Download the book for free
Introducción
Author: gikacrosQuiero tener el poder sobre sus lágrimas, incluso deseo saborearlas, como un maldito enfermo. No lo puedo evitar. Pensar en ella de aquella manera me excita mucho.
Soy un enfermo, un loco, un perturbado. Lo supe cuando todavía era un niño, aunque siempre he intentado reprimir lo que las lágrimas y el dolor provocan en mí.
Me termino de poner la corbata, como si esta prenda tan odiosa, fuera a hacer la situación menos dolorosa para ella.
—¡Dante! —grita mi padre —. Date prisa o llegaremos tarde.
Él es el único que está a favor de esta boda. Tal vez piensa que con una esposa mis instintos más primarios quedarán en coma. Él siempre estará a favor de formar una familia. Y también está al tanto de toda la oscuridad que siempre me ha rodeado, y lo único que él quiere es que yo siga sus pasos. Eso nunca va a pasar. Yo estoy muy lejos de lo que él considera moral o aceptable. No hay sitio para mí dentro de sus normas. Ni en sus sermones. Yo he ido más lejos que cualquier mente enferma pueda alcanzar. Incluso he practicado mis juegos con alguien que no pertenece a mi comunidad.
Bajo las escaleras, mi madre me mira como si yo fuera el hombre más guapo del mundo. Tal vez lo sea.
—Estoy muy orgullosa de ti. —Sus palabras van acompañadas por un beso lleno de amor y ternura.
Aclaro mi garganta, pero no voy a decir nada. Este no es el momento.
—¿Estás seguro de lo que haces?
Quiero tener a esa engreída postrada ante mis pies. Quiero humillarla. Follármela de la manera más salvaje. Para luego consolarla entre mis brazos. Quiero ser su héroe, pero primero tengo que ser su verdugo.
—Vale ya de habladurías, al final llegaremos tarde.
Mi padre tiene prisa por llegar, por casarme, por arrebatarle a ella sus días de libertad, y atarla a alguien a quien desprecia. Pero eso él no lo sabe.
Vivimos en una comunidad en la que mi padre es el que lo decide todo, bajo las normas de alguien que no entendía de cariño, de tolerancia y menos de amor.
Normas tan retrógradas como: prohibir el divorcio. Prohibir toda prenda que luzca demasiado sensual. Ir a misa todo los domingos. Llegar virgen al matrimonio. Reproducirse como conejos... Etc.
Pocos se atreven a dejar nuestra comunidad para relacionarse con los del exterior. Yo lo hice, y gracias a ello conocí a la que fue mi novia. Sumisa. Obediente. Eficaz. Candente. Pero eso quedó atrás, ahora mi único objetivo es An.
¿La odio?, no... la culpo, ella despertó los deseos más ocultos de mi mente. Desde ese día no puedo dejar de pensar en ella. En su mirada desafiante. En su instinto salvaje. No tiene ni idea de lo que provocó en mí con sus palabras llenas de desprecio, de humillación hacia mi persona. Pobre. No sabe lo que la espera.
A pesar de todo me siento inquieto y nervioso. En mi comunidad todo saben quien soy. Me respetan, me idolatran y eso me hace sentir importante, casi inalcanzable
Esto no es una celebración por todo lo alto, ella jamás tendrá una boda como las demás. La suya tiene que ser especial de algún modo.
Me sudan las manos, y mi corazón me obliga a respirar agitado. Me siento tenso a medida que nos acercamos a su casa.
Una vez que mis padres llaman al timbre, me empiezo a relajar. Nadie entiende como alguien tan poderoso como yo, elige a alguien tan humilde como ella. Pero ella no tiene nada de humildad.
Mi futura suegra nos invita a pasar. Parece amable, joven, supongo que debió casarse cuando todavía era una adolescente, al igual que mi madre. Ahora no está permitido, mi padre cambió eso hace muchos años, y si una chica no llega a los dieciocho años, no tiene permiso para casarse.
La casa es pequeña y humilde. Su hermana, Olivia, asoma su cabeza para mirarme, el resto de sus hermanos varones se quedan en el umbral de la puerta, en ningún momento entran en la estancia donde el padre de ella nos recibe con poco entusiasmo.
Los hombres son los que lo deciden todo, en los dos años que estuve fuera de la comunidad, me di cuenta de que nosotros no tenemos esa igualdad entre hombres y mujeres. En nuestra comunidad las mujeres siguen a la sombra de los hombres. Si no le pertenece a su padre le pertenece a su esposo. Para mí es normal, mis padres me han criado con esos ideales. Mis hermanas aprendían a cocinar, y nosotros, los chicos, a trabajar para mantener la familia en un futuro.
—Me alegro de conocerlo, señor.
Estrecho la mano de mi suegro, y me esfuerzo por mostrar lo mejor de mí, aunque en el fondo no haya nada bueno que enseñar.
Nos invita a sentarnos. Mi suegro empieza a alardear sobre su hija, sobre sus modales, su educación, su humildad, como aquel que pretende venderte la moto. Yo me dedico a sonreír de medio lado. Su hija no tiene esos modales, ni esa humildad, pero yo me encargaré de enseñarle todo lo que su padre pasó por alto.
A ella ni siquiera se le permite estar presente cuando se acuerda la fecha de boda y la dote por su virginidad.
Finalizada la conversación y cerrado el trato, ahora le toca a ella hacer presencia. Es su momento.
Vuelvo a estar nervioso, nunca la he podido contemplar tan de cerca como ahora. Es muy guapa. Demasiado.
