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Omnisciente
Author: Cassandra HartAntes de aquella mañana, Anna jamás pensó que uno de los más grandes mitos literarios se haría realidad ante sus ojos. Esas criaturas de las películas, las que la aterrorizaron de niña eran reales. Existían, la acechaban, uno de ellos quería mantenerla a salvo, otros matarla.
Para sobrevivir debía adaptarse a su mundo, aprender de sus costumbres y confiar en aquel que quería tenerla a su lado por toda la eternidad.
Alexander le gustaba, a su lado se sentía segura. La acompañó a su propia suite y ahí entre sábanas que guardaban su aroma durmió tan tranquila como cuando su mamá estaba con ella.
Ya había empezado a comprender ciertas cosas, por ejemplo el médico no había sido necesario para mayor cosa porque en medio de su incredulidad, había empezado a sanar. Su loba estaba saliendo y tomando el control de ciertas cosas.
Durante aquella noche las pesadillas sobre recuerdos de su infancia llegaron a ella. Thomas, quien pensó era su padre tenía un rancho. Habían estado ahí muchas veces durante largos periodos. A su madrastra no la llevaba, le decía que eran viajes padre e hija para llevarse mejor pero lo cierto era que en el rancho podía ser él mismo.
No el hombre ecuánime y de negocios que mostraba en la ciudad. Todos la miraban con pena. Sabían que sufría violencia pero nada podían hacer. Cuando en un par de ocasiones dijeron algo ella llegó aún más golpeada, así que guardaron silencio.
Aquel día en específico y en el cual estaba atrapada mientras dormía, Thomas llevaba horas tomando licor y como se le estaba acabando la había enviado al pueblo. Pero en medio de la borrachera no se percató que todo permanecía cerrado pues era un día festivo.
Si duraba mucho tiempo en regresar o llegaba sin nada —cosa que sucedería porque estaba todo cerrado— la golpearía. Intentando tomarse todo de forma calma se dedicó a caminar. A las dos de la tarde era casi un pueblo fantasma. Al llegar sin nada la cosa se puso fea y sentir aquello de nuevo la hizo despertar gritando.
Alexander estaba en la cocina con sus hermanos.
—Seguro lo imaginaste, sé que ella puede ser tu compañera pero ¿una loba y además la princesa Krasnodar? ¿No te habrás golpeado la cabeza?
—Les digo que…
Y cuando el grito de terror de Anna llegó a ellos los tres fueron a revisarla. Anna estaba en el suelo, en aquella habitación a oscuras y los hermanos de Xander observaron con asombro que los ojos de su Luna eran amarillos. Sin poder evitarlo se inclinaron hacia ella.
—Idiotas, enciendan la luz por favor. La loba de Anna ve bien en la oscuridad pero ella no.
Anna temblaba y Alexander sabía que debía calmarse. Un primer cambio estando tan asustada seria doloroso.
—Anna, pequeña escúchame.
Bueno—se dijo cuándo Anna dejó de temblar y se dedicó a mirarlo esperando por sus siguientes palabras— su loba no era dominante. Raro siendo una princesa. Esperó desafíos y no eso. ¿Anna sería igual en la cama?
— ¡No digas eso frente a ellos! Quienes quieran que sean —Anna estaban horrorizada—
—Cariño, si te refieres a lo que me preguntaba sobre tu actitud no dominante, lo pensé no lo dije. Ahora escúchame, tu loba es fuerte y algo quiere hacerla salir.
—Mis pesadillas, mi padre golpeándome.
Alexander sabía que tenía que controlar a su lobo, imaginar a su compañera herida estaba volviéndolo loco, pero si cambiaba a loba Anna bien podría asustarse y corrían el riesgo de que su pequeña compañera decidiese esconderse dentro de su loba y no querer salir.
—Son solo sueños. Aquí están mis hermanos, ellos ya te quieren y me ayudarán a mantenerte segura. Debes calmarte para permitir a tu loba que se relaje. Ninguno de nosotros quiere dañarla. Sus nombres son Luca y Alec.
Anna los miraba con curiosidad, entonces el amarillo abandonó sus ojos y se desplomó en brazos de su Alfa. La dejaron descansar y regresaron a la cocina.
—Su loba ya se dejó ver, mi lobo me informará si Anna empieza a despertar.
—Una loba. Hace demasiados años de eso. Ella es especial y nos será de apoyo. Nuestra manada se encuentra débil.
—Ella lo sabe y ha accedido a ir con nosotros. Primero quisiera ir a casa de su supuesto padre a traer todas sus cosas, todos los recuerdos de su madre. Pero los necesito a ambos conmigo.
