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Impaciencia

Author: Cassandra Hart

— ¿Y bien? Por lo que veo ella logró ser transformada, ya todo había terminado, ¿cómo murió?

—Bueno, no he dicho que todo hubiese acabado. Muchas cosas más sucedieron después de eso.

Elena comenzó a sentirse mareada y débil. Algo no iba bien y la expresión en el rostro de Charles dejó claro que sabía lo que le pasaba, aunque actuara como si no comprendiera.

—Charles, si me disculpas, debo...

— ¿A dónde vas? ¿Qué te sucede?

Al ponerse en pie, todo empezó a dar vueltas, lo último que vio fue el rostro de Charles. La llevó a su habitación y comenzó a hablarle para traerla de regreso. Cuando abrió los ojos fue como si nada hubiese pasado, salvo un extraño dolor en el pecho.

—Dime ¿qué sucedió? —preguntó Charles.

—No lo sé, primero me sentí débil, ahora siento dolor en el pecho, me falta el aire. No entiendes nada, yo debo irme...

—No puedes irte, ni siquiera puedes mantenerte en pie.

—Déjame en paz, de verdad necesito estar sola. Iré a caminar, nada más.

— ¿Caminar? Pero si no puedes dar más de dos pasos, además, afuera el clima está en su peor momento.

—He tenido suficiente por un día, no lo tomes a mal pero siento...

— ¿Nostalgia, ganas de huir? Debemos continuar con mi historia, este no es el momento para detenernos. Es inevitable que te sientas así, debes enfrentarte nuevamente a tu muerte.

— ¿Mi muerte?

—Aún no lo entiendes, es decir, en el fondo ya sabes la verdad, pero te niegas a aceptarla. No falta mucho, pero debes terminar de escucharme. Recuerda que ese "ser" está detrás de ti, y la única forma de salvarte es terminar la historia.

—Esta casa me ha marcado. Desde que llegué aquí me han sucedido cosas extrañas, no quiero hacer esto ahora.

—No puedo dejarte ir, el riesgo es tan inmenso... temo que puedas resultar herida. Recuerda lo sucedido en el bosque.

—Nada va a pasarme, entiendo lo sucedido, ella murió y tú me buscas, llamé tu atención, por eso me hostigas con esta historia. No soy más que un premio de consolación.

—Te equivocas, Elena. Para mí eres muy importante, no te vayas.

Salió de allí sin mirar atrás. Había decidido volver a Carolina del Sur, esos seres no la encontrarían allá. Finalmente, haber conservado la casa resultaba útil. Se sentía estrechamente relacionada con Charles, pero por otro lado, desde su llegada a Yellowknife, su vida había sido puesta en peligro muchas veces. La gente del pueblo, esos seres..., trataba de entenderlo, demasiadas molestias para ser alguien común y corriente. ¿Qué sucedía realmente con ella?

Después de unas cuantas horas de viaje llegó a su viejo hogar. Lloró mucho, como una niña en medio de un berrinche, aún se sentía culpable por lo ocurrido. La noche estaba cerca y no era capaz de entrar, aunque estaba segura de que moriría congelada, no tenía el valor de hacerlo. Sus piernas se sentían entumidas.

De pronto Charles apareció a su lado.

—Aquí estoy, he llegado ya.

—Lo siento, debía venir... pero no puedo hacerlo, he sido tan tonta.

—Shhh, imaginé que iba a ser difícil, por eso he venido. Lo haremos juntos.

— ¿Cómo me encontraste?

—Bueno, te veías tan afectada y supuse que el único lugar en el que querías estar era en este.

—Viniste, a pesar de que me porté bastante... grosera, inmadura, tonta...

— ¡Shhhh!... —puso sus dedos sobre sus labios, silenciando aquellas palabras—. No hiciste nada malo. Han sido días difíciles y has tenido muchas cosas que asimilar.

—Gracias por estar conmigo.

— ¿Todavía quieres entrar?

—Primero necesito ir al cementerio, debo despedirme. Luego intentaré entrar.

—Veo que rentaste un auto, vamos al cementerio, conduzco yo.

— ¿Para qué el maletín?

—Saliste estando débil, era necesario prevenir.

La tumba estaba llena de flores, quizás su tío la había visitado recientemente. Colocó un par de rosas blancas para ambos. Charles observaba a una distancia prudente, bajo algunos robles.

Elena se acostó sobre la tumba de su mamá, la abrazó y dejó fluir sus emociones. Pequeños estremecimientos sacudieron su cuerpo. Charles se colocó a su lado, su abrazo era lo que necesitaba Elena en aquel momento. Aunque estaba pasando por un duelo que se había negado al marcharse del país sin visitarlos, podía darse cuenta que Charles actuaba como el mismo de su infancia. Parecía bipolar y por eso no podía confiarse, nunca debía bajar la guardia.

