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Author: Cassandra Hart
"Petsa ng paglalathala: " 2020-11-06 11:37:15

Narrador Omnisciente

Dos días después y tras mirar a su hermano en la silla de ruedas, mirando sin mirar, fue por Juliana. La deseaba como un puto adolescente, pero necesitaba que ella y Dante congeniaran. Su hermano necesitaba con urgencia de un corazón cálido para amar. Sabía, tenía la certeza de que la piccolina sería la mujer de ambos y si ella no podía con eso, daría un paso atrás. Pero tener a Juliana con ellos les haría tener que reforzar la seguridad, porque si algo sucedía con ella, ninguno lo superaría. ¿Cuán obsesionado estaría con ella en unos meses si con solo horas de conocerla, estaba a punto de ir a mutilar a alguien por lo que le había hecho?

Uno de sus hombres le informó de lo sucedido por eso iba primero a la pensión. El viejo, dueño del lugar la golpeo, trató de violarla. Cuando entró, el tipo se puso pálido.

 —Me llegan rumores de que mi protegida, se vio atacada por usted.

 —¿Su protegida?

 —Juliana.

El hombre se puso pálido y empezó a balbucear.

 —No sabía que la signorina era su protegida, Sus cosas están todas en la habitación, esperaba que regresara para dárselas.

 —Si ella me dice que le falta algo usted me va a conocer. Un dedo por cada cosa perdida.

 —No he tocado nada…

El hombre palideció y Antonio lo supo.

 —¿Qué falta?

 —Un viejo relicario con la foto de la mama de Juliana. Lo vendí para pagarme lo que debía de alquiler.

 —¿Cuánto le debía y por cuantos meses?

 —Yo…usted sabe que la cosa esta difícil y uno debe cobrar de más.

 —¿Cuánto y por cuantos meses?

 —Do…dos mil dólares por dos meses.

 —Usted le cobraba mil dólares por esta ratonera…

 —No tiene carné social ni nada que respalde que me pague si se va.

 —¿Cuánto le dieron por el relicario…?

 —Señor Lucchese….

 —Mis hombres irán a la habitación, traerán sus cosas para poder corroborar que todo está en buen estado.

 —Las tengo en mi habitación…

 —Me pareció que dijo que estaban en la habitación que ella estaba usando.

 —Me confundí señor Lucchese.

Antonio sacó su cuchillo y empezó a acariciar la hoja con la punta de dedo índice. No hizo un solo gesto que le hiciera pensar al dueño de la pensión que le dolía. Disfrutaba de ese tipo de dolor. Dirigió a sus hombres una mirada y estos sujetaron al tipo. El cuchillo rasgó la camisa del viejo y se hundió lo suficiente para cortarle la piel.

 —Retomando el tema que me interesa, creo haber preguntado cuánto le dieron por el relicario.

 —Doce mil dólares.

—Y me imagino que en la bolsa de sus cosas está la diferencia, es decir, diez mil dólares.

 —Yo tenía deudas, la chica probablemente ni regresaría por sus cosas.

Antes de que Antonio pudiese decir algo más sus hombres trajeron algunas cosas, uno de ellos se veía asqueado y le pidió hablar a solas.

 —Jefe, no solo no hay dinero, sino que….

Antonio estaba furioso. Iba a matar al tipo.

 —¿Así que su pasatiempo es usar la ropa interior de Juliana para excitarse?

 —No sabía que era su protegida…

Sus hombres cerraron la puerta, los gritos del sujeto sonaron en toda la calle, pero nadie salió. Nadie llamó a la policía. Cuando acabó, limpió la sangre de su cuchillo, el tipo se sujetaba la mano contra el pecho.

 —Tiene 24 horas para reunir el dinero que falta. Vendré de nuevo.

Uno de sus empleados miraba con diversión a su jefe.

 —¿Cuántos dedos, jefe?

 —Cuatro. Y le fue bien. Corran la voz, Juliana ahora cuenta con la protección de la familia Lucchese.

Mientras esperaba en la cama a que llegaran por ella, analizó su vida. Estaba por empezar su trabajo cuidando a quien asumía era un niño pequeño, Dante. Antonio le había dicho que la compartiría con alguien más. Debería estar escandalizada, pero la verdad era que no tenía a nadie. No era la primera en conseguir dinero por sexo, la profesión más antigua del mundo.

En sus manos tenía la cosa esa con el nombre de los Lucchese, era hermoso y aunque no tenía más que la palabra Lucchese, exudaba poder. Estaba ansiosa, todo aquello era nuevo y disfrutaría, buen sexo, dinero en su bolsa, comida y una cama. No podrían convencerla de que estaba mal, porque estaba cansada de luchar para llegar al día siguiente.

Antonio entró a la habitación y cerró la puerta. Juliana le miraba con nervios y con emoción.

 —Cara, he traído ropa para cambiarte. Pienso que es de tu talla.

Se puso a su lado y con cuidado le quitó la bata del hospital. Juliana llevó las manos a sus senos para cubrirlos, pero Antonio no quería aquello. Sujetó sus manos y las apartó, la puso de pie y la llevó con él al sofá. Se sentó con calma y siendo cuidadoso con la pierna herida, la colocó a horcajadas sobre su bulto.

Guio las caderas de Juliana en una danza rítmica mientras él se daba el pacer de saborear sus senos.

 —Muévete cara, busca tu placer.

Juliana no sabía qué hacer…

 —No puedo…

 —Puedes cara, puedes.

El orgasmo llegó a ella y Antonio quiso probarla, la puso sobre la cama y se deshizo de su ropa interior. Separó las piernas de la joven y sacio su sed. Un segundo orgasmo llegó a ella barriendo de forma brutal a la joven Juliana. Antonio se quitó los pantalones, de pie junto a la cama se tocó y cubrió a Juliana con su liberación.

 —Eres impresionante, cara. Te limpiaré, te vestiré e iremos a casa.

Mientras avanzaban a su nuevo hogar, era difícil no sentirse abrumada. Antonio era impresionante y empujaba sus límites. ¿Cuándo y cómo pasó de ser una virgen recatada a una virgen hambrienta de sus toques y caricias?

¿Realmente todo era simplemente eso? ¿Tanta suerte tenía? Porque resultaba demasiado bueno para ser cierto. Hace nada de tiempo recibía una propuesta de su asqueroso casero y ahora no solo era un hombre más dios que hombre, sino que además iba a pagarle.

A pesar de que vivía tan mal y pasaba situaciones deplorables, tenía una vena romántica y anhelaba que aquella situación fuese una extraña y rara versión de la cenicienta, por eso le gustaría que aquello no fuese por dinero. Pero siendo honesta con ella misma, una huérfana sin hogar realmente no podía aspirar a ser más que una especie de prepago.

 —Antonio, ¿Qué edad tiene Dante?

 —¿Importa?

 —Bueno, sí. Es decir, mi experiencia con niños es poca.

 —¿Niños? Ah sí, te dije que era mi hermanito.  «le dijo sonriendo sin poder evitarlo»

 —¿Qué tiene de graciosa mi pregunta?

 —No rio de tu pregunta sino de la respuesta, vamos a pasarla muy bien. Mi hermano y su edad, creo que lo descubrirás bien en breve. Por cierto, tus cosas están en la cajuela y mis hombres han ido a la tienda de empeños.

 —No llevé nada ahí…

 —El tipo de la pensión empeñó tu relicario.

Juliana se quedó en silencio mirando por la ventana. Sus manos estaban cerradas, sus puños apretando y arrugando su ropa. Vergüenza porque Antonio mirase sus cosas, pena y dolor ante la pérdida del relicario. ¿Era ahora claro para ella el porqué de su necesidad de tomar lo que le ofreciera Antonio?

 —No me gusta tu cara, te ves derrotada y triste. Tu nunca más vas a sufrir, cara.

 —Soy una prepago, no hay muchas opciones de felicidad y no me malinterpretes que agradezco que me ayudes.

Antonio no le dijo nada. Pero la ira avanzaba por él, claro que le había dicho que le pagaría por ser su amante, pero no era eso literalmente. Entendía bien a Juliana, pero eso no ayudó a su mal genio.

Estacionó su auto y se volvió a ella gritando.

 — ¡¿Ancora non hai capito quello che voglio dire?!

 —No hablo italiano, deja de gritarme en tu idioma.

 —Lo que quiero decir es, ¿Si todavía no has entendido lo que quiero decir?

 —Me dijiste que me ibas a pagar, por sexo.

 —Dije eso para protegerme a mí mismo. Quería pensar en ti como en algo casual porque me asustó lo que me hiciste sentir. A mí la cabeza de la familia, una joven que podría ser casi mi hija, que me vuelve loco de deseo…tú puedes acabar conmigo. Y si te mostraba la fuerza de mis emociones, podrías irte.

 —Lo entiendo.

 —Tu tristeza es por el relicario, ¿verdad?

 —Era lo único que tenía de mamá. Lo he cuidado con fiereza y cuando él me trató de…

—Tranquila.  «le dijo acariciándole la mejilla» Sé lo que trató de hacer y me he encargado de que nunca olvidé que ahora tu eres la protegida de la familia Lucchese.

—¿Por qué me es tan fácil aceptar tu protección?

—Te afecto tanto como tú a mí. ¿Sabes que tu relicario vale mucho dinero?

 —Sí, las monjas del orfanato ellas me dijeron que lo cuidaron porque sabían que era valioso. Pude venderlo, pero era lo único que tenía de ella. Tenían dinero según sé, pero las monjas dijeron que en aquellos años mamá llegó pidiendo ayuda. Había visto algo que no debía. Perdió su dinero y estaban tras ella así que me dejó ahí para que estuviera a salvo, ella pensó que volvería, pero no fue así.

 —Aparentemente aún lo tienen en la casa de empeño y lo recuperarán para ti.

 —Gracias Antonio.

Cuando la inmensa mansión estilo victoriano quedó ante ellos, el estómago de Juliana se retorció.

 —Una casa es solo eso, una casa.  «dijo agarrándole la mano»

 —¿Tienen muchos empleados?

 —No fijos, ellas vienen tres veces a la semana a limpiar, solamente tenemos a Coca, nuestra Nana que ahora es la encargada de cocinar. Ella va a amarte.

 —¿Qué le has dicho que soy?

 —Mía, eso le he dicho.

 —¿Tuya?

 —De momento solo mía. Si él no te quiere y no está dispuesto a que seas nuestra, serás mía.

 —¿Y si esta persona con la que insistes que me vas a compartir me quiere solo para él?

 —Me iré. Porque él es importante para mí y verlo bien es todo.

 —¿Y si me enamoro de ti solamente?

 —Serás solo mía entonces. Vamos, hemos llegado ya.

Sin embargo, cuando Antonio le abrió la puerta y ella se situó junto al auto, no se movió.

 —¿Cara?

 —Yo…necesito un minuto. Nunca me plantee trabajar como amante de nadie…es difícil.

 —Vas a ser amada, cuidada y protegida. Si me dices que no, igual te haré mía. Ya te probé Juliana y no puedo renunciar a tu sabor, a lo que me haces sentir. No de forma fácil.

Antonio la sujetó de las caderas y le acercó a su cuerpo. Lo sintió excitado.

