Libreng I-download ang libro sa App
Capítulo 5
Author: gikacrosMe despido de Lara, ojalá no me dejara a solas con él. La odio por hacerlo, por apoyar algo que no he escogido y por no apoyarme con lo de Max.
—¿Me tienes miedo?
—No es correcto que hagas eso en público. Tú lo sabes mejor que nadie.
—¿Te lo puede hacer el doctorcito, y yo no?
¿Él sabe de Max? Por un instante me horroriza la idea. Quisiera morirme ahora mismo, además estoy segura de que mi cara vuelve a ser un semáforo en rojo.
—¡No es verdad!
—Más te vale que solo hayan sido caricias, si no sangres en mi cama, haré que se cumplan cada una de las normas y los castigos pertinentes.
Sus palabras atraviesan mi cuerpo en forma de rayo. Me vuelvo pálida. Quisiera salir corriendo, pero su mano se aferra con fuerza a mi antebrazo.
—Si sabías lo de Max, ¿por qué no escogiste a alguien más decente? ¿Por qué no anulas está pantomima? ¿Por qué?
Enarca sus cejas, para luego sonreír con satisfacción.
—Porque no quiero.
Me siento extraña. Confusa. Él sabe lo que yo he estado haciendo. ¿Por qué se quiere casar con alguien que todos los que nos rodean considerarían como una indecente?
—Camina siempre a mi lado, no levantes la vista del suelo, a no ser que yo te lo pida.
Trago en seco. ¿Qué quiere Dante de mí?
—Dante...
—Todavía no te he dado permiso para llamarme por mi nombre. No te has ganado ese derecho. Todavía no.
Quiero llorar. Sí, tengo ganas de llorar. Sus normas no forman parte de nuestra ley.
Ningún marido prohíbe a su mujer mantener la vista del suelo, tampoco se prohíbe que los llamen por sus nombres.
—¿Cómo pretendes que te llame?
—Ya te lo diré más adelante.
Su mano suelta mi brazo y baja hasta encontrarse con mi mano. Entrelaza sus dedos con los míos. Mantengo la vista en el suelo. Soy una patética. Lo sé. Ni siquiera sé por qué no me rebelo contra él.
Reprimo mis ganas de llorar. Obligo a mis lágrimas a permanecer en mis ojos. No quiero que me vea llorar, y que se dé cuenta de lo que me está haciendo sentir. No quiero que piense que soy vulnerable. Yo no quiero serlo.
—Recoge a tu hermana y te acompañaré a casa.
Me suelto de su mano. Intento tranquilizarme, no quiero que Olivia vuelva a verme triste.
Me giró hacia él deseando que por el motivo que sea haya tenido que irse. Pero nada de eso ha pasado. Saluda con educación a la gente que pasa a su alrededor y se mantiene donde lo he dejado. Esperando por mí.
Me siento tan ida, que cuando Olivia se abalanza sobre mí, me sobresalto del susto.
—¡Es tu prometido! —Lo señala.
—No debes gritar y menos señalar. —La corrijo —. Ahora vamos a casa, no te detengas.
No pienso volver hacia él. Ni voy a permitir que me acompañe a casa. Camino arrastrando a Olivia. No quiero girarme a comprobar si me está siguiendo. Siento que mi corazón se va a detener en cualquier momento. Pero tomo a Olivia en mis brazos y se puede decir que corro con disimulo hacia mi casa. En cuanto llegue estaré a salvo de sus intenciones.
—¿De qué huyes, An?
Me detengo ante la pregunta de mi hermana. ¿De qué huyo? Si en nada me va a tener en su cama.
Recupero el aliento y echo un vistazo atrás, pero él no está. Casi lo agradezco.
—Lo siento mi amor, solo quería llegar lo antes posible —miento.
Le miento a la única persona en este mundo que realmente me quiere, sin contar a Max. Olivia sonríe. Bendita inocencia. Camino agarrada de su pequeña mano, y me voy tranquilizando a medida que nos aproximamos a casa.
Abro la puerta y lo primero que me encuentro es a mi madre con cara de preocupación.
—Ponte algo decente, tienes visita.
Trago en seco. Siento como mi cuerpo empieza a temblar de nuevo y el frío se hace dueño de todo mi ser. No me atrevo a preguntarle de quién se trata. No puede ser él, porque se me hace imposible pensar que ha llegado antes que yo. Puede que se trate de mis suegros.