—Suficiente dolor, pequeña, es hora de irnos. Vamos a tu casa, necesitas descansar.

Al entrar a casa de sus padres se quitó la bufanda y abrigo y fue a la cocina a servirse un vaso con agua. Abrió la refrigeradora y encontró todo bien abastecido. Prepararon algunos filetes, papas fritas y ensalada. Charles estaba bastante hambriento pues acabó con la mayoría de las cosas. Estar en casa era duro para ella, sobretodo porque la muerte de su madre continuaba siendo un misterio y eso no la ayudaba a cerrar el ciclo. Charles le propuso jugar algún juego de mesa sin embargo Elena no estaba de humor, tampoco tenía paciencia. Quería reunirse con su tío y eso desencadenó una ola de ira en Charles, no entendía la causa.

—No vas a llamarlo. No me da buena espina.

— ¿No te da buena espina? Pero si nunca ni siquiera le hablaste. No tengo seis años, no eres mi tutor legal. Puedo ver a quién quiera.

—Desiste de esa idea o vas a pagarlo caro.

Ya sus ojos no tenían vetas amarillas. Estaban totalmente negros. Pietro hablaba con ella, tratando de pedirle calma al tiempo que se materializaba en la casa.

Pero Charles estaba tan fuera de sí que empujó a Pietro y la atacó. Rasgó su espalda sin piedad, sin embargo antes de poder atacar de nuevo Agnes y Joseph se unían a Pietro. Lograron apartarlo de Elena y se lo llevaron.

Pietro se quedó con ella.

—Duele….

—Lo sé, cariño. Vamos a sanarte y pronto estarás como nueva. No me gusta que el conocernos sea por esto.

Durante algunas horas se dedicó a curar sus heridas. Era difícil pues Charles mostraba signos de oscuridad alarmantes para su familia, por ende las heridas de Elena eran severas. El sueño llegó durante el proceso de curación, Charles estaba ahí, pero se veía distinto al de siempre. Irradiaba maldad.

—Deseo alimentarme de tu carne —le dijo—

—Déjame en paz.

Elena retrocedió unos cuantos pasos pero parecía no funcionar. No podía escapar, Charles se hacía acompañar de otros diez seres, iguales a él, todos deseaban una parte de la presa, disfrutaban aquel momento.

Ella no sabía quién empezaría porque estaban realmente ansiosos. Intentó arrastrarse lejos de allí, pero uno logró alcanzarla. Cuando iba a matarla, Blu apareció ahí, acompañado de alguien que parecía una copia exacta de él, con la única diferencia de que este nuevo personaje tenía el pelo gris.

¡Gray! Pero no quería que resultasen heridos.

Ambos hermanos empezaron a mover las manos creando esferas de luz. Las arrojaron sobre sus atacantes, logrando que desaparecieran. Gray fue el primero en hablarle.

—La famosa caminante. Elena, mi hermano es un completo gilipollas que te entregó la pulsera de protección sin permitirte escoger.

— ¿Escoger?

—Sí, también me hubiese gustado darte mi pulsera.

Blu hizo un sonido similar a una especie de bufido y se puso en medio de ambos.

—Elena, te presento a mi insufrible hermano menor, Gray.

—Gracias a ambos. Charles estaba fuera de sí…

—Recuerda que todo lo sabemos, ese no es Charles. Los demonios que quieren eliminarte usarán la apariencia de quienes te rodean. Nunca confíes en la veracidad de tus sueños, cuando sobre atacarte se trata. El verdadero Charles te atacó en tu casa, pero es prioritario que estés a su lado. Los sanadores de su gente van a ayudarlo a controlar a ese lado que le domina. Pero solo Charles puede hablarte del pasado para que así puedas entender el futuro.

Al abrir los ojos se encontró con Charles. Este tenía los ojos de un amarillo casi transparente.

—Lo siento. No sé qué me pasó.

—Me asustaste muchísimo. Te temo tanto que no sé si quiero seguir con tu historia.

—Es necesario, no solo por nuestro futuro, tu vida corre peligro y no está en mis manos evitarlo. Solamente con el conocimiento sobre el pasado podrás estar a salvo.

—Quiero irme de aquí.

—Yo no vine en avión, así que no podré viajar contigo y no me gusta. Pero pediré a Pietro que me ayude a vigilar tus sueños. No le verás ahí, él solamente vigilará que nadie más esté en ellos.

— ¿Por qué no solo me transportan fuera y ya?

—Cualquier uso de magia, aunque sea mínima alertará a quienes te buscan. Normalmente quienes te queremos segura trabajamos en crear protecciones para mantener tu esencia oculta.