 —Tú me haces esto cariño. Esta noche será en mi cama en la que estarás, mi habitación en la que te vas a instalar. No te quitaré la virginidad, ya te dije que no será mi placer, pero no quiere decir que no voy a disfrutar de tenerte, cara. Aunque pensándolo bien, no esperaré hasta la noche, no puedo aguantar.

Sujetándole con fuerza de la mano entraron a casa, directamente a la habitación. No buscaron a Dante, solo había una cosa en la mente de Antonio.

 —Trato de ser racional muñeca, pero necesito tu boca tomándome, tu boquita esa que es virgen, que nunca ha tomado a un hombre, esa es mía para reclamar.

Antonio se quitó la ropa a prisa, la desvistió con cuidado y la hizo arrodillarse en el suelo, acercó su miembro a la boca de Juliana para que esta lo tomara. Fue duro, hambriento y desesperado pero su pequeña Juliana no lo defraudó y aunque al inicio estuvo nerviosa, pronto comprendió cuan poderosa era.

 —Vas a tocarte para mí, Juliana.

Los gemidos de Juliana lo tenían cerca.

 —Estoy por acabar, vas a tomar todo, no vas a derramar ni una gota y si lo haces bien, te premiaré.

Antonio cerró los ojos, Juliana succionaba y tragaba todo su semen, la primera de sus amantes en hacerlo así de bien. Se inclinó a levantarla y limpio la comisura de sus labios.

 —Bien hecho, ahora déjame probar mi sabor en tu boca.

La besó con hambre, enloquecido por sentir su sabor, por probarse en ella. Cuando Juliana estuvo en la cama, se apresuró a besarla en el lugar que sabía, la enloquecía.

 —Grita para mí, gime y muestra a todos que, en esta cama, que en este momento eres mía Juliana.

Durante algunos días, veinte para ser exactos hicieron parcialmente el amor, nunca la penetró, pero se daban placer. El hermano de Antonio comía en su habitación, siempre entre las sombras.

Antonio nunca hablaba con ella del hermano al que debía acompañar y ella sabiamente mantenía silencio. Pero se sentía extraña pues no estaba haciendo nada de lo que supuestamente iba a hacer en esa casa.

Él era dulce con ella, pero le escucho hablando con algunos de sus hombres, en italiano sí, pero iba aprendiendo algunas palabras y reconocía que a quien fuera víctima de la ira de Antonio, no le iba bien.

Una mañana decidió llevarle la comida al misterioso hermano de Antonio y eso no salió bien.

 —Mi niña…

 —No va a matarme, solo le dejaré la comida.

 —Nunca sale de la habitación.

 —Quizás sea tiempo que haga lo que vine a hacer, ese niño debe entender que no puede aislarse.

 —¿Niño? Por Cristo mi niña, el joven Dante…

Pero Juliana estaba alejándose y Coca fue a prisa a buscar a Antonio, este que estaba en el jardín corrió a buscarla. Cuando llegaba a la escalera escucho el grito de terror de Juliana

Minutos antes

Llegó a la puerta del pequeño Dante. Llamó dos veces y no habló para que pensara que era Coca.

 —Pasa Coca.

La voz no era de un niño sino de un adulto y se sintió confundida. Puso la charola en su mano izquierda y abrió la puerta con la derecha.

Estaba por dejar la charola en una pequeña mesa auxiliar cuando de entre las sombras alguien le sujetó al mano. Grito porque al asustarse derramó la avena hirviendo en su mano.

Antonio entro justo en ese momento, miró con furia a su hermano y sacó a Juliana. La llevó a su habitación, luego al baño y le lavó la mano para quitarle la avena de la piel.

 —No le temas.

 —No le temo a él, fue que me salió de pronto y me agarró la mano.

 —Te pondré una pomada a base de sábila y descansarás.

 —Ese hombre…

 —Mañana hablaremos, debo irme algunas horas.

Aquella noche no hablaron de lo sucedido en la mañana, se dieron placer mutuamente, ella gemía tan fuerte que la puerta se abrió en aquel momento, Dante sin usar la silla de ruedas y solo un bastón «cosa que sorprendió a Antonio» se acercó a la cama.

 —Los gemidos de tu invitada son nítidos en mi habitación. ¿por eso lo haces?

 —Pruébala, Dante.

 —Soy un lisiado…hoy la asusté.

 —Ella está aquí para ambos. Mira sus piernas abiertas en una clara invitación, es ambrosia pura hermano. Acércate y bebe de nuestra mujer. Te dije que encontré a quien nos complementará, vamos hermano…

En la nube de placer en la que estaba, escuchó a medias la conversación. Iba a preguntar sobre si ese Dante era el papá del niño que iba a cuidar cuando escuchó el sonido de ropa cayendo al suelo.

 —¿Es virgen?

 —Lo comprobé.

 —¿No la tomaste?

 —Es para ti, Dante. Su virginidad es tuya.

Dante maldijo su condición, veía la silueta de la mujer y no quería dañarla. Sabía que estaba herida, que le había quemado la mano, pero no había vuelta atrás. Pidió a su hermano que lo ayudara a acostarse junto a ella.

 —Bésame, bésame y has que sienta que no soy un maldito lisiado.

Juliana seguía enloquecida por todo lo que pasaba, así que besó al otro hermano. Este empezó a aumentar el ritmo de los besos, deslizó su mano sobre la entrepierna de la joven y metió sus dedos.

 —Joder, me cago en la puta…una virgen, no mentías. No la tomaré hoy.

 —Dante…

 —Lo haré cuando vea de nuevo porque no pienso perderme su mirada cuando entre en ella, beberé de su coño por ahora... luego la haré mía.  Vamos mi pequeña, termina para mí.

