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CAPÍTULO 14
Author: Day TorresApenas sintió el roce de los nudillos en la puerta pidiendo permiso para entrar, pero sabía que aquel olor a flor de noche era el suyo sin
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Los labios de Aitana (4to Libro) EPÍLOGO
— ¡Shshshshshsh!Carlo se llevó un dedo cómplice a los labios para que Aitana dejara de reír mientras entraban por la puerta posterior de la casa y se dirigían a las escaleras que llevaban al segundo piso con el sigilo de dos gatos. Bastantes huellas de
Los labios de Aitana (4to Libro) CAPÍTULO 28
— ¿Cómo lo supiste? — Aitana lo empujó despacio hasta hacerlo caer en el diván que ocupaba el centro de la glorieta del lago, y luego se sentó a horcajadas sobre él, quitándole la venda de los ojos.Carlo parpadeó un momento para adaptarse a la luz y luego miró alrededor, comprendiendo el silencio que antes no lo había hecho sospechar: No había nadie allí, y lo mismo el portal
Los labios de Aitana (4to Libro) CAPÍTULO 27
— ¿Qué esto, un circo? — Carlo enarcó una ceja divertida cuando vio a su familia en aquellas fachas.Le había pedido a Alba que llamara a todos sus hermanos para una reunión oficial, tenía que darle las noticias a su familia: la mujer con la que se había casado hacía siete años no se llamaba Aitana, sino Lianna, y acababa de morir en un accidente; la mujer que habían conocido era su hermana gemela, la verdadera Aitana… y el resto, lo que había llegado a pasar entre ellos, no tenía que ser de dominio público, ya suficiente era con que lo supier
Los labios de Aitana (4to Libro) CAPÍTULO 26
Tenía los ojos muy abiertos y la mirada fija en el suelo, como una niña a la que hubieran atrapado haciendo una travesura. Marco se habría reído de buena gana si la expresión de Aitana hubiera sido menos lamentable, pero parecía que estaba a punto de echarse a llorar de un momento a otro. — ¿Estabas escuchando detrás de la puerta? — la voz de Carlo carecía de acento, de modo que la muchacha no pudo descifrar si estaba enojado, y eso la hacía sentir aun peor.
Los labios de Aitana (4to Libro) CAPÍTULO 25
Aitana se detuvo por algunos minutos antes de pulsar el botón del ascensor que la llevaría al departamento del último piso del hospital. Carlo no había estado con ellos mientras le quitaban la escayola a Stefano, y Aitana sabía que era por ella: estaba evitando verla tanto como pudiera. Después de todo no debía ser fácil para él mirarle a los ojos después de decirle que la amaba, solo para escuchar de sus labios que lo único que ella quería era que se convirtiera en su pasado.
Los labios de Aitana (4to Libro) CAPÍTULO 24
— Chica lista, es hora de levantarse. Aitana recordó toda las veces que su padre la había despertado con esa misma frase, que eran básicamente todos los días importantes de su vida: su primer viaje largo por carretera, su graduación, el día que iba a terminar con su primer novio, su primer trabajo, la inauguración de su empresa. Todos habían sido trascendentales, por alguna razón que desconocía e
Los labios de Aitana (4to Libro) CAPÍTULO 17
— Aitana ¿estás lista?