— ¿Por qué asignas a tu hermano mi cuidado si te ves bastante normal?

—Estoy vulnerable aún a lo que sea que me está afectando, por eso por ahora trataré de mantenerme lejos de tus sueños y de tu mente.

Elena llegó al aeropuerto y le fue imposible no reír. La odiosa Tamika, la mujer con la que había tenido el altercado estaba de nuevo en el counter vendiendo los tiquetes.

Al verla se puso bastante pálida. Su mente era un caos…

…No debo pensar…debo tener mi mente en blanco.

…¡No funciona Maldición!

…Me mira como si supiera lo que pienso….

…Nadie me creyó cuando dije que era una bruja que lee mentes…casi me hace perder mi empleo….

—Hola señorita, deme por favor un boleto a Yellowknife, Canadá.

—Claro, en un mo mo momento…

La pobre mujer no solo tartamudeaba sino que botó algunas cosas que tenía en su mesa de trabajo. Uno de los jefes, de los que constantemente monitorean a sus empleados, se acercó a Elena.

— ¿Señorita, esta empleada está atendiéndola bien?

—Me hace sentir incómoda. Ya hace un tiempo me había ofendido y hoy se ve aterrada. Cree que soy una especie de bruja que lee mentes.

Sus palabras desataron el caos. Tamika empezó a tirarle las cosas que tenía a mano. Obviamente no le estaba atinando porque el jefe estaba cubriendo a Elena para protegerla. Dos empleados de seguridad sostuvieron a Tamika y la sacaron del lugar mientras gritaba con histeria. El jefe de la mujer, no solo le dio un asiento gratuito en primera clase, sino boletos vitalicios sin costo.

Durante el vuelo Pietro estuvo a su lado. Sintió mariposas en el estómago, era demasiado apuesto, casi de forma etérea. Parecía increíble tenerle sentado al lado, después de que la cuidara tras el ataque, había querido que se quedara con ella.

—Gracias por el cumplido hermosa Elena.

—Maldición, también lees mi mente...

—Algo que viene con el ser un Cazador. Podemos charlar tranquilamente. Nadie de aquí escucha lo que decimos, creen que hablamos de cosas de trabajo.

—No  creí que fueses a aparecer. Si no hubieras llegado, entonces Charles…

—Lo sé. Charles no sabe que aparecí físicamente, cree que te monitoreo mentalmente, pero tenía que verte. Vienen momentos difíciles Elena, no me verás más al menos no de momento. Trata de mantenerte serena y recuerda que te amo con todo mí ser.

— ¿Me amas?

—También te he visto crecer, he sufrido con tu dolor y al final espero pelear limpiamente con mi hermano para ganarme tu corazón.

—Estoy confundida...

—Lo sé, pero es porque le has tenido en tu vida salvándote siempre, eso puede afectar las emociones. No serrucharé el piso a mi hermano, solo te permitiré conocerme y al final decidirás tu sola. No me rechaces, solo permítete verme con tu corazón.

—No, no me siento confundida de esa forma. Por tu hermano no tengo sentimientos. Al menos no todo el tiempo. Cuando está cerca de mí siento que puedo pasar junto a él la eternidad pero al alejarse, es como si el amor que tengo por él desapareciera. En cambio, al verte siento cosas…y me apena. Desde que estuviste en mi mente la primera vez fue como sentir alguna conexión.

—Pequeña… tus palabras me llenan de júbilo. Mantengamos esto en silencio, avanza con él en su historia y cuando llegue el momento estaremos juntos. Por cierto, me reí mucho con la escena en el aeropuerto. No sabía que podías ser así.

— ¿Te molesta que fuese cruel?

—No lo eres de naturaleza, estoy seguro que tenías una buena razón.

—Sí, ya te lo contaré en algún momento. Aún me duele mucho la espalda.

—Te curé pero el dolor va a seguir ahí unos días.

Cuando el avión se detuvo se sorprendió mucho al ver que Charles caminaba hacia ella. Pietro se había esfumado y los recuerdos que tuviera algún pasajero sobre su presencia, no existían más.

—He informado que venías con unas heridas, así que me han permitido entrar a buscarte.

—Gracias.

El viaje fue hecho en un cómodo silencio. Al llegar a la casa encontró un mensaje en la pared, hecho con pintura roja.

ADORADORA DE SATÁN, LOS HAS INVOCADO Y ESO TE HACE UNA DE ELLOS. DEBERÁS ABANDONAR ESTE PUEBLO... LA GATA HA SIDO UNA SIMPLE ADVERTENCIA. SI NO LO ECHAS DE TU CASA, SERÁS LA PRÓXIMA.

—Oh, no, April, es ella, yo debo...

