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6

Author: Cassandra Hart
"publish date: " 2020-11-09 16:01:26

Narrador Omnisciente

Dante temblaba, sacarla a prisa no iba a ayudar a Juliana, porque cuando le habían movido la pierna ella no reaccionó, habían intervenido más de 40 minutos después de atrapar a los que intentaban huir así que viva, no estaba ya. Su mujer, la niña más dulce del mundo, esa que aceptó un trabajo que le pedía más de lo que quería pero que aceptó, una mujer que había pedido hacerlo porque quería y no por dinero.

Una mujer que había aprendido a amarlo y que lo amaba solo a él

Una mujer que le hizo ver, soñar y anhelar.

Una mujer que días atrás pensó que era su premio, y ahora sin embargo estaba seguro que perderla era su castigo.

Una mujer con todo el futuro por delante, que se encargaría del hospicio, que tenía una hermana dispuesta a amarla, una mujer que era dueña de su corazón.

No dejó que nadie más estuviese cerca, Antonio y sus hombres, ellos se habían alejado. Su hermano sentía cosas fuertes por ella, pero como hombre de honor, dio un paso atrás para dejarlos ser felices. Colocó una manta en el suelo para acostar ahí a su mujer. Tenía una botella de agua para lavarle el rostro. Siguió sacando a su mujer, desenterró el cuerpo y encontró la cabeza dentro de una bolsa negra, las manos debajo de su espalda. No podía evitar pensar en allá abajo, atada de manos a la espalda, con la cara en aquella bolsa y sacudiéndose para evitar ser enterrada viva. Nunca había sentido tanta ira en su vida, tanta furia y sabía que acabaría no solo con los líderes de la familia responsable de aquello. Iría tras todos en su familia, niños, adultos y ancianos.

No le importaba nada, no le importaba nadie. Y después de que acabara con todos se uniría a ella. Una vida sin Juliana no era vida.

Termino de desenterrar a Juliana cuando se dio cuenta de que aquella no era su mujer.  Temblando por la impresión empezó a vomitar. Luego, aun temblando llamó a su hermano.

 —¡ANTONIO!

Su hermano ante sus gritos se acercó a prisa.

 —No es ella, Dios…esa mujer de ahí no es mi mujer.

Antonio abrazó a su hermano, sentía las sacudidas que estremecían a Dante o quizás eran las suyas propias. Estaba furioso, por quien había torturado así a Dante, no dudaba de que su hermano se vengaría, pero no lo haría solo. Esto había sacado al demonio que Dante trataba siempre de mantener bajo control.

Compartieron unos segundos de desahogo cuando a prisa se puso de pie y alerta. La señal los había llevado a ese lugar. Uno de sus hombres se acercó con una botella de agua para que Dante enjuagara la boca. Luego sacó un termo con café, del que bebió gustoso.

Antonio apareció llevando el diminuto chip en sus manos.

 —Le sacaron el transmisor, Dante.

 —Y según entiendo, hermano, solo una persona sabía de eso.

Antonio pareció sacudido por una descarga eléctrica, el hombre en el que confiaba, el que sabía mucho sobre ellos había traicionado a los Lucchese, era el responsable de lo sucedido con Juliana.

Estaba furioso. Llamó a uno de sus hombres.

 —Van a ir por el médico, lo llevaran a donde han llevado a los que detuvimos en este lugar.

 —Sí señor.

Dante miraba todo. Analizando…pensando…

 —Está aquí. El auto estaba vacío, así que le sacaron el chip aquí.

 Empezaron a buscar en todo el sitio y lejos en una esquina estaba un estañón plástico azul. Aunque corrían a toda prisa sentían como si no lograsen avanzar. Al acercarse finalmente y antes de quitar la tapa, Dante dudó. Debían haberla dejado viva, de lo contrario la habrían colocado en el suelo, enterrada donde estaba la otra mujer. Pero tenía miedo de abrir esa tapa pesar de que sabía que el oxígeno debía estar por acabarse.

Acercó la mano a la tapa, empezó a retirarla con fuertes temblores sacudiéndolo. Antonio, cerca, le miraba con una fuerte preocupación, no estaban listos, no para sufrir de nuevo. Pasaron por el perderla, al alivio de que no fuese la que estaba enterrada y luego a perderla de nuevo. Al asomarse dentro sus piernas temblaron, Se quedó inmóvil sin realmente creer lo que veían sus ojos. Antonio asustado se asomó y se quedó quieto sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos. El teléfono de Antonio sonó en aquel momento sobresaltando a los que estaban ahí. A ver el número del que llamaban, se alejó no antes de pedirle algo a sus hombres.