Juliana alcanzó nuevamente el orgasmo. Adormilada sintió como Antonio la cargaba en brazos, como la metía a la ducha y lavaba su cuerpo. Percibió que la vestía, que la ponía bajo las mantas y luego saciada se abandonó a un sueño reparador.

En la biblioteca, Antonio miraba a su hermano. El médico le había llamado pues tenía las pruebas que le hicieron la última vez. La zona estaba sin inflamación y no parecía tener daño alguno en el nervio ocular. Parecían buenas noticias, pero Dante seguía sin ver. De acuerdo con el Galeno, quizás era algún tipo de estrés post traumático y por eso estaba aún más satisfecho con la decisión de llevar a Juliana a sus vidas.

Su hermano, y lo notaba ahora, necesitaba estar mejor por ella.

 —Demonios, nunca pensé que tu querrías operarte.

 —Cuando la oí gemir, mi entrepierna se puso dura, ninguna mujer…los gemidos de ninguna mujer me han afectado así y saberla virgen…ella debe ser mía. Estar lejos de ella estas semanas ha sido difícil pero hoy no pude aguantar.

 —Pues entonces iremos a ver al doctor Lutz. Me alegra ver que quieres recuperarte.

 —Por ella. Y no me incomoda el que debamos compartirla. Hay algo que me preocupa, cuando la golpeaste me dijiste que no fue grave, pero en su rostro hay golpes. No los veo no. Pero cuando acaricié su mejilla ella gimió de dolor, sentí su mejilla abultada.

 —El casero, él trato de abusar de ella y como se resistió, la golpeo.

 —Me imagino que ese imbécil está muerto.

 —No, perdió unos cuantos dedos.

 —Algo más hizo.  Tú dejas viva a la escoria cuando piensas hacerle más y eso solo significa que la ofensa contra Juliana fue que solo un intento de violación.

 —Cuando estés bien de la vista, regresarás a tu trabajo, eres condenadamente bueno.

 —No me la estés endulzando, dime lo que hizo.

 —Estaba usando su ropa interior para excitarse, vendió el relicario de su madre y la estafó, robándole dinero mes a mes. Juliana comía solo una vez a día, tenía tres trabajos para pagar un cuchitril que le costaba mil dólares al mes cuando no valía más de 200 putos dólares. Pasa que la mujer más bella e increíble, es así a pesar de haber luchado por sobrevivir en casas de acogida.

El traje para ti, para que te saque de tu miseria, pero, aunque por ella no siento más que deseo físico, mi lado protector, ese me está llevando al límite.

Dante se quedó en silencio unos segundos, su hermano…su hermano la amaba, no lo aceptaba, estaba dando un paso atrás por él, entregándole algo de invaluable valor, pero el amor estaba ahí, en el temblor de su voz, en la ira ante los ultrajes que Juliana había sufrido.

 —Vas a tirar por la borda una relación…la relación con la mujer que amas por…

 —…ti, porque te amo hermano, porque siempre quiero que estés bien, que sanes y dejes atrás el dolor y la soledad.

 —La amas.

 —Con toda mi alma, pero ella vino aquí para cuidarte, para ayudarte a sanar.

Cuando Juliana se despertó a la mañana siguiente encontró sus cosas sobre la cama, también una nota que decía que debía acomodarlas en el armario, junto a las cosas de Antonio. Lo que la hizo detener cualquier posible protesta por lo de decirle como hacer todo fue el ver el relicario de su mamá junto con sus cosas. Bueno, no solo eso. Ella estaba ahí para trabajar así que debía hacer lo que le dijeran. Bajó por las escaleras y escuchó voces en la biblioteca.

 —¿Por qué está en tu habitación? Si lo que me dijiste ayer es cierto y estás dando un paso atrás…

 —¿Dónde más debería estar? En este momento anhelas su virginidad y nada más.

 —No es cierto…

 —Vamos Dante, te conozco. Te dije lo que siento y también te dije que estoy dispuesto a apartarme si entre ustedes hay amor. De lo contrario la dejaré a mi lado.

 —Antonio…

—Empezarás tu tratamiento para desinflamarte el nervio ocular y luego te operarás. Vas a ir a ella como un hombre completo. Por mientras llega la cirugía vas a compartir con ella y conocerla.

 —Antes no me sonaba eso de tener niñera, pero mi niñera me gusta mucho.

Juliana gimió lo suficientemente fuerte para llamar la atención de los hermanos.

—Buen día, cara. Tranquilízate que desde aquí oigo tu corazón.

—¿Yo…anoche…él y yo…?

—Vamos a que desayunes…

—No puedo…es que trabajar con él…ustedes hablan de mí como si no estuviera aquí o como si no pudiese opinar.

Juliana dio un paso atrás con pánico. No debía sentirse así, pero había tenido algo intimo con la persona a la que cuidaría.

Dante avanzó a prisa hacia ella tropezando con un pequeño banco.

 —¡Dante!

Juliana se olvidó de cualquier protesta y corrió a ayudarlo. Mientras miraba a su hermano, en compañía de su bella Juliana, fue por Coca para pedirle que sirviera desayuno para tres.

Al entrar a la cocina se le movió el estómago, olía delicioso.

 —Mi viejita, buen día.

 —Buen día mi niño. Subiré el desayudo a Dante.

 —Comeremos los tres aquí abajo.

 —Entonces ella es la que buscabas.

 —Creo que si mi viejita, creo que sí.

Juliana había colocado en brazo de Dante sobre sus hombros.

 —Yo debería haberte estado cortejando, cuidándote durante las semanas anteriores porque mi hermano te atropelló y no siendo un imbécil que te ignoró.

 —Ha de ser difícil verse imposibilitado de la noche a la mañana así que entiendo un poco el que no quisieras sentir que no podías valerte por ti mismo, al punto de necesitar una niñera.