—No Elena, no puedes verla.

— ¡Suéltame, debo ayudarla! Es tan pequeñita... tirada ahí seguro que tiene frío y hambre.

—Confía en mí. Es mejor que no la veas, ya no puedes hacer nada por ella.

Charles la llevó a dormir, se quedó allí con ella durante toda la noche. Temía por su estabilidad mental., también Pietro estaba a su lado, su ira era palpable.

El alcalde los visitó durante el día, observó la pintura y el cuerpo de la gata, el cual había sido puesto por Charles en una caja. Jenkins se veía bastante conmocionado ante la vista de la mascota de Elena, no parecía saber del incidente y prometió hacerse cargo del asunto. Charles no confiaba en él, pero era la única solución, al menos en ese momento.

Al día siguiente reanudaron la historia. Elena quería acabar con todo, desvincularse totalmente de Charles.

—Las cosas empezaban a ordenarse, Luci había perfeccionado sus técnicas de caza y era mejor de lo que se esperaba para una recién convertida —continuó Charles—. Ambos deseábamos un cambio por lo que decidimos irnos de Canadá. Viajamos a Inglaterra y compramos una hermosa residencia en Londres. Hacía mucho tiempo que había estado allí y ya me hacía falta la vida en las grandes ciudades.

—Entonces es la época en que Jenkins y los demás pensaban que se habían casado.

—Sí, eso evitó todo tipo de preguntas. Nuestra vida transcurría normalmente, todo parecía en orden. Así sin darnos cuenta pasaron dos meses, durante los cuales no tuvimos mayores incidentes, pero entonces Luci cambió. Empezaba a actuar de manera extraña, estaba más violenta, casi no hablaba conmigo. Periódicamente desaparecía, de hecho al cumplir seis meses se marchó, incluso llegó a bloquear su mente para evitar que la encontrara.

—Por eso tu padre volvió a Yellowknife, Jenkins me dijo que después de regalarle la casa, se quedó en un hotel y que cada mañana salía a recorrer el lugar.

—Sí, había regresado a buscarla, pero tampoco tuvo suerte. Una mañana simplemente regresó alegando no recordar lo sucedido. Mis padres empezaban a perder la paciencia por lo que se alejaron durante algún tiempo, para ellos Luci no mostraba el amor que había profesado. Mi vida a su lado distaba de ser suprema, era una maldita pesadilla. Veinte días después descubrimos que estaba embarazada. En el cuarto mes, empezó a manifestar molestias, George le sugirió guardar reposo como medida preventiva. Aunque nos esforzamos, durante el quinto mes sufrimos la primera pérdida. Era un hermoso niño y no pudimos hacer nada.

—Imagino que fue difícil.

—Me duele como si hubiese sido ayer.

— ¿Has dicho primera pérdida?

—Sí. Perdimos cuatro en total. Luci estaba destrozada y decidida a no intentarlo más. Llegando a término, duran diez meses, pero no pasábamos del quinto. Cuando íbamos a desistir, volvió a quedar embarazada, esa vez no tuvo molestias. George descubrió que era una niña y mis sospechas se confirmaron. Agnes estaba detrás de esas pérdidas, buscaba reencarnar y debía lograr que tuviésemos una niña.

—Claro, porque al no ser Luci quien diera su cuerpo, una hija pasaría a ser la última descendiente.

—Correcto. Después empezó a actuar aún más extraño, evitaba que se le acercaran. Agnes la hacía sentirse así para asegurarse de que Luci no trataría de abortar el embarazo. Sabía quién era el bebé, pero ni eso parecía importarle, llevar dentro de sí a esa bruja iba a dañarla. Me encontraba escuchando música cuando oí gritos, fui a la cocina y ahí con Lucianna estaba un Pfathraz. Nos miramos llenos de terror...

¡La túnica! Quitármela había causado que la puerta quedara abierta, habíamos fallado. Era mi mayor pesadilla, me puse entre ambos para defenderla.

Aquel ser levantó la mano enviándome unos metros atrás. Era algo tan intenso que apenas podía respirar. Al principio Luci se retorcía de dolor, luego de su estómago salió un rugido impresionante. El Pfathraz hizo una reverencia hacia el vientre, dijo algunas palabras y partió tan rápido como llegó. Luci estaba en el piso, no se movía.

—Charles, lo siento tanto.

Charles se quedó quieto, estaba tenso y no le hablaba. De pronto se puso de pie y como si tuviese un asunto de vida o muerte, empezó a alejarse.

—Debo irme, lo siento.

— ¿Irte?

—Lo siento Elena, pero algo ha sucedido, debo irme, perdóname, perdóname.

—No te vayas sin explicarme lo que sucede¡¡¡Charles!!!

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