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Chapter 1
Antes de conocer a los Lucchese
Narra Juliana
Ser pobre es una mierda, lo sé bien. Pero, si a eso hay que sumarle el tener que aguantar las miradas lascivas de un puto viejo verde, pues entonces he de decir con toda certeza, que estoy bien jodida. Porque el tipo me da miradas que prometen desvestirme y violarme, no exagero. Y lo peor, es estar atrapada sin poder escapar. Sé lo que piensan, debería irme, salir por la puerta, huir…pero no puedo hacerlo pues no tengo dinero ¿Recuerdan que les dije que soy pobre?
Los que vivimos del día a día no podemos darnos el lujo de cambiar de casa si queremos, así que quiero que quede claro que no estoy en este lugar por gusto, no lo crean por favor. Incluso mil dólares mensuales —que son lo que pago por este sitio—son una jodida ganga, una que deja que me alcance solo para comer una vez al día y pagar los servicios básicos.
Pero hay gente peor. ¿Cierto? O quizás creo en eso ya que me lo repito a diario, es mi mantra. Sea como sea, no tengo muchas opciones, pero, aunque sea pobre tengo algo de amor propio y aceptar la oferta de mi casero, de coger con él para evitar el pago, no me gusta.
No seré mojigata «aclaro que soy virgen pero leo bastante» y quizás si fuese un hombre joven y apuesto me lo pensaría «una tiene que comer» pero el sujeto tiene más de cincuenta años, huele mal y le faltan varios dientes, ¿entienden mi reticencia? El tipo da asco con solo mirarlo, me habla tocándose la entrepierna mientras pasa su lengua por los pocos dientes que tiene.
Otras veces, se sienta cerca de mi cuando salgo al jardín, saca su periódico y lo lee, casual como si no buscase nada, pero empieza a acercar su silla a la mía. Una vez acabé corriéndome con todo y silla contra la pared y ahí estaba él, pegadito a mis piernas. En varias ocasiones llegué a pensar que quizás debía abandonar el lugar, pero me ha dicho que, si me marcho así de prisa, no me dará mi depósito y son mil dólares que no puedo jugármela a perder. ¿Es que acaso Dios no puede enviarme un multimillonario que me pague a cambio de sexo?
En aquel momento no sabía qué tan cerca estaba de obtener lo que quería.
Después de desayunar un poco del pan del día anterior me fui a mi trabajo de empacadora en el supermercado. No es obviamente el trabajo ideal, no hay propinas ni nada, pero es uno de los tres empleos que me permiten pagar la renta. Salgo de ahí a las 2 de la tarde, llegó a un restaurante chino, no muy bonito, pero me ubico en el callejón de atrás lavando los platos. Así que realmente no importan los tipos de clientes que les lleguen.
No es cómodo, de hecho, estoy en el suelo usando tinas grandes, una con jabón dos con agua y como se ensucian fácil toca levantarlas y volcar el contenido y son bastante pesadas. Ahí acabo a las seis y empiezo como mesera en un pequeño pub, bastante familiar el ambiente y las propinas son las que pagan mi comida diaria. Antes bromeaba, ¿saben? Sobre eso de pedir un millonario que me pague por sexo. No digo que no aceptaría, pero no es que lo incluya en mis oraciones diarias.
A veces...muchas veces...bueno, siendo honesta, cada segundo de mi día le pido al de arriba por un milagro que me haga salir de aquí, pero nada sucede. Hay gente que nace con estrella y otros que nacemos estrellados.
He vuelto a casa a las 10 de la noche, con tiempo apenas para darme una ducha y dormir, pues empiezo temprano en el supermercado. La cortina de la casa de mi casero se mueve y este sale oliendo a licor. En boxers y se acerca a mí de forma peligrosa. Miro a todas partes, pero estoy arrinconada. Su aliento llega a mí, es asqueroso. Le golpeo la entrepierna y este me golpea la cara.
—¡Maldita puta!
—No se me acerque así. O iré a la policía.
—Tonta, acabarás siendo mía.
—Primero muerta, ¿me escucha?
El viejo puerco me sujeta del cuello y empieza a asfixiarme, veo manchas de colores, mis manos van a las suyas, trato de que me suelte, pero es imposible, le golpeo los brazos y sé con certeza que estoy muriendo. De pronto me libera. Llevo mis manos al cuello en busca de aire.
—No puedes contra mí, niña. Mañana en la noche vas a ser mía y si dices algo te mataré.
Evidentemente esa noche no dormí, estuve en el suelo sentada contra la puerta atenta a que entrara a buscarme. No fui a trabajar, no iría pues necesitaba recoger mis cosas a prisa para poder marcharme. Para cuando son las seis de la mañana he terminado de vestirme, de pronto escucho golpes fuertes, mr. puerco está aporreando mi puerta, abre «y me doy cuenta que tiene un juego de llaves extra», me ve empacando y lo noto furioso.
—Tú de aquí no te vas. Si no me pagas lo que me debes…
—¿Lo que le debo? Pero si recién hace dos días le di la mensualidad.
—No me acuerdo, así que te me vas poniendo de rodillas para que pagues como es.
Logré acercarme a él sin que se notara el miedo y el asco, miré al suelo como si fuese una sumisa, luchando contra la repulsión que invadía mi cuerpo, lo dejo besar mi cuello. Cuando se distrae levanto mi rodilla y le doy duro. Funciona porque está en el suelo.
Hay cosas que necesito llevarme, pero si lo hago me atrapará así que tomo mi cartera y huyo, dejando ahí lo único que tengo de mi madre. Camino durante horas sin saber qué hacer, no puedo ir a mis trabajos, puede seguirme y atacarme o como mínimo hacer un escándalo. Esa noche tampoco dormí, la pasé en una banca pensando y tratando de entender lo sucedido.
En la mañana, llego a un puesto de comida callejera y compro un café, debería sentirme feliz de haber escapado, pero más que eso, lo que siento es desesperanza, siento que ya nada peor puede pasarme. Si se trata de ser honesta, por unos segundos me vi tentada a decirle que sí y dejarlo tomar mi virginidad, al menos tendría un techo sobre mi cabeza. No soy una gran belleza, o no me considero así, pero parece que los hombres babean por cabelleras rubias, por buenas tetas y caderas generosas. Siempre me ven en la calle, pero nunca nadie me había hecho sentir miedo, nunca nadie me había hecho sentir vergüenza de mi físico.
Por ir distraída no me di cuenta de que un auto iba en reversa y que su dueño me hacía puré contra el asfalto.
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