Su pelo peinado en un perfecto recogido, con la cabeza agachada y arrastrando sus piernas como si le costara todo un mundo caminar hacia nosotros. Alza la mirada una vez que toma asiento al lado de su padre, y entonces puedo ver sus ojos hinchados y rojizos. Ha estado llorando. Tal vez estuvo llorando mientras nuestros padres terminaban de sellar su destino. Ya no tiene esa mirada tan desafiante. Ahora me pertenecía. Es toda mía.
Puedo sentir su rabia, su impotencia. Juraría que está odiando su propio compromiso. Pero no tiene elección. Yo la he escogido. Ese día que se atrevió a escupirme, ella misma selló su destino, y ni siquiera era consciente de ello.
Vuelve a agachar su cabeza, y puedo ver como su madre le aprieta la muñeca. Supongo que tratando de reprimir sus emociones, sus sentimientos, obligándola a mostrarse feliz por algo que ella no ha escogido vivir.
Mi padre saca los anillos de compromiso, y su cámara de fotos para inmortalizar su sufrimiento. Su agonía. No puedo sentirme más satisfecho. La situación me la está poniendo dura.
—Ponte al lado de tu marido.
A nadie le importa lo que ella piensa, a nadie le duele su sufrimiento, ni siquiera a mí.
Se mueve torpemente hasta llegar a mí. ¿Me odia? Ahora la pregunta ya no es si yo la odio a ella, ahora por alguna razón siento curiosidad por saber qué es lo que siente hacia mí.
Mi padre deja la cajita de los anillos encima de la mesa. Ahora ya pueden entrar el resto de los familiares: sus hermanos, mis hermanos. Risas. Comentarios. Canciones que las chicas ensayan desde pequeñas para cantar en los compromisos y bodas.
Tomo el anillo en mis manos, ella estira su mano temblorosa y evita mirarme en todo momento.
Una corriente eléctrica activa mi cuerpo al sentir su temblorosa mano entre mis dedos. Puedo oler su miedo. Y eso no me ayuda nada a que mi mente pare de imaginar más allá de como la veo.
Su actitud me llena de rabia. ¿Qué más puede pedir? Tiene un anillo precioso. Vivirá como una reina y está haciendo un drama. Una lágrima cae sobre la palma de mi mano. Sus lágrimas en mi piel.
Es demasiado éxtasis para mí, siento el impulso de lamer mi propia piel. De saborear su dolor. De secarle las lágrimas, yo soy dueño de cada uno de ellas.
—¡La novia se ha emocionado! —gritan.
No, no está emocionada. Está sufriendo, está llorando porque ella no quiere esto. Ella no me quiere a mí. Ella ama a otro, aunque yo tampoco la quiero e ella.
—Te toca... —murmuro, señalándole el anillo.
Se lo acerco, la estoy ayudando a terminar con su agonía. Estoy siendo considerado. Más de lo que ella se merece.
Me coloca el anillo con torpeza, y no sonríe en ningún momento. Me detesta, lo puedo ver en sus ojos. En su furiosa mirada. No es algo que me vaya a quitar el sueño. Así todo será mucho más divertido.
Por alguna razón me atrevo a tomarla de la barbilla a obligarla a mirarme a los ojos. Tiene los ojos más seductores que he visto en toda mi vida, claros, un color avellana mezclado con un atractivo verde. Misteriosos. Atrapantes. Pero tristes y a la vez enfadados.
Me mira suplicante, como si sus ojos pudieran hablarme, rogándome que detenga esto. No puedo. No quiero.
Sus misteriosos ojos me han cautivado, y no soy capaz de dejar de apreciar lo hermosos que son. Toda ella en general me atrae como un imán.
Me olvido de todo, y siento un terrible impulso por besarla. Por probar de sus labios. Saber si ella me corresponderá. Pero eso es algo prohibido. Tan solo tengo que esperar un poco más y dispondré de ella a mi antojo.
Share the book to
Facebook
Twitter
Whatsapp
Reddit
Copy Link
Latest chapter
El tormento de Anaís Capítulo 15
Decepción. Vergüenza. Humillación. Vergüenza de nuevo. Pero ya no se sentía tan asustada. ¿Qué podía darle tanto miedo? Él, o tal vez sus intenciones ocultas bajo una sonrisa y una voz aparentemente tranquilizadora. Dante ni siquiera había gritado. Pero si usado sus manos para aplastar sus pechos.Nunca se había imaginado estar en esa situación así.
El tormento de Anaís Capítulo 14
NarradorPodía oler su miedo, no solo sentirlo por su respiración irregular, sino que temblaba como una gelatina, sumado a como se af
El tormento de Anaís Capítulo 13
—¡Cúbrete! —Me grita casi con desprecio.¿Cómo puede ser tan cruel? No solo conmigo, sino con Max. El cual ha arrancado su coche con furia y se ha marchado, dejando solo el polvo que se levanta alrededor del coche.
El tormento de Anaís Capítulo 12
Puedo ver el rostro de Dante en cuanto él aparta el velo y deja mi rostro al descubierto. Trago en seco. Quiero girarme y averiguar si puedo correr hacia la salida. ¿Cuánto tiempo podría llevarme eso?Quisiera huir. Pero ni siquiera tengo valor para volver la vista atrás por temor a que todos claven de nuevo sus ojos en mí.
El tormento de Anaís Capítulo 11
Presente:Es sábado y es el día. No hay colegio, tampoco tengo que llevar a Olivia. Ojalá pudiera volver a ser viernes otra vez.
El tormento de Anaís Capítulo 10
Tiempo atrás:
