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Author: Cassandra HartNARRADOR MÚLTIPLE
Juliana
Si ser pateada por un idiota, que me reacomodaran la nariz y tener que huir en medio de una cacería humana no había sido suficiente, acabé resbalándome. La situación es una mierda, me duele todo y tengo miedo. Me sostuve con fuerza de la barandilla, resbalé un poco, sí. Pero él estaba ahí y de un susto no pasó.
—Tranquila, ya estás a salvo «me dijo con su voz ronca y sexy. Estoy mal si a pesar de estar en semejante predicamento, me siento caliente»
—Lo siento, no quería gritar «le dije, con mi voz temblorosa, misma que malinterpretó como miedo y no como hambre sexual y siendo virgen pues era impactante sentirme así»
—Es verdad, pero la situación es compleja. Vamos a acabar de bajar y entraremos en mi auto. Iremos a casa y trasladaremos al médico para que te atienda allá. «me dijo suavemente»
El hospital que minutos antes estuvo lleno de ruido era simplemente una tumba grande y fría, llena de cientos de cuerpos de todos aquellos que murieron debido a que querían llegar a mí. El único ruido era el de las sirenas de las patrullas, que acudían al lugar.
—Mierda, cariño. Debemos apurar el paso. «estaba preocupado y con toda razón, porque la policía mezclaría a los Lucchese y me imaginé que aquello no sería bueno»
Uno de los guardias me tomó en brazos mientras Dante se abría paso hacia sus hombres.
—Vamos a ir a la casa, nadie debe seguirnos. «sonaba tan molesto, no asustado porque él tenía el control ahora, sino realmente molesto»
—Así se hará, jefe.
—Busca a los que debían cuidar el ingreso al hospital, los Cuzzo venían por mi mujer y si no hubiese estado con ella ahora la tendrían en su poder. Esto es imperdonable.
Al inicio no podía ni mirarlo, esto era o al menos se sentía como mi culpa y esa culpa miserable corroía todo a su paso y eso, esa culpa quedó plasmada en mi rostro.
—Tú no te estás culpando por esto.
—Estaban ahí por mí.
—Estaban ahí por ti, correcto. Pero para hacerme daño a mí. Y ellos van a lamentar esto durante sus siguientes generaciones.
Llevábamos varios minutos en la carretera cuando nos golpearon por detrás.
—Merda…. «palabra usada en todo el mundo, no tuve que preguntarme qué estaba diciendo y mi Dante de verdad que daba miedo. En sus ojos había una locura, una ira que me hizo estremecer, él por supuesto creyó que era debido a los que nos seguían y no me importó. No lo dejaría sin importar cual oscuro fuese, solo debía trabajar en controlar mis reacciones»
—Nosotros…
—No digas nada.
—Te amo, no te lo dije lo suficiente…
—No te empezarás a despedir, no en lo absoluto. ¿Me escuchas?
—Te amo, debería ser valiente pero no puedo, debes buscar a otra persona, una que no se asuste tanto.
—Somos uno solo y como uno nos quedaremos. Deja de pensar en eso y tranquila, esto acabará pronto «me dijo sonando confiado pero que pronto llegaría aquello que acabaría con esa promesa»
Me besó con amor y se enfocó en su tarea. Sacarnos vivos de aquella situación. Lo amaba tanto y si me quería con él me quedaría. Si lo sé, soy una maldita bipolar. El conductor no observó una especie de explosivo en medio de la calle. Una vez que pasamos encima, el auto salió volando por los aires.
—¡Juliana, maldición Cara! Agárrate duro.
Era extraño, porque si estábamos por morir debería ver toda mi vida pasar frente a mí. Sin embargo, solo hubo una sacudida intensa, una inmensa nube de dolor frio, de miedo que llegaba a mis entrañas. No quería morir, no realmente. Amaba a Dante, quería conocer a mi hermana, compartir con Antonio. Y un perro, quería un perro.
Miré a mi mafioso, este se estiraba para alcanzarme, pero el cinturón de seguridad nos mantenía en nuestro sitio. El vaivén del coche acabó haciendo que mi cabeza golpeara el vidrio y no supe más. Cuando abrí los ojos lo miré, sostenía su teléfono y en sus labios pude leer que decía Antonio Ayúdanos, pero me dejé ir.
La siguiente vez que abrí los ojos lamenté hacerlo, Dante me estaba moviendo con cuidado, sacándome del auto para arrastrarme por el bosque. Si, probablemente mis costillas ya estaban rotas, incluso quizás me estaba perforando un pulmón, pero no estaba muy bien, debía estar herido si en lugar de cargarme me jalaba estilo cavernícola.
