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CAPÍTULO IV: SERÁS MÍO
Penulis: drconradruizSus besos en mi cuello, su apretón fuerte en mi cadera y trasero juntándome a su cuerpo, sintiendo su erección rozar mi entrepierna, me provoca un calor que llena todo mi cuerpo, subo una pierna enlazándolo, apegándolo más a mí, quiero sentir más, deseo a Erick adentro de mí, lo tomo de su cabello viéndolo directamente a los ojos, esa mirada que vi desde el primer día me desnuda, siento esa conexión con él, penetra todo mi ser.
Nos seguimos besando, entrelazando nuestras lenguas, jugueteando con ellas desesperadamente, como si lleváramos tiempo deseándonos. Le quito la camisa y el a mí el vestido, siento sus brazos fuertes, su gran torso, este hombre me derrumba, me humedezco con facilidad.
Me lleva a la cama, pero doy vuelta para quedar encima de él, me besa los pechos, su lengua juega con mis pezones, su mano me presiona con fuerza las nalgas, esto aumenta más mi calor interno, lo llevo lentamente a la posición en que lo deseo tener, quiero cabalgar a este macho como nunca nadie lo ha hecho, soy libre, el me hace sentir así. . .
Un sonido fuerte tipo alarma de vehículo resuena en toda la habitación, abro los ojos, son las seis de la mañana, es la alarma de mi despertador, para mi frustración solo ha sido un sueño húmedo.
En la ducha no dudo en masturbarme tengo que liberar toda esta sensación que me ha dejado el sueño con Erick, me imagino cabalgando sobre él, tan fuerte que lo hago gemir de placer, su mirada clavada en la mía, cogiéndome por todos los huecos que hay en mi ser, llenándome por completa, llevándome al orgasmo.
─OH sí, me encantas, Erick te deseo, serás mío.
Toda la semana hemos almorzado juntos, “almuerzos ejecutivos”, los cuales me han servido para conocerlo más, admirarlo de cerca, su masculinidad, su forma de verme me gusta, sé que él también me desea, al hombre se le nota más fácil, las mujeres somos expertas ocultando mejor lo que queremos, obvio unas más que otras, pero trato de evitar esa mirada, porque siento su fuego por mí y eso me excita más, también el hecho de ser “prohibido” por estar casado y por las reglas de la empresa solo aumentan mi deseo y no me siento mal por eso, si Adán y Eva no pudieron contenerse por una manzana, ahora yo, una simple mortal ante tal macho en frente de mí.
La rutina de mis mañanas se altera un poco al no encontrar a Neo, el cual estaba dormido arriba del refrigerador, le dejo su comida como siempre, parece estar enfermo o fatigado, veré eso cuando regrese, entre la masturbada en la ducha y la búsqueda del gato me he retrasado.
Al llegar a la oficina veo que Erick está afuera, parece un poco molesto, saco mi celular el cual había dejado en silencio desde que me interrumpió el sueño y puedo ver varias llamadas perdidas de él.
─Buen día Nicolette, veo que has llegado tarde.
─Si, así es tuve un atraso con mi vehículo, pero resolví y acá estoy que es lo importante ─obvio no le iba a decir que me dilate porque masturbe recordando un sueño húmedo con él y que luego mi gato estaba desaparecido.
Veo en su rostro que está molesto y no creo que solo sea por mi llegada tarde, eso no le afecta, no soy personal de su piso.
─Lástima, no soy tu jefe directo en esta área, si no te haría llegar a mi oficina para tu debida sanción.
─¿Bromea, Licenciado Hamilton? Y aunque fuese mi jefe no me pasaría nada, porque mi justificación es válida, ya que está tan interesado por mi puntualidad en el trabajo debo decirle que mi jefe inmediato recibió mí justificación, así que disculpe debo iniciar labores.
Me toma del antebrazo, su agarre es algo fuerte, lo veo directo a los ojos, aún sigue molesto, algo más sucede, lo sé, lo siento.
─Nicolette, deja las formalidades, ya te he dicho que me llames por mi nombre, así como yo hago contigo.
─Lo siento Licenciado, pero eso es una actitud que ha sido decisión de usted, por mi parte prefiero seguir así ─retiro su mano de mi brazo, sin apartarle la mirada, más que excitándome me está molestando.
─Quieres decir, que soy un atrevido, por llamarte por tu nombre sin pedir permiso.
─No, no lo eres, ni me molesta que me llames por mi nombre, solo que yo quiero tratarte así.
