
—El final está cerca, morirás en mis manos.
Elena se encontraba en aquellos acantilados, corría nuevamente para salvar su vida. Las heridas en su espalda le dolían muchísimo
—Abre los ojos, Elena.
Charles la sacudió ayudándola a regresar. Abrió los ojos lentamente, esta migraña era peor que ninguna otra.
—Pequeña Elena....
Cuando la abrazó un débil gemido salió de ella. Charles se miró las manos encontrándolas llenas de sangre. Sin darle tiempo para asimilarlo la volteó colocando su espalda frente a él.
— ¿Qué demonios te pasó?
—Fueron mis sueños, una criatura me dijo que iba a matarme, luego estaba siguiéndome..., golpeándome.
—Ellos están cerca, no pueden entrar a la casa, así que aprovechan tus siestas. Tendré que inducirte el sueño, y acompañarte para cuidarte.
—Continuemos tu relato, ¿falta mucho?
—No.
—Pues adelante, cúrame la espalda y sigamos.
Las heridas no eran más que arañazos poco profundos, así que los curó y luego regresaron a la sala, era prioritario avanzar. También la ayudó con el dolor de cabeza.
—Me atormentaba la idea de que Luci pudiese morir, aunque fuera ese su destino sería muy difícil para mí. Por el momento no había nada que hacer, solo el tiempo diría como se desarrollarían las cosas. Los días siguientes pasaron tranquilamente, veía a Lucianna cada día, la llevaba a casa, y después intentaba seguir con mi vida. Iba de cacería pero no la disfrutaba, estar sin ella me hacía sentir hueco, vacío. Fui a buscar unas cosas, la dependiente me miraba como si acabara de ver un demonio. Mis ojeras estaban mucho más pronunciadas, los pómulos se hundían cada vez más. Sentía su miedo cuando me acercaba, las emociones humanas son muy básicas, fáciles de entender.
Aquella mañana las cosas iban a cambiar, mis sospechas sobre Lucianna habían hecho que apresurase mi decisión de contarle mi verdad. Quería llevarla lejos, pero la realidad era otra, así que fui a buscarla. No podía huirle más, si deseaba algo con ella debía sincerarme.
—Pero podías fingir ser normal y vivir con ella como un mortal.
—Había cosas que considerar, si mí teoría era cierta ella no viviría mucho más, por lo que debía buscar una solución y la única posibilidad sería transformarla en una Cazadora. Si me equivocaba y no era esa bruja, tendría más tiempo para que se acostumbrara a la idea, en su mente estaban claros sus sentimientos hacia mí, pero no sabía de mis habilidades. Si deseaba estar a mi lado, seria amándome por ser quien era. Quizás podría vivir junto a ella conservándola como mortal, pero otras criaturas luchaban contra nosotros y correría peligro siempre.
Justo cuando me disponía a decirle todo, pude sentir la presencia de un Gonimbus. Había sido un estúpido, llevarla al bosque sabiendo que podrían aparecer ellos fue algo completamente irresponsable. Nos rodearon seis de ellos, pero mis padres, mi hermano Pietro y George —el médico de la familia— se nos unieron. Luci enmudeció, yo sabía que estaba muerta del pánico, pero trataba de mantenerse de pie, resistiendo. Mamá se quedó con ella mientras los demás luchábamos.
George luchaba contra el líder del grupo y logró atravesarlo con una daga. Aquella criatura aullaba de dolor, la pobre Luci se había puesto pálida. Mi madre la abrazaba fuertemente, pero seguía mirando. Pietro había terminado fácilmente con el suyo. Me moví rápido ya que los que quedaban tenían su mirada puesta en Luci, me acerqué por detrás y logré enterrarles mi daga. En menos de cinco minutos habíamos acabado con el grupo completo.
Tan pronto llegué a su lado todos se marcharon, se veía tan frágil que deseaba abrazarla, no sabía si sería capaz de tranquilizarla, es decir, acababa de verme matarlos, ¿podría sentirse segura en mis brazos nuevamente? Hablé por horas, al principio veía sus bellos ojos azules llenos de confusión, pero luego descubrí una mirada de comprensión e incluso de aceptación.
Sin embargo lo que me dijo era qué, a pesar de entenderme no quería ser como nosotros. Y había tal desprecio en su voz que sentí mucha rabia. Decía que en algún momento debíamos rendir cuentas por las almas que habíamos tomado. Quizás mi error fue asumir que tendríamos un, felices para siempre. No lo sé. Verla alejándose me afectó muchísimo, aquella noche dejé salir a mi otro yo. Cuando terminé la cacería me refugié en una cueva, el viento estaba distinto, soplaba con tanta intensidad que la tierra en la calle me impactaba, atacándome como miles de agujas.
