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Montana, USA

Author: Cassandra Hart
"publish date: " 2020-11-07 00:31:45

Claire estaba caminando bajo una leve llovizna. No sabía que tanto más debía avanzar, ni siquiera sabía si encontraría a alguien antes de terminar muerta por el cansancio.

Muchos pensarían que estaba loca, en especial porque para la mayoría de la gente, aquellas tierras eran símbolo de barbarie y salvajismo.

Pero no para ella, para Claire aquel lugar significaba una sola cosa: Sentido de la Pertenencia.

Se encontraba descalza, con las rodillas rotas, sus manos estaban destrozadas. Tenía marcas en los muslos, se sentía como la mierda. No pensó que esa persona fuese capaz de aquello. ¿De quién hablaba? Un imbécil que por ser más fuerte que ella, pensó que sería bueno violarla. Y cómo el cobarde que era, no lo hizo solo.

Todo porque como no cayó bajo su encanto por ser el jugador estrella de la Universidad y por atreverse a rechazarlo en público fue golpeada una y otra vez, patadas en su abdomen, puñetazos a su rostro, latigazos en la espalda.

Y tenía mucho dolor en la entrepierna, estuvo drogada pero no tanto como para no comprender lo que le estaban haciendo.

Luego de unos días la subieron a un auto y condujeron durante dos horas hasta una ciudad fronteriza, sitio donde iniciaba la manada de los lobos de Montana.

Pero en lugar de tener miedo sentía esperanza. Su fama de sobreprotección hacia sus hembras la hacía desear ser una de ellas.

Nunca había pertenecido a un lugar, no realmente. Fue abandonada en una bolsa de basura frente a un orfanato. Ahí fueron amables con ella y la querían, sin embargo, no eran una familia de verdad.

Cuando entró a la universidad Christian se fijó en ella, pero desde el inicio le cayó gordo. Siempre estaba rodeado de mujeres, era arrogante y engreído. Y ella al ser la primera en rechazarlo le generó intriga.

Se volvió un reto personal.

De vuelta al presente debido al dolor que sentía, se obligó a avanzar sin prestar atención realmente a lo que la rodeaba. Sin pensar si aquello podía ser peligroso o no.

No se detuvo en ninguna casa, vio algunas cortinas moviéndose, escuchó algunos aullidos, pero siguió avanzando. Sintió a algunos lobos detrás de ella e ignoraba que conocían su aroma y que simplemente la escoltaban.

Llegó a una especie de cabaña. Estaba o parecía estar desierta. La lluvia que al inicio era una simple llovizna había aumentado en cantidad e intensidad. Tenía miedo, hasta ese momento las ganas de ser aceptada la habían mantenido de pie.

Siempre existía el riesgo de que la enviaran de regreso…

—o se la comieran—

Subió los escalones y miró apenada el suelo de madera, estaba seco y limpio mientras que ella chorreaba sangre y suciedad. Antes de siquiera tocar la puerta esta se abrió. De adentro salió el hombre más apuesto que hubiese visto en su vida.

La miraba primero con emoción, de esa que sentimos cuando alguien que ha estado fuera mucho tiempo regresa a casa. Luego empezó a mirarla de arriba abajo y ella se sintió apenada por eso dio un paso atrás.

—Lo siento…no sabía que estaba tan sucia.

—¿Lo sientes?

—Tu piso…lamento estar ensuciándolo.

Benjamin estaba furioso y la dejó fuera para ir por una manta, su lobo que últimamente parecía tener mente propia no pensó en las consecuencias de solo irse. «cómo si pasar tiempo con Kieran influenciase a su bestia y lo hiciera pensar como si fuese un ser aparte del humano…interesante…»

Claire, asumiendo que aquello era una forma educada de pedirle que se fuera a la mierda, bajó los escalones y regresó al camino, iría a la ciudad, trataría de arreglar su casa y ya.

Benjamin regresó a buscarla y se cabreó con él mismo al verla irse bajo el agua. Debió pensar que ella asumiría que la pateaba lejos.

En pocos segundos le dio alcance.

—¿A dónde crees que vas?

—A mi casa, no debes sentir responsabilidad, me quedó claro que no soy bienvenida.

—Maldición mujer, fui por una maldita manta.

—¿De verdad?

—De verdad, vamos que ahora somos dos los mojados.

—Tu piso…

—El maldito piso es en lo último que estoy pensando. En mi mente solo hay muerte y asesinato. Los responsables de que estés en esta condición pagarán con su vida… «Achú…»

—Tan solo te mojaste unos segundos y ya estás estornudando…toda esa pose de hombre rudo no te queda ahora.

A pesar de estar con dolor empezó a reírse.

—Me parece bien que te de gracia, vamos a cambiarnos los dos de ropa.

— ¿No me vas a pedir que me vaya?

—No puedes irte, perteneces aquí, conmigo.