 —Quédense con mi hermano.

Antonio atendió a Sabrina.

 —Hola bonita.

 —Alguien está disparando afuera. Los hombres que estaban conmigo se han ido a enfrentar a los que atacan y me dejaron sola. Me metí bajo tu cama, pero no sé…escucho los disparos más cerca.

 —Demonios, escucha bien. Cerca del balcón hay una puerta, esa es de una habitación de seguridad. Vas a poner tu mano y dará error, pedirá un código escrito, digita LC29J8 Ahí verás un sofá, una nevera pequeña con bebidas y cosas de comer, hasta hay un pequeño baño, está diseñada para que puedas subsistir una semana. Encontrarás un panel, al encenderlo tendrás vista de todas las cámaras. Entra de una vez y cuando estés segura colgaré, debo acabar algo con Dante y salgo para allá.

Al volverse hacia su hermano lo vio en el suelo, Juliana estaba entre sus brazos mientras él la hacía beber agua. Otro de sus hombres vendaba el brazo donde había estado el chip. Estaba sonrojada por el calor y el poco oxígeno, pero viva. Se acercó a ella con calma, aun no creyendo que realmente estaba viva.

 —Juliana cariño, no sabes cuan feliz estoy de verte.

 —Creí que moriría, ellos me dijeron que tenían a una mujer, que les harían creer que estaba ahí abajo. Lo siento, de verdad lamento el que sufrieran así.

 —Fue fuerte, pero lo único que importa es que estás viva, cariño. Ahora vamos a tratar de irnos. Debemos ir a una de las casas de seguridad que tenemos. Han atacado nuestra casa y no sabemos el nivel de daños que hay.

 —Mi hermana…

 —A salvo, cuando llamó le he dado la clave de acceso al cuarto del pánico. Tu irás a la nueva casa con Dante y yo iré a otra con Sabrina, es mejor separarnos y cuando todo sea seguro de nuevo, nos reuniremos. La casa a la que ustedes van tiene un ala dedicada a atendernos cuando llegamos lastimados, nos daba más intimidad que el hospital así que podrán atenderte bien, deben hacerte placas en costillas y revisar ese brazo. Me marcho ahora, para ir por tu hermana.

Se acercó a abrazarla, pero Dante la tenía tan atrapada entre sus brazos que Antonio le dio un golpe en la cabeza.

 —Troglodita, déjame abrazar a Juliana y despedirme, además ya debemos meterla a auto. Urge que la lleves a revisar.

Dante entendía a su hermano, estaba demasiado asustado, pero es que nunca olvidaría lo que sintió al remover la tapa y mirar a su mujer, con una mordaza en la boca y los ojos abiertos con pánico. Al inicio tuvo que darle tiempo, dentro estaba demasiado oscuro y la luz la encandilaba, así que ahora que la tenía realmente viva, soltarla y dejarla lejos de sus brazos era la cosa más difícil que podía pensar hacer.

Levantó a Juliana y con cuidado avanzó al auto, la puso dentro con aún más cuidado y tras sujetarle el cinturón la besó con calma y reverencia. Cerró los ojos y se abandonó al sentir su piel, al sentir su respiración contra su propia piel.

 —Te creí muerta, de verdad cariño que ver ese pie con tu ropa y zapatos, ahí mientras lloraba tu ausencia prometí venganza, y aunque estás viva, aunque vivas iré por ellos.

 —Hay algo que escuché y que es serio. Muy serio e involucra a tus papás.

 —¿Mis papás?

 —¿Podrías decirle a tu chofer que nos deje a solas?

 —Sí, mi niña.

Una vez a solas le dijo lo que escuchó, era demasiado serio para dejarlo pasar.

 —Hay una antigua finca familiar, de tu familia en Italia.

 —Si. Se incendió hace años y nunca volvimos. ¿Cómo lo sabes?

 —Tus papas no están muertos.

 —¿¡Qué dices cariño!?

 —Los mismos que me atraparon estaban hablando de eso. Ellos me tenían en la parte de atrás del auto y pensaban que estaba inconsciente. Uno de ellos dijo que los tenían ahí porque tu papá debía dar cierta información que les permitiría hackear todas las cuentas bancarias de los Lucchese y como solo tu papá puede hacerlo, les tienen allá.

 —Eso es…Dios…debemos ir por ellos. Gracias, cariño, gracias por escucharlos. Debo llamar a Antonio.

 —No, ustedes tienen topos dentro. El chofer que nos llevaba a ti y a mi cuando el auto explotó y otro llamado Richard Reynolds.

 —El que nos llevaba murió y Reynolds está entre los que solicitaron permiso antes del ataque y ha llamado a informar que se reintegra hoy mismo. Pero nuestros teléfonos deben estar intervenidos…

 —Dios…tu hermano le dio a mi hermana la clave de acceso a su cuarto seguro.

 —Llamaré a Antonio, hay una línea segura.

Uno, dos tres timbres después….

 —Dime hermano.

 —Nuestros padres viven. Después te doy detalles, pero tenemos topos, Reynolds es uno y tenemos las líneas intervenidas, eso significa que te oyeron darle a Sabrina la clave del cuarto seguro.

 —Mierda…mierda mierda, si algo le sucede…

 —Llega a ella y si la tienen, tráela con bien.

Mientras avanzaban a su nueva casa, Dante pensaba en las palabras de su hermano.

 —Le gusta Sabrina, pero por ser tu hermana no dará un paso adelante. Sé que te ama, no te lo digo para que te sientas mal, pero para que entiendas el porqué de su renuencia a aceptar que puede sentir algo por ella. También sé que la acaba de conocer, pero así sucede, lo digo por experiencia.

 —¿Así que, debido a mí, no hará nada con mi hermana?

 —De cierta forma. Entiendo su punto, pero después de lo de hoy, después de creerte muerta sé que si uno ama a alguien debe ir por todo.

 —Quiero un perro.

 —¿Un perro?

 —Cuando…cuando nuestro carro fue emboscado pensé que no quería morir, que quería una vida contigo y que quería un perro.

 —Pues tendremos perro. ¿Te gusta alguna raza en específico?

 —Me gustan los pastores alemanes.

Dante estaba preocupado, le sentí la piel demasiado caliente. Al inicio asumieron que estaba muy enrojecido su rostro debido a estar sofocada de calor en el estañón, pero ahora comprendía que era debido a la calentura que tenía.

 —Cuando te revisen y sepamos que puedes salir de casa, buscaremos el criadero de la ciudad para asegurarnos que son totalmente puros.

 —Gracias.

 —Apenas estés bien, la madre superiora nos visitará, me he ofrecido a patrocinar su orfanato y me parece que disfrutarías de manejarlo, de ser la encargada de que no les falte nada.

 —¿No es mucho dinero?

 —Debes pensar como una Lucchese ahora. Si te hace sentir mejor, te diré que dispondrás de entre 30 y 40 mil dólares mensuales para velar por sus gastos, eso después de que se hagan las reformas, para eso vas a reunirte con mis arquitectos para que diseñen el nuevo edificio, que será construido en las tierras aledañas. Una vez que esté listo y se trasladen, demolerán las viejas instalaciones, las acondicionaremos con zonas para juegos y una pequeña escuela.

 —Me gustaría ir a la universidad.

 —¿Qué quieres estudiar?

 —Me encantaría ser maestra, sé que quizá me digas que, en tu posición, debería buscar una carrera más importante…

 —¿Más importante que ser maestra? Cariño, a nuestras maestras deberían beatificarlas, fueron determinantes en nuestra formación. Y aunque opinara que no es lo que deberías ser, a fin de cuentas, tú debes seguir tu camino Lamento que siempre debas tener a los guardaespaldas cerca.

 —No tengo problema con eso. Demonios, estoy muy cansada.

 —Duerme, estamos aún lejos de la casa.

Mientras miraba a Juliana descansar, escuchaba el parte médico.

 —Le he dado antibiótico pues está con mucha temperatura.

 —Lo noté, pero no le dije nada.

 —Las placas muestran que una de las costillas tiene más amplia la línea que muestra que está fracturada.

 —Pero no quebrada.

 —Exacto. Hay un tema delicado, ¿ustedes han tenido relaciones sexuales antes de este secuestro?