  —Quiero conocerte maldición, que añore tu virginidad no significa que sea solo eso.

—No entiendo, ustedes son hermosos, podrían tener a quien quieran.

Antonio iba regresando en aquel momento.

—Ya tenemos a quien queremos. Cuando te atropellé y me miraste a los ojos, tu vulnerabilidad, tú tristeza…esas me llegaron profundo y cuando no quisiste ayuda, porque no querías que pensara que era por mi dinero, supe que teníamos un tesoro.

—Tengo entonces una petición. No quiero trabajar, no quiero un salario.

—Cara…

—No. Eso es lo único que pido para no sentirme como una prostituta.

Una semana después, Dante vio el rostro de Juliana. No totalmente pero su imagen no era más una sombra, quizás podía describirla como una hermosa mujer relativamente borrosa. No llevaba mucho tiempo con el medicamento y sin embargo notaba avances fuertes, pero no lo mencionó. No quería generar una falsa alegría a la mujer que en los últimos días había empezado a ganarse su corazón. Cada día desayunaban juntos, se sentía mal de ocultarle su recuperación parcial, en una ocasión casi queda al descubierto porque se acercó a ella de forma rápida, siendo capaz de ver algo más y cuando ella le miró él se dejó caer al suelo. Aquello evitó que Juliana siguiera pensando que él veía.

Aquella mañana en específico quería gemir. Estaban en la biblioteca y ella le leía. La verdad a él le daba igual lo que ella le leyese. Estaba cachondo, ansioso de probarla de nuevo, no es que hubiesen vivido en una abstinencia porque no era así pues habían jodido toda la noche. Seguía siendo virgen, pero los hacía tener los orgasmos más increíbles, ella amaba chupar sus pollas. Y por un demonio si no era cada vez más experta. Ellos la lamian una y otra vez, sin embargo, ella se cansaba. Las últimas noches habían dormido poco, hablaría con su hermano porque su Juliana parecía agotada.

 —Ve a la cama, amore.

 —Estoy bien.

 —Se te cierran los ojos. Anda.

Minutos después, una explosión sacudió la casa. Sus guardias corrían por la propiedad y él sintió pánico, porque Juliana estaba sola en el piso superior. Fue el grito de su piccolina el que le puso a correr y ahí notó que veía casi totalmente.

Avanzaba lo más a prisa que podía, el humo llenaba la casa y veía mucho saliendo del piso superior. El lugar donde estaba su Juli. Coca estaba fuera aquella mañana y al menos era una preocupación menos. Conforme llegaba al piso superior la escuchaba con nitidez, estaba gritando, llamándole con miedo y quería gritarle que todo estaría bien sin embargo empezaba a faltarle el aire. Juliana estaba en su habitación cuando la explosión llegó y aunque se asustó al inicio, supo que necesitaba llegar a Dante, él estaba casi ciego, no sabría hacia dónde huir.

 —¡Dante!

Se sorprendió al verlo fuera de su habitación.

 —Aquí mi niña. En la habitación de mi hermano hay una habitación del pánico. Para abrirla solo necesitamos la huella de la palma mi mano derecha.

Juliana abrió la puerta, entonces sintió algo que la quemaba en la pierna, luego humedad. ¡Le habían dado un tiro!

Cuando Dante estuvo dentro de la habitación y antes de que pudiese analizar lo sucedido notó que alguien la sujetaba del cuello y sostenía un arma contra su cabeza.

 —Un paso en falso Lucchese y la signorina se muere.

 —¿Por qué no llevarme a mí?

 —Porque esta es nuestra vendetta contra su hermano. Por esta mujer mi padre perdió los dedos de su mano y cuando hayamos hecho lo mismo con ella, se la devolveremos a Antonio.

Y ahí, impotente vio a su mujer llorando mientras era arrastrada lejos de él.

Juliana se zafó de su captor, pero este le dio alcance, todo frente a las cámaras de seguridad de los hermanos. Ahí, dejando evidencia de sus aberrantes acciones, la golpeó fuerte. Juliana se desplomó y aún no satisfecho, la levantó del pelo y la golpeo de nuevo.

La pusieron en el asiento de atrás de una camioneta y viajaron hasta que se hizo de noche. Pensaba en Dante, en que no quería que lo lastimaran.

No sabía cómo decirle a Antonio que, aunque disfrutaba de estar con él en la cama, su corazón amaba a Dante y esperaba que, en algún momento, el hermano menor viera en ella más allá de lo que veía ahora. Cuando abrió los ojos estaba en una habitación mugrosa, una venda estaba en su pierna.

—Lamento haberte disparado y haberte golpeado.

La voz venía de un sujeto que estaba sentado en una esquina, fumando mientras la veía con atención.

 —Déjame ir…

 —Lo siento muñeca. Antonio va a pagar lo que le hizo a mi padre.

 —Tu papá es un inmoral, quiso aprovecharse de mí.

En dos segundos estuvo sobre ella, dándole una cachetada.

 —Mi padre es un hombre de honor.

 —Claro que sí, pregúntales a las distintas inquilinas, se roba su ropa interior, se toca mientras ellas lo miran.

Juliana se estremeció ante la ira que llenó el rostro de su captor. Estaba asustada como el infierno porque ese hombre parecía dispuesto a matarla. El tipo la agarró a patadas con furia y Juliana no dijo nada más. Solo podía esperar a que la encontraran. Mientras empezaba a sangrarle la nariz, por el crujido diría que estaba rota imploró a Dios por ayuda.  Era mejor a partir de ese momento guardar silencio.

Otro de los hijos del sujeto entró y lo alejó de ella.

