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CAPÍTULO 2
Author: Day Torres— ¿Crees que estará bien? — la voz de Alessandro sonaba menos agotada de lo que realmente estaba su cuerpo, pero esa era una característica de los hombres del Imperio: una fortaleza a prueba de desastres.
— Las primeras horas han sido críticas, pero ya está estable. — respondió el doctor poniendo una mano sobre su hombro — Estoy seguro de que hubiera muerto si no la hubieras encontrado cuando lo hiciste.
— Fue Jo—Jo quien la encontró. — contestó el italiano sin separar los ojos de la chica que dormía detrás del cristal de observación.
— Entonces recompensa bien a tu perro, un par de minutos más y todo su sistema habría fallado de manera fatal.
Alessandro suspiró llevándose dos dedos al puente de la nariz, reprimiendo el dolor de cabeza que lo atenazaba. El médico lo obligó a levantar la cabeza y le revisó las pupilas con una pequeña linterna antes de que pudiera impedirlo.
— Di Sávallo, — lo reconvino — necesitas descansar tú también. No aguantarás mucho si continúas sin dormir.
— Jasper, por favor, no voy a desmayarme. Recuerda que estoy acostumbrado a esto.
El doctor lo miró con severidad, era de los pocos que se permitía regañar a aquel Di Sávallo, quizás por superarlo en edad o porque una amistad de muchos años lo unía a su hermano Carlo.
— Puedo darte una larga explicación de por qué necesitas dormir, pero lo haré más rápido: llevas más de cuarenta y ocho horas sin descansar, o apagas tu cerebro voluntariamente o yo lo apagaré por ti… con un sedante, y déjame decirte que cuento con toda la aprobación de tu hermano.
Alessandro puso los ojos en blanco y luego hizo un gesto de aceptación.
— Está bien, es solo que no quería dejarla sola.
Jasper frunció el ceño. Era una completa desconocida, y sin embargo nunca había notado a Alessandro tan alterado como cuando lo había visto llegar en la ambulancia, prendido de la mano de aquella chica como si estuvieran atados por una cadena.
— Hay un sofá en su habitación. — accedió — Puedes quedarte con ella pero solo si me prometes que vas a dormir.
Tomó el siguiente suspiro como un asentimiento y le hizo una señal para que lo siguiera. El cuarto era impersonal, pero al menos estaba pintado de un cálido color crema. Jasper echó las persianas para que nadie pudiera ver el interior y luego acercó el liviano sofá a la cama de la enferma, algo le decía que Alessandro quería estar lo más cerca posible de ella.
— ¿Sabes su nombre? — preguntó como al descuido.
— No. No tengo idea de cómo se llama…
Y sin embargo había algo que lo había impulsado a permanecer a su lado. Alessandro deslizó una mano para atrapar la suya y sintió un escalofrío. Era esbelta y menuda, y cabía perfectamente en sus brazos. Tenía una piel color caramelo que, estaba seguro, no tenía nada que ver con el ataque del sol que probablemente habría sufrido en los últimos días. El cabello, negro y enmarañado por el agua y la sal que llevaban pegados, era tan largo que probablemente rozaría la línea de su trasero.
Se le antojaba una mujer terriblemente bella a pesar del estado en que se encontraba. ¿Era esa la razón por la cualno quería despegarse de su lado? Le vino a la memoria el color de sus ojos, grandes y aterrorizados, mientras le pedía protección. Recordó el gesto y la palabra. ¿Era eso lo que había hecho? ¿Pedir su protección?
— ¿De dónde crees que sea? — Jasper interrumpió sus cavilaciones.
— Sus facciones parecen muy clásicas, puras. Me arriesgaría a decir que probablemente es griega. — murmuró fascinado.
— Puede que tengas razón. ¿No tenía ninguna identificación… nada?
Alessandro negó mecánicamente, la chica solo llevaba un vestido blanco de seda que le llegaba por los tobillos, y debajo absolutamente nada. Parecía como si el mar hubiera echado a la orilla a una de sus ninfas, solo con la tela suficiente para cubrir su pudor.
— ¿Crees que sea una tripulante del Imperial Princess?
— Al principio creí que solo era una chica descuidada que había estado a punto de ahogarse, pero cuando la revisé… — Alessandro sintió que se estremecía y enlazó sus dedos — Enseguida noté los síntomas; la deshidratación, las quemaduras del sol… ha estado mucho tiempo en el agua.