 —No. ¿Por qué?

 —Hay una fuerte lesión vaginal. Si está embarazada deberán tomar decisiones.

 —Usted…usted… ¿está segura? Ella era virgen, doctora. Íbamos a esperar a casarnos.

 —Lo siento, si hubo una penetración, pero mientras le hacía los exámenes ella no actuaba como si fuese consciente de ello. Espero lo resultados, para saber si fue drogada y con qué.

 —¿Puede asegurarme que ya no es virgen?

 —Deberé hacer entonces una exploración más cuidadosa, mis observaciones se basan en las lesiones del canal vaginal externo.

 —No crea que lo digo porque si no es virgen no la querré. Ella no parece consciente de eso y me preocupa mucho o que sucederá cuando lo recuerde.

 —Lo entiendo. Terminaré con ella y regresaré para contarle todo.

 —En cuanto a sus costillas, ¿de verdad está bien?

—Para haber sido arrastrada por el suelo y metida en un barril, no hay mayor daño. Pero si necesito inmovilizarla con vendas para que se quede quieta al menos un mes. De lo demás estamos bien, que trate de no hacer movimientos fuertes, es una ventaja que vayan a vivir aquí, así podré monitorear su progreso semanalmente.

 —Gracias doc.

Cuando empezó a llevar el negocio con su hermano, sabía que llevaba un apellido conocido, que la gente le temía. Sin embargo, los ataques a su mujer probaban que quizás debido al ataque en el que quedo parcialmente ciego, sus enemigos pensaron que podían atacarlo.

Cualquiera le miraba y pensaba que era un hombre tranquilo, capaz de llevar con calma la espera en aquel sitio.

Sin embargo, su cabeza estaba enfocada en planear l que iba a hacerles, en los miembros jóvenes de la familia Cozza a los que iba a asesinar.

Dante no era una buena persona, no como Juliana creía. Aunque normalmente no tocaba a aquellos menores de edad, esta vez, sin embargo, haría cosas para las que jamás creyó estar listo. Porque si ellos habían violado a Juliana, nada ni nadie pararía la ira que estaba ya queriendo salir.

La doctora salió minutos después llorando, la conocía lo suficiente para saber que a ella no la quebraban muchas cosas.

 —Ella sabe lo que sucedió ero escogió no decirle, Dante.

 —¿Para protegerme?

 —Si. No hubo violación, aún es virgen.

 —¿Entonces?

 —Usaron un fierro caliente, según le dijeron, para que ella sintiera en carne propia las consecuencias de ser una Lucchese. Dice que fue puesta en una camioneta y que despertó al sentir el hierro caliente.

 —Dios…

 —Está despierta y tranquila por si quiere verla. No está en negación, llora al decirlo, pero está controlada, ignoro si es porque no le resulto familiar o si ella es así normalmente, pero es importante que ella deje salir sus emociones, sino después será peor.

 —Gracias doc., iré con ella.

Dante entró a ver a Juliana.  No pensaba quedarse mucho tiempo, solo el necesario mientras organizaba lo que sería, uno de los mayores ataques perpetrados por la familia. Nadie iba a salvarse, ni siquiera las mujeres. Le daría a los Cozza por donde más les dolía, sus hijas.

Sus límites normales, esos murieron mientras escuchaba el parte médico, mientras imaginaba el dolor de su mujer. Los Cozza habían dañado a los Lucchese por última vez.

 —Mi amor.

 —Te lo dijeron, llevas la palabra muerte en tu mirada.

 —¿Me temes?

 —Jamás. Nada de lo que hagas me hará verte distinto, pero por favor, no vayas contra las mujeres o sus niños.

 —Juli…

 —Ellas no hacen nada, son víctimas colaterales.

 —Fuiste quemada…

 —Por hombres, con ellos debes desquitarte.

 —Te lo prometo, entonces así será.

La noticia de la muerte de la prometida de Dante Lucchese salió en la primera plana de cada periódico de la ciudad. En el funeral estaban los seis hijos de familia Cozza, los imbéciles ignoraban que Dante sabía que en los responsables y no asistir hubiese sido sospechoso.

A los funerales, asistían los hijos no los patriarcas, de cada familia y se sabía que sin importar cuan enemistados estuviesen, se consideraba terreno neutral y cualquiera que se atreviera a dañar a alguno de los presentes, sufría la ira de los demás.