Claire empezó a tambalearse y Benjamin la agarró antes de que llegara al suelo. Si no hubiese colapsado en sus brazos hubiese escuchado el aullido de los lobos. Todos se habían apresurado a rodear la casa del Alfa para cuidarlos de cualquier peligro.

Con ella en brazos dirigió a sus guerreros una mirada de agradecimiento.

La miraba con miedo, no le llegaba ni al hombro. Estaba muy delgada y los golpes… estaba tan herida que no quería siquiera sujetarla.

Claire era ligeramente consciente de que aquel hombre grande la sostenía entre sus brazos. Sintió pena cuando la puso sobre su cama. Se sentía mugrosa, fría, asustada...adolorida. Humillada debido a lo que sucedió.

—Lo siento…tus cobijas van a dañarse.

Benjamin la miraba con amor, pero ella vio ahí también algo oscuro y profundo.

—Deja de disculparte. Te llevaré al baño, tenemos que quitar la ropa mojada y sucia.

—Puedo sola.

—Déjate de tonterías. Piensa en mí como tu médico. No te tocaré de forma inapropiada o no aún al menos.

— ¡Oye!

—Vamos pequeño cervatillo. Deja de luchar que gastarás las pocas energías que has de tener. Escucho tu estomago rugir de hambre, no quiero ni pensar hace cuánto tiempo estás así, ni tampoco pensar en la cantidad de sangre que has de haber perdido.

—¿Pequeño cervatillo?

—Te ves igual que un pequeño cervatillo antes de ser atropellado. Más adelante podrás preocuparte por la vergüenza. Déjame ocuparme de tus cuidados, permíteme ser quien te haga sentir mejor.

—Deberías cambiarte, estás enfermo.

—Te darás cuenta de que de esos estornudos no pasará, puedo estar con ropa mojada unos minutos.

Tras sentarla con cuidado empezó a desvestirla. Claire no pudo evitar gemir y no de placer exactamente. Sentía vergüenza, dolor…

—Lo lamento cervatillo. Una vez que toda esta mugre se vaya, podremos ver que tanta ayuda médica necesitas. Todo esto es mi culpa y por eso necesito ayudarte a mejorar, no borrará lo que te hicieron, pero es mi necesidad el ayudarte.

—¿Tú culpa? Pero no nos hemos visto antes.

—Quien te secuestró lo hizo para vengarse de mí. Yo te sentí como mí compañera y él se dio cuenta, hemos seguido tu rastro los últimos días, pero no logramos dar con tu paradero.

—Ellos destrozaron mi casa, no es la gran cosa, pero es lo único que tengo y a lo único que puedo llamar mi hogar. Debería irme de la ciudad, alejarme porque ellos me dijeron que vendrán por más.

—¿Irte? de eso nada mujer que eres mía. Y déjales que vengan, deseo mostrarles que tocaron a quien me pertenece.

—¿Como si fuese una cosa tuya?

Claire trató de moverse, inquieta y asustada, Benja le sujetó el rostro y la besó con ternura.

—Mi mujer para amar y proteger.

—Quién me atacó me dijo que mi compañero sufriría al verme rota, que me iría mejor huyendo porque él y su manada me asesinarían ya que rota no sirvo, pero no quiero irme, deseo tratar de ser aceptada.

—Estás en casa, nadie va a alejarte de mí.

Benjamin la dejó desnuda, envuelta en las sábanas para que mantuviese el calor corporal mientras a prisa se cambiaba la ropa. La voz de él sonaba tan nítida como si estuviera junto a ella.

Cuando salió con solamente un pantalón como de manta sin camisa, los ojos de Claire fueron al cuerpo del hombre. Era musculoso, hermoso.

Benjamin se dio vuelta y buscó un botiquín por eso no se dio cuenta del escrutinio al que lo sometía su compañera.

—¿No piensas igual que los demás sobre nuestra forma barbárica y salvaje de ser?

—Envidio a sus mujeres, se dice que son amadas y que las protegen con fiereza. No sé qué significa ser amado y anhelaba llegar a algún lugar dónde me quisieran. Pero estoy tan rota que no me veo siendo capaz de amar, no quiero ni siquiera imaginar que alguien me toque de forma íntima…yo me había cuidado para mi pareja y ellos…

Claire respiraba tan a prisa que empezaba a hiperventilar, Benjamin abrazó a su compañera para detener la ola de histeria que estaba ya en ella, su amada mujer estaba tan dañada que esperaba que la vida le concediera el milagro de que ella se sintiera bien.

Mientras le acariciaba la espalda trazando círculos en ella, trató de que entendiera.

—Cervatillo, has llegado a tu lugar, nunca sentirás que no eres amada, no de nuevo. Vamos a lavarte.

—Un baño suena bien, me siento asquerosa.

Mientras la ayudaba frotando con suavidad sobre su piel, sentía como le temblaban las manos. Aquella preciosa mujer era su compañera «sí, podía ver que debajo de toda aquella mugre había una hermosa mujer» Pero lo preocupaban muchas cosas.