Entro a la oficina, él se queda en la puerta viéndome, puedo ver de reojo que ve directo a mi trasero por lo que no volteo a verlo directamente para no espantarlo, eso me gusta que vea, que me desee.
─Nicolette, ¿puedo entrar?
─Si claro, casi estas adentro ─cierra la puerta, pero no completamente por el problema que todavía no arreglan.
─Lo siento, por recibirte así, pensé que te había sucedido algo, además no contestabas el celular.
─No me di cuenta de ninguna llamada, venía concentrada manejando, además que no me di cuenta cuando activé el modo silencio.
─Comprendo, lamento haberte tratado así ─se despide de mí con un beso en la frente, aun así, después de su disculpa puedo ver que sigue molesto y sé que no es solo por mí.
─Espera, ¿sucede algo más?
─En otro momento será, no quiero interrumpir la reunión con tu nuevo jefe ─se retira cerrando la puerta con algo de fuerza, casi sin esfuerzo como si no estuviese dañada, sí que tiene fuerza.
¿Reunión con mi nuevo jefe?, Henry no me ha dicho nada de renunciar, en menos de un mes dos jefes han renunciado, algo ha sucedido que me tiene inquieta, buscaré a Anna ella debe saber algo.
Antes de abrir la puerta para salir, alguien empuja abriéndola con dificultad, es Manuel, definitivamente no tiene la fuerza de Erick.
─Hola amor, lista para la reunión, será breve no te preocupes.
─Primero que todo deja de decirme amor, segundo ¿Cuál reunión?
─¿No revisaste tu correo?
─No, tengo problemas con el celular ─respuesta corta para justificar que no se me ocurrió revisar ningún correo.
─Te lo resumiré, Henry renuncio de manera inmediata el día ayer unos minutos antes de la hora de salida, por eso es que solo los jefes nos dimos cuenta, ya que teníamos una reunión casi de emergencia a esas horas.
─¿Por qué renunció?
─Al parecer asuntos personales, solo la junta directiva sabe los detalles, pero lo importante no es eso.
─¿Qué otra cosa puede ser importante?
Manuel abre la puerta en su totalidad, para meter unas cajas que había dejado afuera llena de papeles.
─¿Qué son todos estos documentos?
─Amor son unas pólizas que tenemos que. . .
─¿Qué te he dicho de decirme amor?
─Lo siento Nicolette ─se acerca y me toma de la cintura, trata de besarme la boca, pero giro rápido la cara para ofrecerle mi mejilla.
─Suéltame Manuel y explícame que son estos documentos y a que te refieres con que hay algo más importante que la renuncia de Henry.
─No seas tan fría, llámame, después del trabajo podemos ir a tomar algo, luego nos vamos a un lugar para relajarnos, liberar estrés.
─Responde Manuel.
─Está bien Nicolette, solo es que mientras encuentran el remplazo de Henry yo asumiré también su área, ósea que seré tu jefe por un tiempo.
─¿Qué? ¿Es broma?
─No bromeo, no te parece genial, podemos pasar más tiempo juntos sin levantar sospechas, ni chismes.
─Lo dices como si no lo hayas hecho ya.
─Puedes confiar en mí, te doy mi palabra.
─Retomemos lo importante Manuel, pero estarás manejando ambas áreas, crees que puedas hacerlo.
─Claro que sí, la junta directiva y los demás jefes de áreas confían en mí, bueno casi todos, al parecer el nuevo cree que puede opinar en decisiones como esta.
─Te refieres al licenciado Hamilton.
─Si, no creas que no me he dado cuenta de que han almorzado juntos, creo que tendré que marcar terreno.
─¿Marcar terreno? Creo que estás muy equivocado Manuel.
─Tranquila Nicolette, no discutamos, tienes mucho trabajo. Sabes una de las razones por las que confiaron en mi es porque saben que tú eres la mejor de esta área, creo que te podrían promover la jefatura, pero para mientras eso sucede necesito que ordenes, clasifiques y apruebes estas pólizas antes de la reunión que tengo por la tarde ─se retira, pero antes que cierra la puerta, lo detengo.
─Espera, ¿has tenido alguna conversación con el Licenciado Hamilton?
─No, solo ciertas palabras cordiales y en las reuniones administrativas uno que otro cruce de opinión, ¿por qué lo preguntas?, No me digas que tú…
─Solo fue una pregunta, te aviso cuando termine con esto que me has dejado “jefe”.
Cierro la puerta, y comienzo a revisar, tengo que saber que está sucediendo, mi instinto pocas veces se equivoca, así que le diré a Anna que venga, tal vez ella sabe algo.