Sin embargo, no solo los Lucchese querían deshacerse de os Cozza, así que acordaron no interferir.

Dante, ataviado con el hábito de sacerdote se paró frente a todos y en solo un parpadeo, sacó su arma y disparó. Sus hombres, todos cercando al grupo dispararon. Al final de todo, tenían catorce cuerpos.

Dante esperó por las seis cajas de madera con tapa de cristal, las puso en fila y se acercó a los cuerpos de los Cozza. Cortó una a una las cabezas de los hijos. El más joven tenía 16 y mayor 30.

Puso una cabeza por caja y partieron al almacén. Cada fue puesta en orden de edad y luego fue por él, el patriarca estaba maniatado y furioso.  Lo sentaron en una silla manteniendo la venda en su cabeza.

 —Mis hijos vengarán mi muerte.

 —¿Se refiere a ellos?

El hombre miró a sus hijos y gritó, gritó y amenazo. Lo que nunca imaginó fue ver llegar a los líderes de las 5 familias de la mafia, cada uno con un arma.

Aquella noche tras la muerte del patriarca se dio por concluida la familia Cozza, fueron borrados de la tierra, porque Dante había hecho una promesa a su mujer, los demás no y no preguntó por el destino de niños y mujeres, no era su asunto.

Dante regreso al hospital para buscar a su mujer. Esta descansaba junto a tres guardias de seguridad, su hermano estaba cuidando a Sabina que no había salido bien librada del ataque que hubo a la casa.

Al verlo llegar, Juliana trató de sentarse, pero estaba muy adolorida.

 —Estás a salvo.

 —Lo estoy, bonita. Todo acabó con los Cozza.

Narra Dante

Me acosté con ella en la cama y la estreché entre mis brazos. Maté sin remordimiento, pero no logré calmar la ira por lo que le hicieron. ¿Cómo superar esto? Mi hermosa y dulce mujer fue torturada solo para joderme a mí.

Saco de bolsillo la cajita de terciopelo y le pongo el anillo creyendo que está dormida.

 —Según entiendo, deberías preguntarme.

 —No, preguntarte significa que hay margen para un no y no te permitiré alejarte.

Mi nena, mi criatura está llorando.

 —Juli…

 —Lo siento, te amo, pero yo…. Si quiero casarme, pero imagine que serias más…discúlpame, solo dame unos días para sentirme bien. Antonio dijo que iba a regresar, ¿estará ahí fuera?

 —Ya me fijo, tranquila mi pequeña.

Salgo confundido, me ama, la amo… ¿Qué más esperaba? Decidí arriesgarme y hablar con Jackson, uno de mis guardas que se casó recientemente.

 —Jackson, hice algo mal. Le puse el anillo de compromiso o traté al menos y se puso a llorar.

 —Quizás no le gustaron las flores, algunas mujeres son sensibles y con lo que ella pasó pues se entiende.

 —¿Las flores?

 —Flores…chocolates… ¿algo más que usted siendo cavernícola con ella? Las mujeres…todas esperan amor, romance. Usted véalo así, se está acercando a la mujer más hermosa, a su centro y equilibrio y le pedirá que lo honre con el placer de aceptar ser su compañera de vida. Entonces ella merece cuanto gesto romántico exista.

Me aleje sabiendo que estaba bien cuidada. Tenía que hacer las cosas bien. Cargando dos cajas de chocolates y un arreglo de flores inmenso entre en su habitación. No soy bueno con los discursos así que no bajé las flores. Y ahí me arme de valor.

 —Cara, eres la luz de mi vida, mi centro y equilibrio. Será un honor si tu aceptas ser mi mujer. Soy un hombre rudo que a veces olvida que tiene en sus manos una flor pequeña y delicada que necesita cuidado.

Mi Juliana estaba en silencio, confundido baje el inmenso arreglo floral y casi me caigo de espaldas. Mirándome con confusión, una mujer de casi 80 años y su enfermera me miran con extrañeza. ¡Mierda! ¿Cómo putas, me equivoqué de cuarto? ¿Y lo peor? Juliana, apoyada de mi hermano mientras este la ayudaba a caminar pes el médico le pedía que se moviera un poco, reían ante mi declaración de amor.

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