No el que ella fuese a abandonarlo porque incluso había parecido aliviada al saber que no la iba a echar a la calle. Y en sus palabras había añoranza, deseos de tener un hogar y él se lo daría todo.

Lo preocupaba otra cosa, su parte de macho protector no entendía la forma en que se habían ensañado con ella. Porque ahora que el agua había quitado la mugre, quedaron ante él las muestras de que había sufrido una paliza brutal.

La sacó del baño y la envolvió en una toalla grande. La llevó a su habitación y la vistió con una de sus camisetas. Luego la acomodó en el sofá mientras cambiaba las cobijas de su cama, unos minutos después la metió bajo las sabanas y antes de que siquiera hubiese acabado de salir de la habitación, ya dormía profundamente.

Lorie, una de las lobas ancianas llegó a ofrecer ayuda. A diferencia de otros lobos ella había sino convertida hacia poco tiempo. Era la abuelita de uno de los humanos acoplados en su manada y este amaba a la anciana. El consenso general fue que a los miembros jóvenes les gustaba la idea de tener una abuelita que realmente se viera con una.

—Alfa.

—Lorie, acá en casa está nuestra Luna. Te pido discreción, está muy malherida.

— ¿Dónde la tiene, Alfa?

— ¿Alfa? ¿Todos los demás merecen una abuelita y yo no?

—De acuerdo Benjamin, ¿dónde la tienes?

—Mi habitación.

—Prepararé algo de sopa para alimentarla.

Después de hacerla comer un poco, de verla vomitar porque por hambre comió demasiado a prisa y su estómago no lo toleró, le dio un sedante suave para ayudarla a dormir y dejó a Lorie con ella. Llamó a sus guerreros, o algunos al menos pues los demás venían de camino.

—Jako, debemos agradecer a Kieran que sigue aquí pues nos ha ofrecido ayuda rastreando. Necesito refuerzos en los perímetros y lobos en la ciudad atentos a alguna señal de ese imbécil. Necesito extender aún más las patrullas a la casa de Ryder, solo por precaución.

—Partiremos en dos grupos. En cuanto a Ryder, eso fue hecho desde ayer.

Durante la noche Benjamin cuidó de ella, tenía algo de temperatura. Podría sanarla, pero eso la vincularía a él y no quería hacer nada sin su consentimiento. No es que su lobo aprobara aquello, pero él prevalecía sobre la Bestia.

Aún al menos.

Unas horas después Claire fue consciente de que estaba sobre una superficie blanda. Un paño mojado era puesto sobre su frente. Abrió los ojos y una mujer le miraba con atención. Parecía una abuelita de cuentos de hadas.

Ya saben, cabello gris, grandes anteojos, ojos dulces. Y tendría lógica que Claire fuese una especie de caperucita, ya tenía a la abuela y la tierra de los lobos… y al lobo.

—Alfa, ella empieza a despertar.

Benjamin irradiaba tal poder que Claire olvidó que antes de perder el conocimiento habían charlado como iguales y dejó de mirarlo.

—No hagas eso. Eres mi igual.

—Gracias por ayudarme. Aunque tampoco te di muchas opciones ¿verdad?, solo me desmayé cual princesa victoriana.

—Sabes que no puedo dejarte ir. Lo hablamos mientras te ayudaba a bañarte. Mi nombre es Benjamin Black.

—Lo sé, digo sobre lo de irme. Tal como te dije...creo, quien me dejó aquí lo hizo por eso mismo. Mi nombre es Claire. No puedo darte un apellido porque no lo tengo.

Benjamin la miraba con atención. No había condena en su mirada sino más bien un genuino interés en su historia.

—Todos tenemos un apellido.

—Lo que quiero decir es que crecí en un hospicio pues de bebé me arrojaron en una bolsa plástica. Ahí en el hospicio me pusieron Claire Foster, pero un apellido real y propio no tengo.

Para vergüenza…su gran vergüenza las lágrimas caían por sus mejillas. Benjamin se veía molesto.

—No importa a quien tengas fuera, a quien extrañes. La bestia en mí te reconoce como suya.

—No tengo a nadie, nadie en el mundo. ¿Me estabas poniendo atención? Nunca he tenido un hogar y cuando me dejaron aquí esperaba acabar siendo aceptada. Puedo hacer trabajos en tu casa…

—Eres mi Luna, la Luna de mi manada. ¡No harás trabajos domésticos!

¡Qué indignado sonaba, JODER!

—No puedes hablar en serio. Soy una huérfana, no soy digna.

—No sé qué mierda de vida te dieron en ese orfanato. Eres digna, eres mía y eso no va a cambiar.

—Soy tan digna que quien me tiró aquí me trató igual que cuando era bebé. Como a una bolsa de basura.

— ¡DEJA DE INFRAVALORARTE MALDITA SEA!

—Sé que eres un Alfa, pero si somos iguales deja de gritarme.

Para sorpresa de Claire, el Alfa rudo y gritón se sentó junto a ella en la cama y le sujetó la mano.

—Lo siento, mi naturaleza me hace impulsivo, mi lobo te siente herida y está furioso. Quizás este tema te resulte difícil, tómalo con calma.

—De acuerdo.

—Necesito que me cuentes todo lo sucedido. Cualquier detalle nos ayudará a dar con el paradero de los responsables. Sabemos que son Christian y su padre, pero ignoramos dónde se esconden.

—Conocí a Christian en la Universidad a la que entré por una beca. Era el tipo atractivo que las tenía locas, pero me cayó mal, desde el inicio para mí fue solo un matón de mala muerte que por tener dinero hacía lo que quería. Como le dije que no, me volvió su presa.

—Cariño, eso es literal. Él y su padre son lobos. Ambos eran miembros de mi manada y su hijo atacaba a las jóvenes. Le pedí a su padre que se fuera y me desafió. Por supuesto perdió y sé que cuando te reconocí en el pueblo él estaba ahí y por eso te atrapó. Lo siento.

—No es tu culpa, para hacer lo que me hicieron, se necesita estar enfermo.

—¿Cómo te atraparon?

—Estaba descansando en la sala cuando de pronto la puerta de mi casa fue arrancada de su sitio, un lobo me golpeo y no recuerdo mucho. Les sentí inyectarme algo, me pusieron en una cama y Christian…

—Tranquila, cervatillo.

—Eran más de tres o quizás solo dos, eso está borroso para mí porque estaba muy mareada. Oí varias voces, ellos me violaron. Usaron sus manos, usaron botellas y quien entró en mí fue Christian.

Tres días después llevaron un médico que dijo con solo olerme que no estaba preñada, que su hijo realmente era infértil y lo escuché golpear a Christian.

Me dejaron aquí diciéndome que estaba rota y que tu manada y tú me matarían. Pero después de que me quitaron todo, eras la única esperanza que tenía para no estar sola.

Con Claire en brazos Benjamin Black rugió.

Y vaya que rugió, probablemente lo han de haber escuchado en varios kilómetros a la redonda—pensaba Claire—.

Se alejó de ella y empezó a caminar por la habitación arrojando al suelo todo lo que tenía a mano. Encogerse de miedo fue inevitable. Aún más cuando varios lobos se unieron al rugido de su Alfa. De verdad que el sonido, ese fue capaz de poner su carne de gallina. Cuando dio un paso hacia ella empezó a llorar.

—No me hagas daño…

Y eso detuvo todo rastro de ira o furia. Se acercó a ella y con calma le dijo:

—Claire, tu único apellido será Black. Tu única familia seré yo y quien te hizo esto, morirá.

— ¿No me vas a lastimar?

— ¿Lastimarte?

—Sí, estás molesto…

Benjamin la levantó de la cama y la llevó con él a un sillón, luego la acomodó sobre su regazo. Acurrucarse contra él fue instintivo y el pecho de Benjamin vibró con satisfacción. Lorie se acercó a ellos con calma y colocó una manta sobre su Luna.

Luego mientras sonreía pensando en la imagen de su Alfa acunando a su pareja, salió cerrando la puerta. Benjamin la escuchó cuando se alejaba y a sus lobos retirándose, para darles privacidad.

—Mía, solo mía. Necesito marcarte, eso no solo advertirá a otros que eres mía, sino que empezarás a cicatrizar.

Mientras ella le miraba fijamente, él invadió su boca con un beso posesivo. Luego mientras la besaba, una de sus manos fue hacia la entrepierna de Claire.

Claire dejó de besarlo con pena, nadie nunca la había tocado ahí, de esa forma tan íntima. La violación había sido sin su consentimiento, así que esa era definitivamente su primera vez.

Gimió un poco mientras él aumentaba el ritmo de sus caricias. Cuando empezó a sentir su orgasmo, Benjamin la mordió y aquello catapultó el placer a niveles anormales. Mientras sus ojos se cerraban lo sintió besarla. Pero en lugar de ponerla de nuevo en la cama, cerró los ojos manteniéndola en su regazo.

Claire despertó y se encontró de nuevo en la cama, el cuerpo le dolía como si hubiese sido aplastada por un autobús. La mordida en el cuello le dolía como la mierda. Sus piernas parecían no dispuestas a colaborar.

¡Y mierda se estaba orinando así que moverse era necesario!

Con cuidado logró llegar a una mesa y sostenerse mientras el mareo pasaba. Pero era extraño, sentía los oídos como si un inmenso silbato fuese soplado dentro de ellos.

Benjamin apareció frente a ella y la sujetó antes de que cayera. Claire se sentía igual que la princesa Ariel cuando trató de levantarse con sus piernas por primera vez.

— ¿Qué haces fuera de la cama?

—Me estoy orinando.

                                          La pena fue dejada atrás.

—Te llevaré y te esperaré fuera.

—No, cerraré la puerta y tendré privacidad.

Entre ambos se llevó a cabo una guerra de miradas y Claire no dejó de luchar.

—Bien, pero si te caes me voy a cabrear.

Mirando el lujo en el baño, supo que no encajaba. Maldición, ya con la marca sería imposible alejarse. Y para probar ese punto, Benjamin abrió la puerta con violencia.

—Deja de pensar que no eres digna o que no encajas.

— ¿Cómo…?

—Y sí, mí marca evitará que te vayas.

—Lees mi mente.

—No adrede, trasmites en directo a mi cerebro. Te enseñaré a bloquear tus pensamientos. Además, tu tristeza es abrumadora. Te espero fuera, si te sientes mal, me avisas.

Claire acabó de encargarse de sus necesidades básicas. Encontró «para ella» un cepillo de dientes sin estrenar, desodorantes «seis marcas distintas»

Trató de pensar en esta nueva vida, de olvidar lo que Christian había hecho. Pero el miedo, el dolor estaban ahí y se mostraba ante ella a toda velocidad.

Todo a su alrededor empezaba a verse borroso una niebla espesa amenazaba con tragarla.

—Benja…

Cuando su Alfa entró al baño fue para atraparla antes de que se golpeara en el suelo «o Dios no quisiera en el borde de la tina» Había sentido su ataque de pánico, su mareo y para cuando lo había llamado ya estaba casi adentro.

El pánico de su compañera «debido al vínculo» había sido sentido por toda la manada. Las lobas aullaban compartiendo su dolor. Sus parejas «guerreros de la manada» aullaban. Afectados no solo por el dolor de sus propias compañeras sino por la ira. Su Luna había sido herida.

Claire despertó sintiéndose segura y quizás se debía a quien la acompañaba en la cama. Parecía un gatito acurrucándose contra él y Benjamin lo amó. Ella pertenecía ahí con él.

— ¿Cómo te sientes?

—Cansada y algo apenada. Nunca había hecho algo así.

— ¿Tu primer hombre, fue ese que te dañó? ¿de verdad no tuviste otra pareja?

Benjamin quiso patearse, sabía que el tacto no era lo suyo y debía tratar de mejorar. Por ella, por su compañera. 

La mirada en el rostro de Claire reflejó pánico y confusión. Pensamientos caóticos llegaban por miles a él y a su lobo.

Antes de lo sucedido nunca tuve a alguien...

¿Y si no me cree?

Me arrojará a la calle...

él…va a enviarme de regreso y no sé qué haré.

Prefiero morir que dejar que me toquen de nuevo, si Benjamin no me quiere no seguiré…no más.

Esta vez no fallaré, debo cortar la mano más profundo…le diré que quiero ir a casa, acabaré con esto…estoy sucia soy indigna…

Benjamin se puso frente a ella, nariz contra nariz y estaba furioso.

— ¡De suicidarte una mierda! Escúchame bien, Claire, ni siquiera te pase por mente que te dejaré irte ¡y menos que permitiré que atentes contra tu vida!

Claire estaba pálida, Benjamin se maldijo a sí mismo. No podía hablarle de forma tan ruda, su mujer estaba rota, alguien la tenía a punto de colapso y debía cuidarla. Pero por la santa mierda, escucharla pensar en morir, saber que lo había intentado era duro.

—Tranquila pequeña, tu mente es un caos total. Lo lamento, no debería haberte preguntado así por él.

—No te entiendo… ¿dudas de que fuese virgen? Nunca he estado con alguien. Debes creerme, golpéame hasta que sepas que no te miento...

— ¿Golpearte? Nunca tendrás que soportar algo así. Confía en mí.

—Es que no entiendo...

—Duerme Claire, duerme.

Después de mandarla a dormir llamó a su hermana.

—Cavernícola. Ella necesita tiempo, no la atosigues. Cuando despierte llévala fuera.

Ocho horas después despertó sintiéndose bien. Era extraño, se quedó quieta en la cama sin saber realmente qué hacer. Benjamin la miraba desde la puerta.

—Vamos a ir a caminar por la zona. Quiero que conozcas a mi lobo.

— ¿Va a saber que soy yo?

—Sí. No te va a dañar. Otros miembros de la manada quieren verte y mi hermana Alina quien es la pareja de mi Beta Jako, quiere presentarse formalmente. Tal cual me lo ha señalado, necesitas compañía femenina. Me llamó bruto cavernícola para ser más exactos.

—No quiero salir, no puedes decirme algo así y esperar que vaya a caminar por tus tierras.

—Por ahora saldremos un poco. Necesitas recibir algo de sol, conocer a tu nueva familia.

Cuando Claire se puso de pie y dio su primer paso, se quedó realmente sorprendida.

— ¡Ya no tengo heridas!

Benjamin disfrutaba de su compañía. Ella se maravillaba por cosas que para él eran insignificantes. Cosas que daba por hecho. Claire iba a enseñarlo a disfrutar de nuevo de todo.

Ella era su milagro, uno del que alguien había abusado físicamente y su lobo, aunque sonreía y se dejaba abrazar, solo pensaba en la forma en que los eliminaría.

—Mi mordida te ayuda a sanar.

— ¿Seré cómo tú?

—Sí, eventualmente. Espero que puedas verme como a tu otra mitad.

—Es loco, pero lo hago, siento que si me alejo estaré incompleta.

— ¿Tienes hambre?

—Muero de hambre. Puedo cocinarnos algo.

—De acuerdo. Iré a coordinar algunas cosas. La cocina está bien abastecida.

¿Coordinar cosas? Nada más lejos de la verdad pensaba Benjamin mientras bombeaba su polla una y otra vez. Tenerla cerca y no montarla lo estaba matando. Pero la bestia no podía tomar el control. Ella había sido herida.

Minutos después cuando creyó que se había liberado lo suficiente del deseo sexual descubrió que su autocontrol estaba por quebrarse, su bella compañera se inclinaba sobre una olla, su camisa dejaba al descubierto sus gloriosas piernas. Los gemidos que daba ella al probar la salsa y la forma en que su pequeño, perfecto y redondo trasero lo llamaba y pedía que lo lamiera, hizo a su polla revivir.

Solo probaría a ver si ella quería…solo trataría de tentarla…

Se acercó a ella por detrás y se pegó a su cuerpo totalmente.

—Hmmm. Huele delicioso…

Se agachó para asomarse junto a su cabeza y empezó a susurrarle al oído.

—Se ve deliciosa…

Su bella compañera al sentirlo detrás empezó a gemir y frotarse contra él. Luego se dio vuelta y empezó a besarlo. La levantó en brazos y la llevó a la cama.

— ¿Suave y delicado?

—No sé qué me pasa, pero te necesito duro y rápido.

Los embistes no se hicieron esperar. Para darle mayor acceso enroscó las piernas en su cintura. Mientras el clímax llegaba la mordió de nuevo.

Después de dejarla en la cama fue a servirle algo de la pasta que había cocinado.

Unos minutos después, su compañera le miraba comer, luego se inclinó sobre él y lamió un poco de la salsa en sus labios.

—Ahora lo quiero suave y delicado.

Cuando salieron a la mañana siguiente, Claire se colocó de forma instintiva detrás de Benjamin, su pequeña mano lo sujetó del brazo y supo que no quería que Claire sintiera miedo de su gente.

«Claro que sentirla sujeta a él, comprender que lo consideraba alguien que podía protegerla hizo que su lobo aullara de emoción»

Sin embargo, se detuvo y puso la mano a un lado de su cuerpo esperando que la sujetara y caminara a su lado. Ella «por voluntad propia» debía abandonar su espalda y pararse a su lado.

Su humana no lo decepcionó y aunque la sintió temblar, se paró a su lado y miró a su gente, a su nueva familia.

Misti, una niña pequeña de poco menos de tres años se acercó corriendo. Su madre «que no conocía a la Luna y no sabía sí se molestaría con su hija» se apresuró a tratar de sostenerla.

Pero Claire se agachó a tomarla en brazos. Al inicio la madre suspiró tranquila pero cuando su hija colocó las manos llenas de lodo en el rostro de la Luna, se asustó mucho.

Con la niña en brazos camino hasta el charco de lodo más cercano. Se arrodillo sin soltar a Misti y puso l palma de su mano en el barro.

Luego colocó algunos poquitos de barro en las mejillas y cachetes de la niña. Otros niños se acercaron a hacer fila para que su luna les llenara igual.

Antes de darse cuenta un niño le tiró una bola de barro a Claire y esta, disimuladamente hizo la suya propia y ante la mirada atónita de la madre del pequeño, le lanzó la bola.

El caos, en forma de niños de preescolar se desató y mientras veían a Claire jugar empezaron a reír. El ambiente general se trasformó en uno jovial. Claire devolvió la niña a su madre y para asombro de todos, se levantó la camiseta y se limpió el rostro.

Sin embargo, quedó aún peor. Una de las madres acercó a ella un balde con agua y empezó a quitarse su propia camiseta para ofrecérsela a Claire.

—No hace falta, descuide.

Luego siguió caminando junto a su Alfa.

Avanzaron un poco, varias niñas se acercaron a regalarle flores, poco después se encontraron con una pareja.

—Luna, es un honor y dicha tenerte. Estoy cansada de estos machos sobreprotectores.

—Alina, me imagino.  «contestó risueña y un poco más relajada, para alegría de Benjamin»

—Así es. Dejemos a nuestros machos y vayamos a caminar.

— ¿Podemos ir a caminar solas?

El miedo fue claro para todos, ya Benjamin sentía un ataque de pánico empezando a construirse. Su manada lo sentía también.

—Claire, nuestras tierras son seguras. De todas formas, detrás de ustedes irán algunos de nuestros hombres. No los verás, pero ahí estarán.

Claire se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Su gente observó con deleite como su Alfa se sonrojaba tras la muestra de afecto de su Luna. Sabían que al igual que su Alfa, ella sería sabia y amable.

Claire y Alina empezaron a recorrer las tierras de la manada. Ella estaba maravillada por los paisajes.

De pronto se puso muy pálida, Alina se acercó a ella y la miró observando una serie de fotografías de ella, atada a una cama, siendo abusada por un hombre, al que reconoció de inmediato. Alina se apresuró a retirar las fotos y pidió a los guardias que fuesen por el Alfa.

Se acercó a Claire que miraba a todas partes tratando de encontrar una ruta de escape.

Benjamin y Jako que habían sentido a sus mujeres, empezaban a llegar cuando los guardias iban por ellos. Miró a Claire, sus ojos estaban demasiado abiertos.

—Claire, mi cervatillo. Respira con calma.

—Me voy, me voy... no puedo quedarme ellos lo dijeron, vendrían por más.

Benjamin al mirarla sintió sus deseos de irse, su necesidad de alejarse.

—Ellos están aquí, debo irme.

—No te vas a ir…

—Ellos están aquí…están aquí...

—Duérmete Claire.

—Debo irme…

—No lucharás en esto Claire, vete a dormir.

Claire cerró los ojos y Benjamin la atrapó antes de que llegara al suelo. Con ella en brazos, abandonada a un sueño por compulsión se giró hacia su hermana.

—¿Qué mierdas pasó?

—Benja, llévala a casa y cuando esté descansando charlaremos.

Quince minutos después entró el médico de la manada. Tenían algunas humanas entre ellos por eso pudo sedarla para dormir sin que eso representara problema para Claire.

Como antes de que las mujeres humanas llegaran a la manada no tenían medicamentos «pues los lupinos no los necesitaban» Benjamin había optado por un médico de planta.

Alina pidió a su hermano que estuviesen a solas, sin Jako u otros lobos para hablar de lo sucedido.

—Hermano, cuando estábamos en el bosque ella vio una serie de fotos en algunos de los árboles. Yo las tengo conmigo. Es grave.

Mientras veía las fotos de su mujer siendo violada supo que los responsables eran hombres muertos. Sin embargo, también sonrió y Alina supo que aquello no era bueno.

—Pide a tu esposo que entre junto con los mejores rastreadores. No verán las fotos porque las pondremos boca abajo. Pero necesito que tomen la esencia de quienes las pusieron ahí y les sigan. No solo se atrevieron a entrar a mis tierras, se meten con mi Luna, se atreven a alterarla.  Este es su hogar y no debe sentirse así.

Tras mirar como su hermana salía a prisa a charlar con Jako, Benjamin se quedó en su despacho. Todos los asuntos de la manada, la contabilidad, el control de sus inversiones todo lo manejaba desde ahí. No podía ir a su mujer estando tal alterado.

La manada entera sentía su furia, los más pequeños estaban ansiosos. Alina sabía que su hermano necesitaba calmarse así que entró a buscarlo.

—Hermano, debes calmarte. No solo la manada siente tu ira y dolor por tu compañera, ella, aunque esté inconsciente ya está ligada a ti y a tus emociones. No puedo ni imaginar que haría mi compañero si algo así me sucediera. Pero ella no necesita más violencia.

—Lo sé. Pero Ali…lo que ella siente, su vergüenza…eso es lo que me altera. Es la puta víctima y siente pena.

—La manada se siente ansiosa, Josh y Damon lo sintieron y están viniendo.

—Viven a dos horas de aquí.

—Te sintieron. Saben que has encontrado a nuestra Luna, saben que está herida y que hoy fue víctima de un ataque. No creerás que no iban a venir. Pero ve con ella. Kieran, Mikhail, Drew y Morris fueron con Jako, son nuestros mejores guerreros y ese Oso es realmente impresionante.

Ellos se encargarán de hallarlos, nada de lo que hay aquí en tu oficina requiere atención inmediata.

Josh vendrá directamente a sanarla, ahora que se han vinculado el poder de Josh servirá, es más lupina que humana. Damon es despiadado, uno de los mejores para protegerla.

Ella estará a salvo, por eso lo que necesita de ti no es al Alfa Guerrero sino a su compañero.

—Gracias por eso, hermana. Me perdí por un momento, iré con ella.

Mientras miraba a su compañera descansar trató de controlarse.

Por experiencia sabía que perder el control antes de enfrentar al enemigo era inaceptable. Siempre se consideró a si mismo ecuánime sin embargo…era con Claire con quien se habían metido. Su lobo estaba furioso.

Alina entró a la habitación poco después.

—Hermano, Jako me dejó saber que ya los tienen. Son tres humanos, no hay rastros de Christian.

—No seguirán siendo humanos por mucho.

— ¿No vas a asesinarlos?

—Los humanos son frágiles mi pequeña hermana y el castigo duraría poco tiempo.

— ¿Entonces?

—Les transformaremos, luego serán enviados a la mina. Nuestro ejecutor estará feliz de recibir a quienes trajeron las fotos del ultraje a nuestra Luna, vivirán eternamente recibiendo los peores castigos. Esa es mi sentencia.

—Me gusta tu decisión, Benja. Porque cuando la vi tan pálida… me sentí muy mal, es decir, ¿cómo alguien pudo hacerle eso a nuestra Luna? ¿La viste con los niños? Es amable, tenía miedo de todos y fue valiente al colocarse a tu lado. Se parece a mamá.

—Lo sé. También la extraño.

—Has sabido ser un buen líder, estarían orgullosos.

Dejaron a Claire descansar mientras salían al patio frontal. Los tres humanos estaban aterrorizados.

Benjamin reconoció uno de los que abusó de ella, el que salía en las fotos junto al hijo de Olivier, el que usó una botella para violarla.

—Saben por qué están aquí.

—No…no señor.

Se acercó a ellos, se colocó frente al violador y mirándolo a los ojos le dijo:

—Me dirás solo la verdad.

—Sí…sí lo haré.

—Ustedes pusieron las fotos de mi mujer, para que ella las viera. Nuestro pueblo lejos de burlarse o humillarla, clama justicia en el nombre de nuestra Luna.

— ¿Todo eso por esa golfa? Me decía que no la tomara, pero en el fondo sabía que sí quería.

Claire que había despertado sola se levantó a buscar a Benjamin. Su voz le guio hasta el lugar dónde se desarrollaba todo y no pudo evitar gritar cuando vio a los que estaban ahí.

Se alejó corriendo del lugar, escuchaba la voz de Benjamin llamándola. No podía hacerle frente. Con las fotos, bueno solo Alina lo había sabido. Ahora toda la manada conocía esa sucia verdad.

¿Cómo podría mirarlos a la cara?

Nunca había tenido que correr para algo importante así que ignoraba que podía ser así de rápida, ya no escuchaba el llamado de Benjamin. Quizás tenía parte de sus habilidades, si ya podía sanar pues quizás correr así era algo más que obtuvo de él.

Sin embargo, Benjamin tenía una fuerza que ni siquiera imaginaba, una férrea determinación de cuidarla y protegerla, por eso llegó a ella poco después.

—Déjame ir por favor.

—Claire.

Claire se alejó de Benjamin y se dejó caer al suelo. Temblaba y Benjamin se sentía desesperado.

—Ellos lo saben, no puedo verlos a la cara.

—No entiendo.

—Pusiste a los humanos frente a tu manada, los hiciste confesar y ahora todos saben lo que sucedió.

Benjamin se maldijo, entendía bien por qué su deseo de huir. La pena y humillación manaban de su compañera con abundancia.

—Lo siento mi pequeña. Fui estúpido y desconsiderado. Aquí siempre manejamos todo así. Pero nadie va a juzgarte.

Regresaron a la manada, Benjamin pidió a su gente que regresaran a sus casas. Sabía que Alina había pedido a su ejecutor que se llevara a los humanos.

Claire—en sus brazos— mantenía el rostro escondido en su pecho. Tanto maldecir a los que la habían lastimado y él la había humillado públicamente.

Drew, uno de sus lobos era un genio de la informática y había encontrado— «según información mediante su enlace mental» una página donde estaba el video de su compañera siendo violada.

Pero lo más preocupante era que a Claire, los ojos le cambiaban a amarillo. Como si fuese una loba.

Los comentarios de quienes veían el video eran amplios, pero la mayoría decía que aquello era un montaje «debido al asunto de los ojos»

Lo que Benjamin ignoraba es que alguien, en los altos mandos del gobierno buscaba a Claire y que debido al video estaban tras su pista, en específico en los límites de sus tierras.

Durante la noche asaltaron la manada, usaban dardos tranquilizantes y mientras los lobos caían uno a uno, la vida de Claire corría más peligro.

Benjamin abrió los ojos y miró a quien sostenía el arma.

—Dulces sueños lobo.

Pero no lo conocían, pensaba embravecido Benjamin diez minutos después cuando había logrado luchar contra los efectos del narcótico.

Cuando Benjamin salió de sus tierras pudo ver a alguien cargando a su Luna «a su muy inconsciente, esperaba no muerta, compañera» se transformó en lobo y golpeó el vehículo, pero no fue suficiente y mientras los veía alejarse aulló.

Poco después la manada se unió a él.

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