 —¡Imbécil! ¿Moviste todo nuestro grupo para atacar a los Lucchese?

 —Atacaron a papá.

 —No, Antonio defendió a su protegida. Ahora con lo que has hecho nos has matado a todos.

 —Ellos no saben nada de que fuimos nosotros…podemos simplemente matarla.

 —Según uno de mis hombres, tú le dijiste a Dante que era una vendetta por el daño que sufrió papá. Huye de una vez Phillipe, vete lejos porque con mi protección no cuentas.

Juliana seguía en el suelo cuando al otro hombre le avisaron que varias camionetas se acercaban

—Bien pequeña, parece que han llegado a salvarte. Sin embargo, te llevaré conmigo como moneda de cambio. Amo demasiado mi vida como para morir a causa de mi padre y de mi hermano.

Horas antes en casa de los Lucchese

Antonio llegó a casa diez minutos después del ataque. Encontró a Dante caminando con furia.

 —¿Tú puedes ver?

 —Sí, no del todo bien, pero sí. Empecé a notarlo hace unas pocas semanas.

 —Hablaremos de eso más tarde. ¿Quién se la llevo?                 

 —Uno de los hijos del tipo de la pensión. Ya he pedido a algunos de los que no murieron que lo traigan y me han confirmado que lo tienen. Llegarán pronto. Mientras me están preparando los videos de seguridad, para así ver en que auto se la llevaron.

 —Estás de vuelta.

 —Lo estoy Antonio y te digo algo. Ella es mía, antes no pensé que compartir fuese malo porque creí que no vería más y no la quería atada a una persona no vidente porque quería que quien tuviese su corazón fuese aquel capaz de protegerla. Pero hoy, mirando su rostro lleno de lágrimas y miedo, hoy comprendí que he aprendido a amarla y que espero que puedas aceptarlo.

 —Lo hago. No digo que no será difícil, pero supe que era para ti, quien te ayudaría a sanar.

 —Bien.              

Cuando los videos empezaron a ser reproducidos y miró de primera mano la golpiza que le habían dado, supo que ese era hombre muerto. Antonio estaba tan furioso como su hermano. Así que cuando cuarenta minutos después llegó el tipo de la pensión, Antonio sacó el arma y le disparó en la rodilla.

 —No tuve nada que ver, mi hijo se volvió loco «gritaba el hombre debido al dolor»

 —Ella está siendo golpeada por su hijo, ¿Usted qué cree que le voy a hacer? Mi hermano le cortó cuatro dedos, soy peor que él. No me temblará la mano para acabar con todos aquellos que participaron del secuestro de mi mujer.

 —No tuve nada que ver, señor Lucchese. Mi hijo la llevó a un viejo almacén en el límite de la ciudad.

 —Por su bien, espero que no me mienta.

Mientras avanzaban por la ciudad, tamborileaba los dedos.

 —Calma Dante.

 —Antonio, Juliana es mía …me la quitaron y no puedo evitar sentir que algo va realmente mal.

 —Tranquilo, ella va a estar bien, debe estar bien. Por ella puedes ver.

 —No entiendo.

 —Tus últimos exámenes mostraron que no había inflamación, tu no veías por algo relacionado con el estrés post traumático, ella fue un motivo suficiente para querer ver, para estar mejor.

 —¿Qué puto discurso es ese? Me pides calma y ahora además sé que le debo el ver de nuevo.

Dante miraba la ciudad, aquella que creyó no ver de nuevo. El camino paso de ser un suave asfalto a una calle de piedra, estaban llegando. Al bajar del auto exhaló con calma, el viento parecía sentir que una matanza estaba cerca porque estaba inmóvil y sin emitir sonido. Como antes de cada matanza, estaba inquieto pues esta vez alguien que era importante para él era retenido. Dios librara a los que estaban cerca si su Juliana no estaba viva. Normalmente usaba armas, de calibre pesado, de corto alcance. Disfrutaba de estar cerca de sus víctimas, era algo más íntimo y personal. Así que sabía que podía estarle sucediendo pues llevaba mucho tiempo en manos de ese tipo, escalofríos recorrían su piel, ira, posesividad, odio y sed de sangre.

El almacén estaba desierto, uno de sus hombres le llamó por radio.

 —Detectamos movimiento en la zona sur, alguien está huyendo, no hay señales de la señorita.

 —Atrápenlo y llévenlo a nuestro centro de detenciones, manténganlo ahí hasta que llegue en unas horas.

 —Sí señor.

Dante no se preocupó más por el idiota, sus hombres no fallarían en atraparlo.

Acompañado por su hermano fuertemente armado hizo ingreso al edificio. Hombre que salía, hombre que caía bajo los disparos de Antonio. Él, aunque ya veía no confiaba al cien por ciento en sus ojos, no aún.

Encontraron el salón donde la tuvieron y cuando vio las vendas con sangre enloqueció.

 —La puta Mierda, ellos la hirieron.

 —Calma hermano, enfócate.

 —Los voy a matar.

 —En eso estamos de acuerdo.

Juliana estaba en la parte trasera de una camioneta que viajaba tan rápido que ella iba dando pequeños rebotes. Mierda santa, no le bastó a psicópata 1 con molerla a palos, sino que psicópata 2 la dejaba sacudirse y golpearse con las paredes de la camioneta.

 —Mierda, nos siguen. Maldito sea Phillipe.

Juliana había logrado estirarse y llegar hasta la manija, la puerta estaba sin llave así que cuando sintió que la camioneta bajó un poco la velocidad abierta supo lo que debía hacer. Un par de cientos de metros atrás Antonio, Dante y tres vehículos daban caza a la camioneta. Para consternación de ambos al llegar a una de las curvas la encontraron volcada. Dante bajó del auto, tropezando un poco. Pero siguió adelante

El hijo de puta estaba muerto, al impactar contra el árbol salió por el vidrio frontal.