Me arreglo un poco, me cambio de ropa y bajo todo lo rápido que puedo.
Mis piernas se paralizan en la entrada del comedor. Pero mi madre me da un pequeño empujón con disimulo para precipitar mi entrada.—Siéntate a su lado —me aconseja.
Evito tener contacto visual con él. Y de nuevo mis ganas de huir vuelven a mí.
—Hola.
Quiero disimular lo asustada que estoy. No quiero hacer enfadar a mi padre. No me conviene.
—Come de estos dulces, los ha preparado, Anaís.
Mi padre miente. Yo no los he preparado, jamás saldrían tan bien como los de mi madre. Pero supongo que piensa que si le hace creer a Dante que soy una buena cocinera, él estará más entusiasmado conmigo.
Me quedo mirando los pasteles, veo su mano coger uno de ellos y entonces suelta una especie de gemido.
—Exquisitos. Me muero de ganas para que los hagas para mí.
Entonces su mano atrapa la mía, acaricia mi dedo, inspecciona la zona de y suelta algo de lo que ya se había percatado antes.
—¿Dónde está tu anillo?
Mi padre frunce el ceño. Y mi madre se incorpora de inmediato. Supongo que en busca de ese maldito anillo.
—Me lo quité, temía perderlo —miento.
Mi madre lo trae al instante, creo que ha debido de hacer alguna carrera desde la sala hasta mi habitación.
Dante se precipita a cogerlo cuando mi madre me lo ofrece. Toma mi mano temblorosa y todo vuelve a la noche del compromiso.
Mi mano temblorosa sujeta entre sus manos, y mis lágrimas a punto de volver a caer encima de su piel.
Siento el dolor perforando mi pecho sin ninguna compasión. Y aumenta a medida que él encaja el anillo en mi dedo.
—No quiero que te lo vuelvas a quitar.
—¡No lo hará! —Le asegura mi madre.
¿Tengo que disculparme?, espero que no, porque no tengo intención de hacerlo
Vuelve a anillarme por segunda vez, como si la primera no hubiera sido suficiente. Y entonces, delante de mis padres, besa mi mano.
Mi padre sonríe con suficiencia. Lo odio. A él no le importa lo que yo sienta. Como siempre.
Él solo quería tener hijos varones. Cuando mi madre estaba embarazada de Olivia, estaba como decepcionado. La culpaba, como si hubiera sido su elección. No le bastaba con los que tenía. Estoy segura de que si yo hubiera nacido con pene él que me habría querido y respetado. Pero nunca me quiso por el simple hecho de ser mujer, y porque jamás deseó ser el padre de una. Y tampoco me ve como lo que soy: su hija.
Ibahagi ang nobela sa
Facebook
Twitter
Whatsapp
Reddit
Copy Link
Pinakabagong kabanata
El tormento de Anaís Capítulo 15
Decepción. Vergüenza. Humillación. Vergüenza de nuevo. Pero ya no se sentía tan asustada. ¿Qué podía darle tanto miedo? Él, o tal vez sus intenciones ocultas bajo una sonrisa y una voz aparentemente tranquilizadora. Dante ni siquiera había gritado. Pero si usado sus manos para aplastar sus pechos.Nunca se había imaginado estar en esa situación así.
El tormento de Anaís Capítulo 14
NarradorPodía oler su miedo, no solo sentirlo por su respiración irregular, sino que temblaba como una gelatina, sumado a como se af
El tormento de Anaís Capítulo 13
—¡Cúbrete! —Me grita casi con desprecio.¿Cómo puede ser tan cruel? No solo conmigo, sino con Max. El cual ha arrancado su coche con furia y se ha marchado, dejando solo el polvo que se levanta alrededor del coche.
El tormento de Anaís Capítulo 12
Puedo ver el rostro de Dante en cuanto él aparta el velo y deja mi rostro al descubierto. Trago en seco. Quiero girarme y averiguar si puedo correr hacia la salida. ¿Cuánto tiempo podría llevarme eso?Quisiera huir. Pero ni siquiera tengo valor para volver la vista atrás por temor a que todos claven de nuevo sus ojos en mí.
El tormento de Anaís Capítulo 11
Presente:Es sábado y es el día. No hay colegio, tampoco tengo que llevar a Olivia. Ojalá pudiera volver a ser viernes otra vez.
El tormento de Anaís Capítulo 10
Tiempo atrás:
