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IRINA
Penulis: Cassandra Hart Cassandra Hart Two Cassandra Hart Three Cassandra Hart FourDespués de que se marchara Antón me dejé caer en el suelo. Mi cuerpo sentía muchas cosas y no entendía. Me habían llamado la atención algunos hombres a lo largo de mi vida—seguía siendo virgen pero no por falta de ganas— sino porque leyendo la mente de todos, nunca lograba poder disfrutar.
Sin embargo ningún hombre había logrado hacerme sentir tan caliente y necesitada. El orgasmo que me hizo sentir… debía botar mis juguetes.Y eso que hizo de ayudarme a dormir, fue tierno y agradable. Me gustaba Antón. Claro que había cosas que me tenían asustada, una de ellas era que tanto Zacharias como Vince empezarían a sospechar de mí porque el Príncipe Antón nunca llegó a ser emboscado. Y si el ángel me interrogaba me mataría porque lo traicioné.
De pronto Antón estaba en mi mente.
† Hola ratoncilla.
† ¿Alteza?
† Antón, simplemente Antón.
† De acuerdo.
† Siento tu miedo, me recorre entero. No temas que ese idiota no llegará a ti. ¿Qué harás hoy?
† En teoría debo trabajar, salir a hacer algunas compras.
† Ve tranquila. Pronto estaremos juntos.
† ¿Soy una especie de carnada?
† ¿Carnada? Nunca te expondría a esto adrede.
† Lo siento. Es que tengo tanto miedo de salir y que me atrape que quizás pensé que podría estarme usando. No tengo derecho a preguntar.
† Eres mi compañera, ratoncilla. Podría decirte que te sacaré de la calle y te llevaré a mi apartamento, pero me vas a decir que no.
† ¿Cómo lo sabe?
† Mi alma reconoce a la tuya, ratoncilla. Por eso tengo demonios cuidándote las espaldas. No les vas a ver y si les ves pondré a otros.
† Gracias.
† Cuídate pequeña. Estoy a un pensamiento de distancia.
Tras hablar con Antón, salí al supermercado. Sentía las miradas sobre mí, todas de seres sobrenaturales que susurraban.
El Príncipe la salvó
Ella puede vernos
Es solo una humana, una vulgar humana.
Así que regresé a casa llorando sin siquiera empezar mis compras. Antón apareció entonces y me estrechó entre sus brazos mientras daba rienda suelta a mis emociones.
—Ellos pagarán.
—No puede usted ir matando a quienes me traten mal.
—Intuyen que tengo un interés real. Entonces deberían tratarte con respeto.
— ¿Tendré obligaciones protocolarias?
—Ninguna, el reinado del inframundo no es nada como los pomposos reinados de humanos. No hay bailes ni cosas así, solo somos demonios que viven como humanos. Serás quien quieras ser.
—Lamento todo esto.
—Ahora que estás tranquila, te dejaré a solas. Nos vemos pronto.
Analizando los sucesos del día, pensé que era algo increíble tener al Príncipe del Inframundo dejando claro que era su compañera—con todo lo que ello conllevaba—Para sorpresa, para gran gran sorpresa—y de verdad fue algo increíble— llamaron a la puerta de mi apartamento. Al asomarme vi a cerca de 20 demonios, cargando bolsas de supermercado.
† Hummm… ¿Antón?
† ¿Si, ratoncilla?
† Los demonios fuera de mi apartamento, repletos de bolsas de supermercado…
† Los mandé yo. Han llevado de todo lo que encontraron.
† Mi cocina no es tan grande, ¿dónde acomodaré todo eso?
† Lamento que se me fuera la mano.
† Tranquilo, de alguna manera haré que funcione.
† Tengo madera de buen compañero. Te conviene no rechazarme porque puedo proveerte y cuidarte.
Tras hablar con Antón empecé a reír al tiempo que los demonios, colocaban todo en mi casa. Antón apareció algunas horas después, mirando con asombro como las cajas de compras cubrían todo.
—Se me fue la mano.
—Un poco pero gracias, así no tendré que pensar en ir de compras.
Unas horas después apareció en casa un demonio. Sé que además era el hermano de Antón. Porque aunque sus escudos eran fuertes y no escuchaba nada de lo que pensaba, el parecido era impresionante. Cuando me dijo que era un guardaespaldas, casi me reí, pero me interesó saber qué tramaba.
—Así que el Príncipe le ha enviado a cuidarme.
—Correcto. Su alteza—y demonios, como le costó decir aquello, pensé con detenimiento, era definitivamente un hermano— el príncipe Antón…
—No sé cuál de los hermanos es usted, pero definitivamente un guardaespaldas común no es.
—Pillado. Sin embargo cuál de los hermanos soy, ese misterio lo dejaremos para más adelante. Quiero saber lo que sientes por mi hermano.
—Creo que eso se lo puedo decir a él. Sin embargo usa usted un nivel de compulsión que seguramente funcionaría con humanos normales. No sé cuántos hermanos son…
—Somos 4. Antón es el mayor.
—Bien, uno de los hermanos de Antón es el Rey así que asumo alteza, que he de inclinarme ante usted.
— ¿Cómo lo supiste?
—No creo que los otros hermanos se arriesguen a someterme a semejante nivel de compulsión, él único que puede hacerlo es aquel que esté en un rango o estatus superior.
—Eres Irina, una criatura realmente interesante.
—Su hermano me gusta Alteza pero entre los humanos, no es normal esta rapidez de emociones y me siento sucia y barata.
—Ibas a decir como una zorra. Tus emociones y pensamientos me son claros Irina. En nuestro mundo y el cual será tuyo pronto, es normal que si dos compañeros se encuentran sientan emociones bastante a prisa y teniendo en cuenta que somos eternos, es curioso que los humanos cuyas vidas son un parpadeo para nosotros, se tomen tanto tiempo para descubrir sus emociones. Me gustas, Irina y tienes una mente brillante y rápida. Mi hermano no podía pedir una mejor compañera.
—Gracias, Alteza.
—Llámame Lucifer y veme como a un hermano. Me marcho por ahora dulce Irina.
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Antón (saga Principes del Inframundo 1) (saga Principes del Inframundo 1) OMNISCIENTE
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