La cajuela estaba abierta y sin señales de Juliana.

 —Dante, si ella hubiese estado dentro, con el impacto debería haber salido hacia delante. La agarradera del auto tiene marcas de sangre.

 —Juliana saltó de auto.

 —Correcto. Debemos empezar a revisar el área. Llamaré a pedir más ayuda.

Dante se detuvo y llevó la mano a su cabeza, le dolía como si le hubiesen dado una paliza.

 —Dante…

 —Me duele un poco. Inhalé mucho humo.

 —Siéntate.

Dante se alejó, tambaleándose. Antonio le sujetó, pero se soltó de mala manera.

 —Cuando encontremos a mi mujer y la sepa segura, me revisará el médico. No antes.

Con una línea de 20 hombres peinaron la zona, cinco minutos después uno de ellos dio el aviso.

 —La tenemos, a 100 metros de la camioneta.

La encontraron acostada de medio lado, muy llena de golpes y sangre.

 —Pidan una ambulancia.

 —Ya lo hice, señor.

La llevaron al hospital del que eran dueños. En la sala de espera ambos hermanos en compañía de sus hombres aguardaban por noticias. Antonio le dirigía miradas cargadas de preocupación, cada vez que llevaba las manos a su cabeza.

 —Todo va a salir bien, deberías revisarte.

 —Eres el mayor, pero no actúes en consecuencia, pensando que puedes decirme que hacer.

 —Has vuelto.

 —No, te equivocas. Soy más letal, Antonio. No me importa matar a quien deba matar, no me importan las consecuencias.

 —Hermano…

 —La máquina de matar que una vez viste en mí, esa que me pareció intimidante y aterradora, he abrazado esa oscuridad. La arrebataron de mi lado con facilidad, porque estaba sin un arma, porque fui débil, porque no saque pecho y le hice honor a mi apellido, a quien soy. Fui blandengue, pues un Lucchese no sufre estrés post traumático y se resigna a la pérdida de la vista.

Esa debilidad fue la que la puso en peligro, la que la hizo ser herida y todos los actores directos o indirectos en esta película, van a morir y lo disfrutaré. Ella …

 —Ella te hará ser quien debías ser desde el inicio.

Dante guardó silencio y limpió una de las lágrimas que mostraban al ser humano vulnerable, al que estaba asustado de que su mujer, no saliera viva de aquel hospital. Luego, tras sentir que estaba en dominio de sus emociones, habló con uno de sus hombres.

 —Reúnan al padre con el hijo en ya saben dónde. Apenas sepa que mi mujer está segura, iré a encargarme de ellos personalmente.

 —Sí señor Lucchese.

El médico salió cuarenta minutos después.

 —Caballeros, quien sea que la tuvo y a quien me imagino que ya tienen, le dio un tratamiento de esos que amerita que le den un coctel VIP de los Lucchese.

 —¿Tan mal está Juliana?

 —¡Muchacho, tú me estás mirando!

 —Si doc., pero ahora la prioridad es otra.

 —Bien, bien. Juliana no tiene algo que sea grave para su vida, pero son muchas pequeñas cosas. Cuatro costillas fisuradas, por suerte no están quebradas, tiene un esguince en el tobillo que se dio debido a saltar de la camioneta.

La nariz sí, se la quebraron. La rotura es en el cartílago sobre el puente nasal en la pared lateral derecha. Gracias al cielo no hay una lesión en el cuello según las placas, pero está adolorida así que por eso le dejaremos el collarín puesto pues este le alivia las molestias. Una de las mayores complicaciones puede darse debido a que como el cartílago está roto, puede acumular sangre dentro de la nariz, por eso después de tratarla para arreglarle la nariz la dejaremos unos días en observación en caso de que tuviésemos que drenarle los abscesos de sangre. Pero les advierto que no es bonito de ver.

 —¿A qué se refiere?

 —Como las placas muestran un desplazamiento de los huesos y el cartílago, vamos a realinear de forma manual. Ella estará sedada, pero probablemente esté asustada y les necesite dentro.

 —¿Cuál es el problema para nosotros? Ella va a estar sin dolor.

 —Por mi experiencia con parejas así territoriales, cuando ella se asuste me van a gruñir.

 —Lo entiendo doc., me quedaré tranquilo.

 —Eso me vale por ahora, pero no va a hacer así. En fin, le administraré medicamentos en aerosol, usaremos un espéculo nasal o pinzas si quieren llamarlo así, para abrirle las fosas nasales. Luego realinearé los huesos.

—¿Cuidados que debamos tener?

 —Los primeros días dormir semisentada, si pueden poner una cama de hospital para poder tenerla en esa posición, pues mejor.

 —La pediré ahora mismo «añadió Antonio»

 —Pondremos una férula interna, compresas de gasa que dejaremos una semana y antibióticos para evitar que las bacterias de la nariz afecten la sangre.

 —¿Podemos verla?

 —Sí, ya ha de estar en su habitación.

Juliana se sentía como un condenado saco de boxeo. Recordaba levemente el viaje en ambulancia, el rostro de Dante mirándola fijamente. ¿Podía ver? Eso le pareció, pero por, sobre todo, dio gracias a Dios porque se veía bien, no estaba herido. Estaba decidida a confesarle sus sentimientos, mejor ser rechazada ahora y no más adelante. Su vida, sabía que nada volvería a ser igual lo amaba por Cristo, ¿cómo sucedió aquello?