— ¿Esperas problemas?
—Si. Y ahora que mi lobo sabe que fue agredida, con más razón la vida de ese imbécil pende de un hilo.
—Hay un tema que no hemos tocado. Sabes que siempre se dijo que la Luna debía tener de dos a tres parejas. Incluso siempre nos dijimos que entendíamos que nunca sentiríamos unión a una humana porque debíamos esperar por tu mate para compartirla. Pero ahora que Anna ha llegado, piensas igual o preferirías que no estemos cerca de ella.
—Pensé honestamente en que sería raro querer compartirla. Pero siento que eso crearía un vínculo más fuerte. Intuyo que sufrió mucho, quisiera tomar el tema con calma. Darle tiempo a ver si podemos hablarlo con ella.
Un par de horas después Anna llegó caminando a la cocina. Vestía solo una de las camisas de Alexander, pero le llegaba más debajo de las rodillas. Xander no le sintió llegar, así que su loba supo esconder la esencia de Anna. A eso se había referido su mamá al decir que otros no la detectarían.
Se acurrucó contra él, buscando su calor. Había visto parejas acoplarse hace bastante pero no con esa velocidad, la loba de Ana lo aceptaba por completo.
—Hola cariño, ¿tienes hambre?
—Sí, muero de hambre. No sabía la verdad si venir o no…
—Esta es tu casa también. Puedes ir por ella a tu gusto.
Charlaron de cosas agradables, sin embargo había un tema a tratar.
—Tenemos que ir por tus cosas.
—Lo sé. Tengo miedo.
—Tienes a tres lobos malos dispuestos a matar por ti. Caperucita.
—Muy gracioso. ¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieres.
—Es sobre sexo.
Sus hermanos desaparecieron de forma prudente.
—Nunca he estado con nadie.
—Lo supe…bueno mi lobo lo supo. Tú loba resultó muy comunicativa. Si tienes miedo…
—Miedo no, sé que eres mi otra mitad pero me siento mal. Mi parte consciente me dice que eres mi pareja. Pero mi loba, esa me hace sentir cosas por tus hermanos. No quiero que pienses que soy una cualquiera…
— ¡Anna! Si dices algo así de nuevo te daré unos buenos azotes.
—Entiendo si quieres castigarme, controlaré a la loba. Debo ir al baño….
Alexander tardó unos segundos en comprender cuan mal había malinterpretado sus palabras. Pero encontrar a una loba capaz de esconder su esencia, en una casa de más de 400 metros cuadrados era misión imposible. Luca y Alec se unieron a él.
—Para ser el alfa eres bien idiota.
—Lo sé. No quisiera usar mi dominio sobre ella pero me urge encontrarla.
Cerró los ojos y se conectó con su lobo. Este estaba angustiado, era como si su loba no estuviese cerca.
—Anna cariño, ven aquí.
Poco después, Anna se apareció frente a él y se puso de rodillas. Supieron que esa era la posición para esperar por sus golpes. Luka salió furioso seguido de Alec y Anna se estremeció aún más.
—De pie, Anna.
Y ahí estaba su loba sumisa. No le gustaba descubrir que era sumisa no por naturaleza sino por miedo. Ese hijo de puta la había moldeado para convertirla en una criatura temerosa.
—Anna. Mírame.
Valiente su lobita.
—No quiero que bajes la mirada, somos iguales. ¿Lo entiendes?
—Si.
—Cuándo dije que si decías otra vez algo así, me refería a cualquier alusión a que eras una cualquiera. Y cuando amenacé con darte unos buenos azotes, pensaba en sexo cariño.
Anna abrió los ojos, no había miedo, pero si lo que parecía ser bastante interés.
—En cuanto a mis hermanos, serías mi compañera pero también te vincularías a ellos dos y no tengo problema. En nuestra manada fue siempre normal múltiples compañeros para una loba. Por eso incluso sus lobos no son capaces de vincularse a ninguna otra.
—Si yo hubiese pensado en rechazarlos…
—Les hubieses condenado a la soledad. Eso nos deja la tranquilidad de que si algo pasa con alguno de nosotros, dos más estarían para compartir tu vida. El duelo sería distinto porque aunque sentirías pena, podrías sobrevivir. Las parejas vinculadas solo a uno, con el tiempo están más vulnerables. Más adelante estaremos juntos los tres. Ahora quiero que nos concentremos en recuperar tus cosas y llevarte a terreno seguro.
— ¿Dónde es eso?
—Con nuestra manada.
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