Eran tan humanamente dolorosas que por un segundo me sentí como uno de ustedes, vulnerable, frágil. Lo peor era que nunca más encontraría alguien como ella, la vida no me daría una segunda oportunidad, el amor se encuentra una sola vez. Las segundas oportunidades se las dan a los mortales, pero esos premios no son para nosotros.
Me acerqué a su casa, entonces la escuché sollozando, Luci sufría. Yo maldije alguna vez a sus padres por hacerla llorar y yo le estaba haciendo lo mismo. No quería dejarla ir, pero tenía razón, le pedía estar conmigo y amarme bajo el concepto más viable según mi criterio, pero ¿y su punto de vista?Los días comenzaron a pasar, el otoño dio paso al invierno. Estaba solo e infeliz. Las cacerías dejaron de ser un desafío, ya no lograba disfrutarlas.
—Pero... si existía alguna probabilidad de que fuese una bruja y habías pensado en solicitar su transformación, entonces, ¿por qué no solicitarla desde ese momento?, o ¿por qué no le dijiste la verdad sobre esa posibilidad?
—Solamente aceptarían esa transformación si se confirmaba esa teoría, pero si no era ella, ¿qué haría? Algunos días después papá llegó preocupado, los Gonimbus iban hacia nuestra casa para atacarnos. Sin embargo cuando notamos que las brujas les hacían frente nos sentimos tranquilos. No importaban nuestras fuerzas, un ejército de cien de ellos acabaría con nuestra familia fácilmente. Trianna y Krianna murieron en aquel enfrentamiento pero antes de que acabaran con Harthas Luci apareció en medio de la lucha. Tras una explosión de luz, los Gonimbus murieron. Fuimos por Luci y la llevamos a casa.
Me comuniqué con el líder supremo de nuestra raza para pedirle que nos ayudara. Nos dijo que prepararía todo porque no podía permitir que Agnes reencarnara. Así que la llevaron a un lugar secreto hasta para nosotros, mientras todo estaba listo. Después de mirarla marchar hui. Quería encontrar el rastro que había dejado Harthas y seguirla para mantenerla bajo vigilancia. Sabía que no se quedaría tranquila sabiendo que íbamos a impedir que Agnes resurgiera.
Recorrí el bosque que días atrás estaba vivo pero en ese momento parecía muerto, los animales habían huido ante la presencia de nosotros... los monstruos. Ni siquiera sentía ganas de respirar, todo era tétrico. El aire comprimía mi pecho ejerciendo tal presión que se hundía sin poder hacer nada. Me dolía perderla, me lastimaba pensar en un futuro sin ella. De pronto la conexión se perdió, pero los árboles me mostraban el camino.
— ¿Los árboles te mostraban el camino?
—La energía queda atrapada en ellos, es como si fuesen capaces de grabar lo sucedido y mostrármelo después. Su imagen llegó a mí tan clara que agradecí mis habilidades. Frente a ella estaba uno de los jefes Gonimbus: Belicomínidus. Estaba por asesinarla y no se lo iba a permitir. No por la bruja en sí sino para marcar el dominio de nuestra familia en el territorio. Si no detenía eso un alzamiento se llevaría a cabo
— ¿Agnes era tan poderosa que no podían permitirle despertar?
—Muy poderosa. Era la protegida de Vlad Dracul, el vampiro más poderoso del mundo, el primero. Harthas era servidora de Agnes y había esperado todo ese tiempo para verla renacer.
— ¿El Vlad de nuestra mitología es ese?
—No. Vlad Dracul es de quien hablo, tu mitología hace referencia a su hijo Vlad Tepes. El Príncipe Dracul vivió en Schässburg, cerca de Valaquia. Era un antiguo principado danubiano que estaba en los Cárpatos. Fue convertido en vampiro por Agnes, quien a cambio de darle tres hijos y la inmortalidad, le pidió ser la esposa de su hijo mayor. Y Dracul anhelaba ser padre. Era un noble rumano conocido por ser un buen gobernante pero no podía procrear. De los tres hijos que tuvo solo sobrevivió Vlad Tepes. Dracul se hizo a un lado y le dio el trono pero resultó ser un líder sangriento, despiadado y sin corazón. Incluso trató de asesinar a su esposa, Agnes.
Dracul no quería que su hijo acabara hasta con su reino y lo desterró pero este empezó un imperio de terror en nombre de su padre. Así que este, a cambio de entregar su reino e irse, pidió a los turcos que asesinaran a su hijo. La historia se complicó cerca del año en que murió Agnes pues fue Dracul quien causó su muerte.