El médico entró poco después seguido de sus Lucchese. Aunque no sentía amor por Antonio lo quería profundamente. La había sacado de la calle para darle una mejor vida. Sí, el estado en el que se encontraba en ese momento no iba de la mano con el agradecimiento que tenía en su corazón, pero eso se había originado debido a problemas de ella con el anciano de la pensión y no con ellos.

Miró a los hermanos y estos la miraban con coraje, que sabía no era para ella.

 —Hola guapos, ustedes se las arreglan para verse bien sin importar qué.

Dante la miraba de lejos sin avanzar, tenía miedo de decirle que la amaba porque si ella amaba a Antonio se le rompería el alma. Si ella escogía a Antonio dejaría el país.

 —¿Podemos hablar, Dante?

 —Claro cariño

El medico salió con Antonio. Dante se sentó en la cama y con cuidado la sujetó de la mano. Cuando ella se estremeció se movió dispuesto a soltarla, pero ella no quiso.

 —No me dejes, no sé cómo manejar el miedo que me corroe. Y no me gusta sentirme así.

 —No temas, estaremos contigo siempre, nadie se te acercará de nuevo.

 —No temo que vengan por mí, la vida es peligrosa, pero sé que ustedes me mantendrán segura. Temo el que vaya a perderte.

 —No me vas a perder, siempre puedes verme como a un amigo «apenas lo dijo se arrepintió, porque ella estaba llorando y no de alivio. ¿ella lo quería? Si era así, además de ser un bastardo afortunado también era el estúpido que le había roto el corazón»

 —Tranquila, pequeña no lo decía en serio.

 —¿Tampoco quieres ser mi amigo?

 —Solo la cago. Dime lo que ibas a decirme, pequeña mariposa.

—Primero pensé en decirte lo que siento, pero ahora quisiera solo ser capaz de guardar silencio. Tomé esa decisión cuando ese sujeto…cuando él…

 —No pensarás más en él, esa pesadilla ya terminó y te protegeré, nada como esto va a suceder de nuevo.

 —Mientras ese hombre me golpeaba decidí decirte lo que siento. Y temo que si me escuchas vas a alejarte. Y ese miedo me asusta, nunca he tenido a nadie, no realmente y estas emociones, este depender de alguien emocionalmente, este pánico a perderlos, a ustedes que son lo único a lo que puedo llamar familia, me afecta,

 —Nunca te dejaré, pensé que, si escogías estar con mi hermano me iría, pensaba en eso hace unos segundos, pero sería mentirme a mí mismo, prefiero mirarte de lejos, aunque sepa que no eres mía. Te amo, aprendí a amarte estas semanas y casi perderte, eso me volvió loco.

Juliana empezó a llorar, el alivio corría por ella, ¡la amaba, Dante la amaba!

 —No llores que me rompes el corazón y me haces querer ir a matar a los que te hicieron esto.

 —Lloro porque también te amo, tenía miedo de decirte y que me dijeras que no sentías lo mismo, y cuando dijiste lo de ser amigos.

Dante le acariciaba la mano con cuidado. Luego asegurándose de no tocarle el rostro beso su frente. Pensó que los tipos como él nunca encontraban el amor, había hecho sus cosas que para muchos eran censurables y el universo, ese no lo castigaba…aunque pensándolo bien, quizás si lo hacía. Porque amar a alguien de forma tan intensa siendo quien era, era exponerla a peligros y cada día entonces, sería un eterno suplicio, acosado por el miedo.

 —Mi niña, tú quieres estar solo conmigo o quieres también a Antonio.

 —Con Antonio, no siento esta magia como la que siento cuando tú y yo estamos juntos. Y estar físicamente con él me parece…no se siente correcto.

 —Será como quieras. ¿Crees que estaremos bien viviendo con él o prefieres que nos mudemos?

 —Me gustaría que podamos estar solos.

 —Hay una casa que venden en la misma zona, concretamente la de al lado. Podríamos comprarla si te parece.

 —Me gusta la idea.

Juliana empezó a llorar, no era un gran llanto, solo lagrimas silenciosas acompañadas de un gemido.

 —¿Qué pasa, cariño?

 —Los medicamentos empiezan a perder efecto porque me duele mucho.

 —Tranquila. Shh nena, tranquila que me rompes e corazón. Llamaré al doctor.

Cuando trató de levantarse ella se aferró a su mano.

 —No me dejes, por favor.

 —Solo voy a ir a la puerta, no te angusties que no debes alterarte.

Mientras el médico la anestesiaba y reacomodaba su nariz ella estaba llorando, luego le pidió al doctor detenerse y vomitó en un cubo que el médico, calculando que eso sucedería, dejó junto a la cama.

Una vez que el procedimiento acabó, Dante se metió en la cama con Juliana y la mantuvo sobre su pecho, acariciándola con suavidad para que dejara de llorar.

 —Ya tranquila, todo pasó.

Tras hablar con el médico, asignar guardias fuera del hospital y finiquitar los arreglos necesarios para tener la cama que ella necesitaba puesta en la habitación de Dante, regreso a buscarlos.

Al entrar miró a su hermano, al rudo y despiadado Dante Lucchese acariciar con ternura el rostro amoratado de Juliana y lo supo.  Estaba bien para él, porque sus sentimientos por Juliana ya pasarían, la amaba…la amaría por siempre, pero lo correcto era eso que tenía en frente, ambos se necesitaban y él no sería quien estuviese en medio.

 —Tortolitos, Juliana necesita dormir.

Dante miró a su mujer, le acarició el rostro, puso las manos en sus costillas. Y Juliana vio el cambio, el asesino implacable estaba ahí y no le asustaba, lo amaba con todas sus sombras, mismas que lo hacían quien era.

 —Mi niña, te dejaré en compañía de Antonio.

 —Vas por ellos.

 —Si. Pagarán por cada una de las cosas que te hicieron.

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