Podía mirarlo hablarme, detenerse para mirarme y decirme que todo estaría bien «no leo labios, ni nada, pero en teoría en casos así es lo que debe decirse… ¿cierto?» notaba su angustia, su miedo, su pena y dolor propio «pues no se veía bien, sangre cubría su rostro, la ceja estaba bastante abierta y sangraba intensamente»
Pero mi gran problema radicaba en que no escuchaba nada, en algún momento años atrás vi un programa de televisión donde explicaban que el oído medio podía dañarse momentáneamente en casos de estar expuesto a ruidos muy altos ¿y qué más alto que una explosión, o que estar dentro de un carro que hace explosión?
Aunque en lugar de acabar de ver el programa me quedé dormida, así que, si mencionaban que tan permanente era, pues no tenía ni idea. Cuando abrí los ojos de nuevo fue para encontrarle mirándome de cerca. Moví mi cabeza tratando de que entendiera, no estaba en shock y paralizada, sino que estaba sorda.
Aunque movía mi boca y no salía nada puesto que él me veía con miedo. ¿Decía el programa algo sobre quedarse mudo o estaría él sordo también?
Si mi situación no fuese tan patética me reiría.
Dante
La explosión nos tomó desprevenidos. Gracias a Dios ambos llevábamos cinturón, pero mi Juliana se golpeó contra el vidrio. Mi hermano viene de camino con la caballería, nos interné dentro del bosque y creo que estamos a salvo. Me duelen las costillas y la espalda, por eso tuve que arrastrarla por el suelo la mayor parte del trayecto, tuve que halarla con cuidado y algunas veces, lograr levantarla para avanzar.
Abrió los ojos varias veces, trataba de decirme que no podía escucharme y me asuste, lo que la hizo asustarse más. Así que traté de mantener mi rostro sin mostrarle emociones. Ahora está inconsciente, alguien se acerca y me pongo listo para defenderla pues no es mi hermano quien se acerca.
Un pequeño sonido al frente y estoy tan confundido debido al golpe en mi cabeza que mis sentidos no están alertas, por eso no me percato de que alguien viene por detrás y me golpea. Caigo, mi rostro está contra el suelo. Miro con miedo como levantan a Juliana y se le llevan, un segundo golpe y no supe más. ¿Estaría muerto?
Un paño frio se aprieta contra mi rostro, al inicio gimo con evidente molestia.
—Vamos Dante, te necesitamos entre los vivos.
—Déjame, Antonio.
—Juliana te necesita, debemos ponernos en marcha.
—Lo sé, pero tengo una jaqueca de los mil demonios. No puedo siquiera moverme.
—Tienes en la nuca una pelota del tamaño de un huevo. Vamos a ir a que te hagan placas, luego iremos por ella.
—Iremos por ella ya mismo.
—Así no le sirves a ella. Puedes tener una hemorragia cerebral.
Las placas, exámenes todo mostró una leve conmoción cerebral, no era nuestro hospital. Ese estaba cerrado mientras se encargaban de los más de 45 fallecidos. Así que darme el alta fue algo más difícil.
Los noticieros calificaban lo sucedido como un ataque terrorista y no me importó. Me dieron algo para el dolor y empezamos a irnos, sabíamos ya dónde la tenían.
—¿Cómo diste con ella?
—Cuando la atropellé, el médico que la atendió el colocó un chip.
—Pues fue una sabia decisión. ¿Dónde está?
—A media hora de aquí. Tengo ya en posición a nuestros hombres.
Estaban llegando cuando les informaron que los secuestradores huían, ellos les detuvieron, pero en el auto no había señal alguna de Juliana. Mientras Dante daba instrucciones sobre dónde llevarlos, Antonio, usando la aplicación en su teléfono seguía la señal del chip. Su hermano le alcanzó cuando entraron a un viejo galerón, no había nada ahí.
—¿Le habrán sacado el chip y lo usaron para crear un señuelo?
Antonio revisaba todo y miró con horror en el centro, había tierra y parecía recién removida.
—La enterraron, llama a los demás, necesitamos movernos.
Dante estaba escarbando a prisa, no tenían tiempo. Seis de sus hombres se les unieron. Encontraron un trozo de tela, luego otro. Después quedó a la vista uno de sus pies y Dante gritó, Dante lloró y Dante prometió matar.
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