—Pero era su protegida…
—Otras brujas envidiaban a Agnes, querían su posición como hechiceras personales de Dracul y le hicieron creer a este que los asesinatos que pensó fueron cometidos por su hijo habían sido causados por ella, Vlad rugió ante el hecho de que había pedido que su hijo fuese asesinado cuando era inocente, le fue imposible contener la ira hacía su protegida, por ese nivel de traicióny Agnes asustada ante la furia del vampiro huyó a Inglaterra. Vlad informó a los pobladores que Agnes era bruja y estos prepararon su ejecución.
Vlad acabó descubriendo que había sido engañado y fue en busca de la bruja. La encontró cuando la quemaban y exterminó a los pobladores responsables de todo. Agnes en sus últimos momentos escuchó a Vlad pedirle perdón y decirle quienes habían sido las brujas encargadas del engaño. De ahí que ella juró regresar a vengarse de los descendientes de las brujas que orquestaron todo y de los descendientes de quienes la quemaron.
— ¿Pero qué se sabe de él?
—Después de la muerte de Agnes se marchó lejos, se dice que espera por el nacimiento de su compañera, solo tenerla le permitirá ser fuerte y salir de dónde está. Agnes quería ayudarlo pero…
—Se vino lo del engaño y ella huyó a Inglaterra.
—Si. Ella siempre le dijo que le debía el estar viva y juró serle leal.
—Hay algo que no entiendo. A ella la mataron en Blackburn, Inglaterra, ¿no se supone que reencarnaría allá, cerca de sus restos y no acá en Canadá?
—Mientras Agnes ardía en las llamas maldijo a la familia de quien organizó todo— las hijas de las hijas de sus hijas engendrarán en 100 años a la niña que me permitirá regresar— les dijo. La esposa de quien organizó la quema de Agnes no fue asesinada por Dracul y durante esos 100 años su descendencia era de solo mujeres. Pero con el paso de los años las descendientes dejaron de creer en la maldición.
Sin embargo a un año de que se cumpliesen 100, esa mujer última en su descendencia quedó embarazada de una niña a pesar de que los médicos le decían que era estéril.No sabían si la bruja había encarnado en su bebé. Cuando su recién nacida en solo semanas parecía tener meses de edad y al año se veía como una niña de 5, decidieron huir a Canadá, pensaron que alejándose de Inglaterra estarían a salvo.
Amaban a su hija y temían que alguien la tratara de asesinar. Fueron contactados por brujas quienes les hicieron pensar que les mantendrían seguros, pero cuando llegaron con ellos los asesinaron y la criaron como suya. Ella despertaría totalmente al alcanzar la edad adulta.
— ¿Por qué tantos la querían muerta?
—Agnes era demasiado poderosa y no podían controlarla.
—Por eso la querían muerta.
—Si. Ella había proclamado ser leal a Dracul.
—El vampiro más poderoso y la bruja más poderosa no podían estar juntos.
—Correcto. Algunos días después fui convocado para conocer a nuestro líder Augustus Povonof, quien me diría que hacer para que la transformación de Luci fuese exitosa. El viaje hasta Irlanda fue rápido, llegamos en pocos segundos y nos dirigimos hacia los acantilados de Moher, al extremo más elevado y esperamos por el sol de las 5:30 p. m., en ese momento la puerta del santuario se abrió.
Era el ser más temido y respetado, fue nombrado líder absoluto no solo por su poder, sino porque era el único capaz de cruzar el sendero prohibido sin ser tocado. Hasta las almas atormentadas de los Pfathraz lo respetaban.
— ¿Pfathraz?
—Veras. Cuando un Cazador quería transformar a un humano muchas veces fallaba y esas almas eran enviadas a una especie de limbo. Ellas son lo que llamamos Pfathraz. Augustus era un celoso guardián de la sabiduría de los Cazadores. Su presencia era total, como un agujero negro que absorbía toda la energía a su paso. Avancé por un inmenso pasillo y de pronto la puerta se abrió sola, al final del recinto estaba un ser descomunal. Era similar a nosotros, pero estaba rodeado de un albor resplandeciente.
Me explicó que debía esperar por ella al final de un túnel. Que debía cargarla sin cubrirla con nada para que su alma acabase de purificarse. Al llegar me entregaron una túnica negra que no debía quitarme pues protegería mi alma y esencia de los Pfathraz.
Además si ellos me tocaban de alguna forma su esencia saldría conmigo de aquel lugar y sería semejante a dejar una puerta abierta. Sin embargo cuando me entregaron a Luci ella estaba desnuda y el lugar estaba helado. Sin preocuparme por las consecuencias, me quité la capa y la cubrí.
Las manos de aquellas criaturas estaban en todo mi cuerpo y fue Elena; uno de los momentos más dolorosos de mi vida. Dos horas después aparecimos en casa, la túnica no estaba y ambos vestíamos la misma ropa que llevábamos al llegar a Irlanda. George se encargó de Luci mientras yo iba a descansar.
Me sentía exhausto, pero al menos ya ella estaba a salvo.
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