Jasper hizo un gesto meditabundo, hacía años que Alessandro lo conocía y sabía que eso no era un buen presagio.
— Empezamos juntos el curso de rescate y salvamento, y aunque como médico ya tengo formada una opinión, me gustaría saber la tuya. — dijo por fin — Le he hecho una revisión exhaustiva, y casi me atrevería a asegurar que esta mujer ha estado sometida a condiciones extremas por más de dos días.
— Es imposible, significaría que estaba a la deriva mucho antes del naufragio del crucero. No, el Imperial Princess es la única explicación, solo está deshidratada como cualquier otra víctima del naufragio.
— No es solo la deshidratación, las quemaduras en su piel no son leves. Va a estar muy incómoda cuando despierte. — aseveró el médico — Además esta zona está bastante alejada del área del accidente.
Alessandro achicó los ojos. Sí, tenía que haber nadado y nadado con fuerza para evitar las corrientes que la habrían arrastrado fuera del golfo, hacia mares más abiertos.
— Es una chica valiente. — dijo en un susurro, sin darse cuenta de que estaba sonriendo como un idiota…
Pero Jasper sí lo notó, y empujó el sofá detrás de sus rodillas, obligándolo a sentarse.
— Ella va a estar bien. — aseguró dirigiéndose a la puerta — Ella va a estar bien, amigo. Descansa.
Apagó la luz y la habitación quedó sumida en una pacífica semipenumbra.
Alessandro repasó sus rasgos con el dorso de los dedos, como si quisiera reconocer cada centímetro de su rostro, y pensó que aquella mujer podía metamorfosearse en lo que quisiera. Podría ser madura y sofisticada si esa era su intención, pero tenía un aspecto tan joven que también era fácil imaginarla como una universitaria descocada a la que le encantaban las locuras. No lo sabría hasta que despertara: quién era, cómo era. Solo sabía que algo en ella lo impelía a quedarse.
Le acarició la garganta con suavidad, el hombro izquierdo, el brazo… hasta que sus dedos tropezaron con la pulsera de plata. No la había notado antes, era una joya delicada, sutil y de extremo buen gusto.
De la pulsera colgaban hermosas figuras con incrustaciones de pequeñas piedras preciosas: una diminuta locomotora, un avioncito, un caballo, un barco, un automóvil y un medallón en forma de corazón. Era la única pieza que no representaba graciosamente un medio de transporte, y Alessandro se aventuró a abrirla. Sabía que significaba una violación a su privacidad, pero quizás lo ayudara a saber algo sobre ella, quién era, a dónde pertenecía… sin embargo no estaba preparado para las palabras que contenía. La frase, grabada en el interior del corazón, rezaba:
“Para mi hermosa Gaia. Regresa pronto a mí. Con amor, L.V”
Alessandro retrocedió como si hubiera sido alcanzado por un rayo mientras recordaba un pequeño detalle que al parecer había pasado por alto: el Imperial Princess era un crucero para parejas. Pero no solo para parejas comunes, sino para matrimonios.
Aun contra su voluntad escrutó las finas manos en busca de una alianza, pero no la encontró. Quizás hubiera guardado sus anillos de casada en la caja fuerte de su camarote, quizás el sol hubiera borrado la marca de su uso, quizás… pero los quizás no importaban. Llevara o no su alianza, ningún soltero se había subido a aquel crucero y eso significaba que Gaia, aquella mujer por la que se sentía tan responsable sin saber por qué, se había quedado viuda en aquel naufragio, o tenía un esposo buscándola desesperadamente en algún lugar.
Se apartó de ella y se mesó los cabellos con una extraña frustración. Había hecho lo que tenía que hacer, y salvar su vida era lo que lo hacía sentirse responsable, pero nada más… nada más. En cuanto abriera los ojos y supiera que estaba bien, aceptaría su agradecimiento y seguiría con su vida.
— En mejor mantener la distancia. — murmuró recostándose en el sofá y cubriéndose los ojos con un brazo — Está casada, es mejor mantener la distancia.
El sueño le llegó de un solo golpe, y volvió a ver sus ojos, grises y profundos, llamándolo al mar.
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