Tocan a la puerta, es Anna, no hubo necesidad de llamarla, le noto preocupada.
─¿Anna que sucede?
─Nicolette, espere a que Manuel se fuera para decirte lo que sucedió hoy temprano.
─Respira profundo y cuenta.
─En el cafetín, Manuel no se percató de mi presencia por un pilar que me tapaba un poco, pero estaba lo suficientemente cerca como para escuchar y ver lo que sucedía.
─¿Qué escuchaste? ¿Qué viste?
─Manuel conversaba con Luis y Joseph, el tema de conversación eras tú, ya te puedes imaginar, presumiendo su aventura ─hace una pausa para limpiar sus lentes, que se han empañado.
─Aja Anna, sigue ─la verdad no me sorprende, es de esperarse de un tipo así.
─En un momento llegó el Licenciado Hamilton, pide permiso para sentarse con ellos ya que no había lugar en el cafetín. A pesar de que él se había sentado, ellos siguieron con el mismo tema, pero sin mencionar nombre, ya te puedes imaginar las obscenidades que hablaban los tres, el solo escuchaba sin interés, esa fue mi percepción desde donde yo estaba, Manuel se levanta para ir por más café, quedando solo los tres.
─Anna termina no te detengas, sabes que odio eso ─ya veo toda esa escena
─Él se mostró indiferente hasta que Luis mencionó tu nombre dijo algo como: “Nicolette es toda una mujerona, envidio a Manuel, lástima no soy su jefe directo, pero ahora que él lo será no la dejará descansar”.
Después de eso, pidió permiso y se retiró, por su rostro y manera de caminar vi que estaba molesto, lo seguí hasta acá, se quedó frente de tu oficina, esperándote, te llamé y envié mensajes para advertirte, pero no respondías.
─Gracias Anna, que suerte que estabas en el lugar y momento perfecto.
─Si, solo te quería contar esto Nicolette, tengo que regresar con estos papeles donde Licenciado Hamilton, ya estás enterada para que pongas en su lugar a Manuel y demás.
─Calma yo sé cómo tratar tipos así, estas cosas hay que saber manejarlas, así que no te preocupes.
Ya solo comienzo a trabajar y a pensar cómo hacer para que sea Erick quien me toque el tema, a como dicen es mejor agarrar al toro por los cuernos. Casi es el medio día, y recibo una llamada, es Erick.
─Dígame Licenciado Hamilton.
─No podré almorzar con usted Licenciada Fortier, tengo que preparar la presentación para la reunión de hoy, pero me gustaría que venga a mi oficina a dejarme los documentos que hemos estado revisando me serán de mucha ayuda.
─Está bien Licenciado así será ─me da risa su tono de voz se escucha molesto, llamo a Anna para confirmar lo que él me dice. Al parecer estaremos solos en el área, todos se han ido a almorzar y ya que él es un obsesivo se ha quedado trabajando o sea estaremos solos, perfecto.
Me suelto el cabello, desabotono un botón de la camisa, doblando un poco la falta para que se vea más corta.
Antes de entrar a su oficina confirmo que estamos solos, toco la puerta y entro, él está en su escritorio, al verme cierra su computadora, se levanta para recibirme los documentos, no entiendo porque cerro de esa forma la computadora, pero no reparo en eso.
─Gracias por traerlos, no le atraso más licenciada Fortier, la deben de estar esperando para almorzar, tal vez su nuevo jefe.
─Nadie me espera para almorzar, nunca, a menos que sea tu secretaria, mi amiga Anna.
Se da la vuelta algo molesto para sentarse otra vez, lo evito tomándole de la mano, me queda viendo directo a los ojos, siento que en su mano no trae el anillo en el dedo anular, eso me hace dudar un momento, bajo la mirada para confirmar y en ese momento me toma de la cintura acercándome a su cuerpo, como en el sueño, me susurra al oído:
─¡Te deseo y te quiero solo para mí!
Siento en su tono de voz, la fuerza del deseo por mi carne empieza el calor dentro de mí a crecer, lo tomo de la cabeza respondiéndole al oído:
─¡Serás mío!
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LUJURIA - SIETE PECADOS EPÍLOGO
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LUJURIA - SIETE PECADOS CAPÍTULO XLII: LIBERTAD
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LUJURIA - SIETE PECADOS CAPÍTULO XLI: UNA OFERTA DIFICIL DE RECHAZAR
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LUJURIA - SIETE PECADOS CAPÍTULO XL: REDENCIÓN
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